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Pensar está prohibido… y no solo en Bolivia

María José Rodríguez Beller

Consultora internacional en reputación y crisis.

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Las mujeres de Afganistán hoy dan a luz a oscuras, sin mesas de parto, sin médicos y, menos, analgésicos. El hecho más crudo y al que , espero, solo los talibanes califican de “normal”, por lo tanto está “bien”. Y ahí inicia el debate. ¿Qué está bien y mal ahora?  Pareciera que reingresamos en una época de oscurantismo. Las luces de la ciencia  bajan su voltaje ante las creencias. 

La lucha de las “verdades” es el signo de estos tiempos. Sin importar la cantidad de fotos y testimonios sobrecogedores que reflejan un escenario de represión, control y miedo, los seguidores de Daniel Ortega están convencidos de la calidad de la democracia nicaragüense.  Y lo gritan al mundo sin rubor.  El actual re (por cuatro veces consecutivas) electo presidente ha recibido las felicitaciones de líderes de otros países que también muestran y viven una realidad paralela a la que se ve en la televisión internacional. 

Para ellos sí habían opositores políticos en las elecciones de Nicaragua. Dos fotos de un mismo “pasacalles” con distintos rostros de supuestos contendores de la “derecha”, fue prueba suficiente. Y su publicación en twitter le dio legitimidad. Y el hecho de que otros jugadores políticos  de mucho peso y capaces de generar seguidores, estuvieran tras las rejas… es mera casualidad. Una verdad que tapa la otra y ambas se alimentan de forma parecida con fotos, reportajes, testimonios que recorren medios y redes.

Si el tema viene de la derecha o la izquierda parece una discusión secundaria y muy menor. Los testimonios de los perseguidos, por sus ideas, en los regímenes de Franco y Hitler, se diferencian en nimiedades de quienes escaparon de la Stasi en la Alemania Oriental o  de la policía política cubana, multiplicada y alimentada en las últimas seis décadas. El denominador común es el terror, no miedo, terror. Un gran gatillador de las verdades a medias, pos verdades, o mitos compartidos que se convierten en imaginarios colectivos. 

Las palabras son seguidas de acciones, las acciones legitimadas por palabras y juntas van construyendo verdades. Y, así, la verdad se hace arcilla. La narrativa, el relato, forman el pensamiento. Ese entorno verbal se convierte en imágenes mentales y forjan verdades a las que casi no cuestionamos, porque implicaría un cuestionamiento a nosotros mismos.  

Lo explica con base científica el neuropsiquiatra  francés, Boris Cyrulnik  de 84 años en una entrevista en El País (31.10.2021) titulada, sugerentemente, El lenguaje y los relatos totalitarios paran el pensamiento, no necesitas reflexionar. “Hay tres entornos -dice- El primero es el entorno inmediato del bebé: el líquido amniótico, la química. El segundo es el afectivo: la madre, el padre, la familia, el barrio, la escuela. Y el tercero es el entorno verbal: los relatos, los mitos. Y este entorno también participa de la escultura del cerebro”.

Cyrulnik nos regala una luz al final del túnel para las familias latinoamericanas frecuentemente distanciadas por dos visiones del mundo distintas. Que si Venezuela es una dictadura, que si no lo es. Que si fue golpe o fraude. Que si robaron pero hicieron o simplemente son ladrones. En fin… por lo menos tenemos ese consuelo.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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María José Rodríguez Beller

Consultora internacional en reputación y crisis.

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