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Año nuevo, ¿algo nuevo?

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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En estos días formulamos resoluciones de año nuevo o metas que deseamos cumplir como aprender un idioma, adquirir una nueva habilidad, mejorar el estado físico, etc. Algunos estudios encuentran que su cumplimiento es bajo, por lo cual se repitan año tras año y no pasan de ser buenas intenciones.

Revisando los planes de desarrollo de los últimos 80 años, encontré lo propio en nuestras estrategias: buenos y recurrentes deseos, pero resultados inciertos.

El “Plan Bohan” de 1942 se concentró en la baja articulación regional y la alta dependencia de exportaciones de materias primas. SI bien la primera es menos pronunciada, la alta concentración en pocos productos continúa afectándonos.

Posteriormente, el “Plan inmediato” de 1955 se basó en tres ejes que fueron replanteados al presente:  diversificación, sustitución de importaciones y ampliación del mercado interno. A su vez, el “Plan decenal de 1961”, añadió el objetivo de reducir la pobreza, presente desde entonces.

Después, la “Estrategia de desarrollo” de 1971 se concentró en cambiar la economía “primaria, desequilibrada y desarticulada y desarrollada en forma dependiente, excluyente e inestable.” Varias de esas características todavía nos persiguen.

Otro plan para entender el momento actual es el “Quinquenal” de 1975, que planteaba la promoción de las exportaciones primarias liderizadas con inversión estatal. Este último elemento es básicamente similar al de los tres últimos planes.

No mencionaré el “Plan de rehabilitación y desarrollo” de 1984 porque se diseñó en medio de la peor crisis económica nacional y no se ejecutó, aunque debo señalar que privilegiaba la planificación sobre el mercado, algo que también ocurre hoy.

Luego de la reforma iniciada con el Decreto Supremo 21060 de 1985, la “Estrategia de desarrollo económico y social 1988” apuntó a la “valoración plena de los recursos humanos y naturales, para alcanzar una sociedad menos pobre y a la vez menos desigual.” A diferencia de las anteriores a esa y las actuales, se centraba en un enfoque de economía de mercado.

Lo propio sucedió con la “Estrategia nacional de desarrollo 1992”, que priorizó el libre mercado, pero reconociendo su carácter imperfecto, para lo cual creó los sistemas de regulación. De igual forma, el plan “Cambio para todos” de 1994 tenía similar tónica, pero añadió un componente que hoy es consensuada internacionalmente: la sostenibilidad ambiental.

Frente a una sensación de agotamiento del modelo de economía de mercado, el plan de 1997 y la posterior “Estrategia de reducción de la pobreza” de 2001, hicieron énfasis en la disminución la pobreza, así como la “generación de empleo estable en cantidad y calidad, distribución equitativa de la riqueza, concertación social, erradicación del narcotráfico, seguridad ciudadana y administración pública al servicio del ciudadano.” Varios de estos objetivos siguen como premisa desde entonces.

Desde 2006 ha existido un cambio de enfoque en la planificación. Esta fue iniciada con el plan de 2007 “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien”, un documento subjetivo, pero con elementos como el reconocimiento de la pluriculturalidad, el retorno del Estado frente al mercado y la nacionalización de los sectores estratégicos.

Luego de esa visión subjetiva, el plan de 2016 se articuló sobre la base de la Agenda del Bicentenario 2025 y el trabajo técnico asociado: muchas metas concentradas en ejes que engloban lo descrito previamente con una fuerte orientación estatal.

Y el plan 2021 es en esencia el de 1955, aunque con algunos elementos posteriores que van desde la pluriculturalidad, sostenibilidad y lucha contra la desigualdad. Desafortunadamente no existe evidencia que los medios planteados sean efectivos.

En resumen, han sido un conjunto repetido de buenas intenciones, pero con resultados limitados.

Para cumplir las resoluciones personales de año nuevo se aconseja cambiar las estrategias. Algo similar requieren los planes de desarrollo para alcanzar resultados.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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