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La política monetaria en tiempos de pandemia

Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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La pandemia del coronavirus ha ocasionado y sigue ocasionando costos gigantescos, tanto para las familias como para los gobiernos. Se ha estado  frente a una situación de fuerte aumento de los gastos del gobierno para atender la emergencia sanitaria y de menores recaudaciones impositivas debido a la caída de la actividad económica interna y, en un primer momento, al desplome  de los precios de los commodities. El FMI estima que el déficit fiscal del año 2020 fue de  12.7% del PIB y proyecta para este año un déficit de 9.7% del PIB.

La pandemia afectó a las cuentas fiscales de casi todos los países del mundo, sean industrializados o no. En los países industrializados la política monetaria ha acompañado a la política fiscal expansiva con su instrumento preferido que es el de la rebaja de las tasas de interés, que llegaron casi a 0%, y también con medidas no convencionales de aflojamiento cuantitativo de los agregados monetarios (“monetary easing” en inglés). La caída de las tasas de interés de los bancos centrales y, sobre todo, las medidas de aflojamiento monetario produjeron una gran expansión de la liquidez, que se la consideró necesaria para mantener el nivel de actividad económica y para la recuperación de la economía. Las tasas de interés de mercado bajaron por los suelos. Por un tiempo, los bancos más grandes se negaban a recibir depósitos. 

Una política monetaria expansiva ayudó al  esfuerzo fiscal boliviano para contener la pandemia y sus secuelas. Es así que el crédito del BCB al SPNF aumentó fuertemente el 2020, llegando a 9.5% del PIB. La política monetaria se subordinó a la política fiscal. El señoreaje, es decir el  financiamiento del banco central al gobierno ensanchó transitoriamente el espacio fiscal. Transitoriamente  porque tiene límites estrechos  para moverse, debido a nuestro sistema de tipo de cambio fijo y a la fragilidad de nuestras reservas internacionales. Expansiones excesivas del crédito interno del BCB podían  causar corridas hacia el dólar, con el público deshaciéndose de su moneda nacional. Este peligro quedó empero atenuado porque la gran liquidez en los países industrializados desalentó las salidas de capital hacia ellos. 

La  expansión del crédito interno no se tradujo en mayor inflación. Es una de las maravillas de nuestro tipo de cambio fijo: al entrar nuestros socios comerciales en recesión, por la pandemia y porque sus monedas se despreciaron, Bolivia podía importar más barato, lo que contenía cualquier presión inflacionaria de los transables pero a costa de las reservas internacionales. Por otra parte, se contaba con una amplia capacidad instalada para la producción de no transables. 

El BCB, en el gobierno de la presidente Añez, tomó varias medidas de incremento de la liquidez para preservar la estabilidad financiera. La más importante fue la de comprar a las AFPs, Bonos del Tesoro, para que ellas depositen esos fondos en el  sistema bancario. 

Hay el temor en los países industrializados, especialmente en los Estados Unidos, de que se esté llegando al final de la fiesta de liquidez porque ha reaparecido el espectro de la inflación. Por el momento se piensa que ella es un fenómeno transitorio pero si persistiera o aumentara, los bancos centrales no pueden quedarse con las manos cruzadas y tendrán que apretar su política monetaria, lo que hará subir las tasas de interés. Se espera empero que el apretón no sea demasiado brusco. No se pueden subestimar los derrames que tiene para todo el mundo la política monetaria de Estados Unidos. 

Bolivia tiene que estar preparada para la contingencia de que la situación monetaria internacional cambie, en especial para una subida de las tasas de interés americanas. Con tasa de cambio fija no hay mucho espacio para una política monetaria expansiva. El poco espacio tiene que estar bien utilizado, por ejemplo dejando de financiar a empresas públicas poco rentables. La carga del esfuerzo empero estará en la política fiscal porque el  tipo de cambio fijo amarra las manos de los hacedores de política monetaria. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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