OpiniónPolítica

La guerra política llegó a las calles, por Edwin Cacho Herrera

Marchistas impulsados por su compromiso democrático y masistas cuidado sus puestos de trabajo chocaron en cárcel donde está la expresidenta Jeanine Áñez

Escucha la noticia

La masiva marcha por la libertad de la expresidenta Jeanine Áñez que llegó este miércoles al penal de Miraflores de La Paz y la aparición de funcionarios púbicos obligados a convertirse en enardecidos integrantes de un grupo de choque del MAS mostraron con crudeza la guerra política desigual que se libra en el país, que parece haber retrocedido a la época del “empate catastrófico”.

Los marchistas se concentraron en las afueras de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y comenzaron la movilización encabezados por la presidenta de la institución Amparo Carvajal y Carolina y Armando Ribera, hijos de la exmandataria. Los masistas, que realizaban sus labores en oficinas públicas de Miraflores, recibieron la instrucción y salieron ocultando cualquier distintivo que los delatara como funcionarios del Estado.

La marcha, nutrida de defensores de los derechos humanos, jóvenes, activistas, cívicos, profesionales y parlamentarios opositores recorrió la extensa avenida del Ejército con banderas bolivianas en mano pidiendo libertad para Áñez y los “presos políticos” del actual gobierno. Los masistas llegaron apresurados a la puerta del penal de Miraflores que ya se encontraba resguardada por un grupo de policías antidisturbios que hicieron de espectadores.

Los masistas se apostaron al lado de los policías y esperaron que la marcha llegue a la cárcel que retiene a la exmandataria por más de cinco meses y ha visto el intento de suicidio ante los atropellos vestidos con mandiles blancos, uniformes policiales, protestas carcelarias y juicios por uno u otro motivo. Los marchistas habían concluido la ruta y no se atemorizaron por la presencia de los iracundos azules escoltados por los verde olivo.

El masismo tuvo el cuidado de que no aparezcan figuras conocidas, como ocurrió el 5 de agosto, cuando impidió de manera violenta la marcha en defensa de la democracia y los grandes protagonistas del ataque fueron, entre otros, el exviceministro Gustavo Torrico y la exparlamentaria Sonia Brito. Pero, con caras conocidas o no, otra vez ocurrieron los enfrentamientos, los golpes, los insultos, las personas heridas y el país partido en dos.

La guerra política ha dejado los curules legislativos, los sets de televisión y las redes sociales. Ahora se libra en las calles, ya es de carácter social, con gente que se moviliza impulsada por su compromiso democrático y gente que defiende al masismo cuidando su puesto de trabajo. Los pedidos de reconciliación y de cese de enfrentamientos entre bolivianos no tienen cabida en tiempos de encrispamiento.

Lo que quedó claro de la marcha por la libertad de Áñez es que está germinando un proceso de acumulación política que, como ha ocurrido en otros momentos históricos del país, debería tender a robustecerse, a buscar un liderazgo nacional y una idea diferente de país. Por lo pronto, tiene en la expresidenta Áñez al motivo ideal para mantener la guerra política en las calles, acumulando energías democráticas y esperando el momento del desenlace. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


Cuentanos si te gustó la nota

50% LikesVS
50% Dislikes

Publicaciones relacionadas