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Aprendizaje a medias

Marco Antonio Molina Soliz

Especialista en comunicación pública y comunicación política

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Los niños y jóvenes bolivianos retornaron a clases presenciales el 2022, dejando como récord el dato para Bolivia, de colocarse en el segundo lugar mundial de escuelas cerradas por más tiempo en la pandemia solo por detrás de Uganda.

Ahora que estamos a pocos meses de esta nueva normalidad, estamos obligados a analizar de manera científica y sin componentes políticos, el impacto ocasionado en el aprendizaje de nuestras nuevas generaciones para adoptar políticas públicas urgentes, porque las características de las desigualdades históricas en la educación de nuestro país inciden directamente en las brechas preexistentes de oportunidades, afectando a aquellos estudiantes menos favorecidos.Por ejemplo, en Estados Unidos la consultora McKinsey realizó un estudio con más de 1.6 millones de alumnos de escuelas en más de 40 estados arrojando resultados como que los estudiantes estaban diez puntos atrasados en matemáticas y nueve puntos en lectura, en comparación con los resultados del año anterior del mismo grado.

Recordemos la pandemia con los cambios de horario, con nuevos maestros porque muchos no se adaptaron a la virtualidad, con problemas de conexión, con fatiga para profesores, estudiantes y padres de familia por las plataformas Zoom o Google Meet y otros problemas del aprendizaje virtual donde si se encuentra una conexión aceptable a internet, híbrido en algunos lugares y presencial en zonas rurales, que ocasionaron el aprendizaje a medias en muchos estudiantes porque que no tuvieron la oportunidad de completar el proceso que habrían completado en un año normal, lo que sugiere que el año escolar fue terminado por debajo de las expectativas que en cualquier periodo típico.

Esta situación nos denota que aprendieron menos de lo que habrían aprendido en un año sin pandemia, lo que conlleva a un problema muy grave, porque miles de estudiantes pasaron de curso sin estar correctamente preparados y no manejan los temas necesarios para tener éxito en el siguiente año escolar, creando un efecto dominó que puede llevarlos a no acabar el bachillerato u obtener un título universitario. Corren el riesgo de terminar la escuela sin las habilidades, los comportamientos y la mentalidad para tener éxito en la universidad o en la fuerza laboral.

Pero el daño, trasciende lo netamente escolar, porque más allá de vivir casi dos años de aprendizaje durante la pandemia con restricciones de presencialidad, muchos estudiantes perdieron familiares o personas cercanas, vieron a sus padres, parientes y amigos perder sus trabajos y experimentaron aislamiento social.
En este variable, la consultora Mckinsey encuestó a 16,370 madres, padres y cuidadores en todo Estados Unidos para conocer cómo el Coronavirus ha afectado a los estudiantes más allá del aprendizaje. En total, aproximadamente el 80% tiene algún nivel de preocupación por la salud mental o el desarrollo social y emocional de sus hijos desde que comenzó la pandemia.

En cuanto a asistir a la universidad, según la encuesta, el 17 % de los entrevistados en su último año de preparatoria respondieron que tenían planeado continuar su educación, pero abandonaron ese sueño con la llegada del COVID-19, la mayoría porque veían más importante unirse a la fuerza laboral o porque los costos de las universidades son demasiado altos.

Aunque aún no se puede conocer cuáles serán todas las consecuencias de la pandemia, según McKinsey, una de las áreas más afectadas es la salud mental. En su análisis, encontraron que el 35 % de las familias están muy preocupadas o extremadamente preocupadas por la salud mental de sus hijos, lo que amenaza sus oportunidades hasta la edad adulta. Esto podría causar un efecto negativo que puede minar sus posibilidades de asistir a la universidad y, en el peor de los casos, un trabajo donde se sientan realizados.

Los efectos del Covid-19 con el aprendizaje a medias, la deserción y la salud mental pueden afectar a largo plazo a toda una generación de estudiantes en el país. Para abordar esta situación, urgen estudios serios y sin contaminación política, que nos den un diagnóstico serio para buscar soluciones urgentes y en el corto plazo desde los tres niveles del Estado y la sociedad.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco Antonio Molina Soliz

Especialista en comunicación pública y comunicación política

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