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La falsa igualdad

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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“Argentina optó por la derecha”, “Brasil cambiaría de rumbo”, “Chile viró a la izquierda”, son algunas frases usadas para referirse a los resultados de elecciones. 

Aunque informativas y breves, tienen el problema de que suponen que los países o regiones son como organismos vivos, que en las ciencias sociales se conoce como “organicismo”.

Algo similar ocurre con el concepto de “pueblo”. Políticos, analistas, comunicadores, dirigentes sociales hablan en nombre de un ente etéreo denominado: “El pueblo quiere…”, “el pueblo dijo…”, etc.

Bajo esta mirada, se supone erróneamente que todos los integrantes de un grupo, región o país piensan lo mismo, hablan igual y actúan de la misma forma.

Este simple detalle hace que nuestros análisis sean erróneos y varias veces sesgados. “No entiendo cómo un país/región/ciudad pudo hacer esto…” es una frase que carece de sentido porque supone una falsa igualdad. Se debe tomar en cuenta la diversidad y heterogeneidad que existen en los diferentes grupos sociales.

Una vez reconocida esa diferencia, corresponde ver y analizar cómo se toman decisiones colectivas. El método más conocido es la votación mediante mecanismos democráticos en los cuales usualmente cada persona tiene un voto.

El resultado de una elección ya sea por mayoría simple (50% mas uno) o una mayoría calificada (como los dos tercios), simplemente indica cómo se elige la opción dominante en ese grupo social.

En las elecciones usamos la premisa de una sola opción por persona. Existen otras opciones que son mejores, pero más difíciles de implementar. Por ejemplo, la de pluralidad pide que cada persona ordene sus preferencias de menor a mayor, para que sea elegido el de menor puntuación.

O el de “votación por puntos”, donde a una persona le dan un número igual de puntos y debe asignarlos según mejor le parezca. Por ejemplo, si se asignan 100 puntos podría dar 50 a su preferido, 35 a su segunda opción y 15 a la tercera. Se suman los puntos y el de mayor puntaje es elegido.

Con los dos elementos previos, heterogeneidad y regla de elección, corresponde añadir las elecciones individuales, que dependerán de las preferencias y restricciones de cada persona. Para explicar estos tres elementos, usaré simplemente como ejemplo la reciente elección en Chile.

Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el país vecino es uno de los más desiguales de los países de la OCDE. En sencillo: aunque en promedio el ingreso anual por persona en Chile es el triple que el de Bolivia, existen chilenos con ingresos bajos. De hecho, el ingreso del 20% más rico es 10 veces el del 20% más pobre mientras que en la OCDE es en promedio 5.

La regla de elección es mayoría simple y el voto es voluntario. En ese contexto, 4,7 millones votaron por Gabriel Boric y 3,6 por su contendor, con más de 8 millones de electores que votaron de un total de 15 millones de inscritos y 19 millones de habitantes.

¿Todo Chile optó por Boric? Falso según los datos expuestos. Entonces, ¿Boric no tiene legitimidad? También falso porque la regla de elección en el país vecino indica que el 55% de preferencias explícitas lo habilita para presidente. ¿Por qué votaron así en Chile? Esa respuesta corresponde a los cientistas políticos.

Mi interés como economista es mostrar que las decisiones colectivas implican otro razonamiento y deben ser analizadas con diferente enfoque. De hecho, el premio Nobel 1972 de economía Kenneth Arrow es famoso porque demostró que ninguna regla de votación es ideal para captar las preferencias individuales.

Y los elementos anteriores también son útiles para recordar que (casi todas) las medidas de política económica tienen ganadores y perdedores; y, deben ser diseñadas de tal forma que sean aceptables (no tengan oposición masiva) y también sostenibles (no se reviertan), para lo cual se implementan, por ejemplo, medidas compensatorias. 

A esta rama fascinante de la ciencia económica se conoce como economía política, que fue el nombre original de mi profesión hace más de dos siglos.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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