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Pablo Mendieta y Rubén Aguilar investigaron el “capital constructivo”, inversión extranjera que deja beneficios en Bolivia

Pablo Mendieta y Rubén Aguilar hablaron sobre la investigación “El capital constructivo, la inversión extranjera en Bolivia”, la contribución que trae la inversión extranjera en el desarrollo del país, el caso de la agroindustria y la agenda de políticas públicas necesarias para atraer nuevas inversiones hacia Bolivia.

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Mendieta dirige el Centro Boliviano de Economía (CEBEC), think tank dedicado a políticas públicas del sector privado. Aguilar tiene una maestría en economía y es asesor de varios bancos internacionales. Son dos de los coautores de la mencionada publicación, editada por Plural.

Mendieta recordó que anteriormente se presentó otra investigación sobre el “capital corrosivo”, aquel que “no necesariamente aporta al país, sino que busca oportunidades rentistas, a diferencia del capital constructivo, donde vemos características que hacen que una inversión sea favorable al país en transferencia tecnológica, gobernanza y muchas otras cosas”.

Añadió que en el estudio se abarcaron áreas como la agroindustria, la minería y las telecomunicaciones, entre otras, con casos como los de Paitití, San Cristóbal, Tigo, Unilever y CBN.

Aguilar dijo que existen al menos 8 formas de recibir recursos del resto del mundo: “Una de ellas es la inversión directa, que puede ser por aportes nuevos de capital, deuda intrafirma con la casa matriz o reinversión de utilidades. Del año 2000 al 2020 hay un flujo al país de 20.500 millones de dólares en inversión directa, pero también hay repatriación de capitales, con lo que quedan 10.500 millones de dólares. 3.100 millones en la industria manufacturera. Tuvimos reuniones con empresas que han tenido éxito en inversión directa, como el caso de SAO, que en la década de los 70 atrae capitales de EEUU, logra la fusión ADM-SAO y en el 2008 la fusión con Alicorp, con capitales del Perú. También vimos la experiencia de Gravetal, con flujos de inversión principalmente de Colombia”.

“El capítulo de la industria toma dos casos, CBN y Unilever. También vimos que la agroindustria ha aportado mucho en divisas por las exportaciones. Hemos estudiado lo que está detrás de la cadena. La idea de impulsar al sector oleaginoso fue inicialmente de expertos locales y luego fue promovida por el Banco Mundial. Es la importancia de recoger el know how interno”, remarcó Mendieta.

Por su parte, Aguilar destacó varios beneficios del capital constructivo: “primero, cuando moviliza recursos desde su país de origen sigue buenas prácticas en Compliance y los ejecutivos llegan con eso a la economía nacional. Segundo, el know how. Los ejecutivos bolivianos que han formado parte de eso, cuando son exportadores adecúan sus criterios corporativos a ese chip. Tercero, el fondeo de firmas. Las empresas o ejecutivos que formaron parte de estos grupos lograron estructurar productos financieros que se emitieron al mercado bursátil. Cuarto, el impacto en el desarrollo regional. Por ejemplo, con Gravetal a inicios de los 90 hay una mejora en la región donde opera, en vivienda, agua potable y empleo”.

Sobre las barreras e incentivos para que las empresas puedan fortalecer la capacidad de crecimiento, Pablo Mendieta dijo que las empresas extranjeras ven sobre todo el capital humano, la administración tributaria y aspectos burocráticos. Resaltó la importancia de la seguridad jurídica, la infraestructura y, en el caso de la agroindustria, la “mirada hacia la internacionalización”. Señaló que este último sector necesita “la creación de instrumentos financieros, biotecnología, riego de precisión y un nuevo Plan de Uso del Suelo”.

Rubén Aguilar coincidió en la necesidad de evitar cargas tributarias excesivas, respetar las reglas de juego y un marco jurídico estable, agregando el “garantizarle a las empresas extranjeras el derecho al retorno de capital al resto del mundo”.


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