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La primitiva sustitución de importaciones

Adolfo Urquizo

Arquitecto / Leadership Associate en Students for Liberty

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Uno de los pilares discursivos de la gestión actual de gobierno es su famosa idea de prohibir el ingreso de productos más baratos del extranjero para producirlos localmente, supuestamente, generando empleos dentro del territorio boliviano. No sólo se intenta revivir una ‘lógica’ económica que fracasó terriblemente en toda Latinoamérica, sino que además de no tener el impacto deseado, terminará haciendo a los pobres más pobres, y a los ricos socios del gobierno, más ricos. 

Uno de los principales elementos que condenan a priori esta estrategia de industrialización es que necesita de un mercado altamente cerrado al exterior y con fuerte intervención estatal para impulsar áreas que no son naturalmente abarcadas por empresarios y emprendedores locales, al obviamente no tener una viabilidad económica. Básicamente, aislando impositivamente a la sociedad del resto del mundo, lo que naturalmente es insostenible en el mediano plazo e inviabiliza cualquier idea de integración comercial en el largo plazo.

La industria moderna no se instala por decreto, requiere altísimos niveles de especialización, no sólo en tecnología e investigación para desarrollar sus procesos, sino para su mantenimiento en el día a día, el know how. Elaborar un producto no sólo requiere una fábrica física, necesita un complejo medio ambiente de especialistas disponibles para mantenerla en marcha de forma eficiente, desde técnicos y gerentes internos hasta auditores y proveedores externos, con conocimiento del ciclo de vida del producto para la viabilidad de la empresa. Estos recursos humanos no aparecen con el deseo de un político, ni con las buenas intenciones de un empresario, se forman y llegan a través de los años y según los requerimientos reales del mercado. Cuando no se permite este surgimiento natural de especialistas se termina con a) Malos profesionales a cargo de empresas ineficientes o b) Buenos profesionales sin fuentes de trabajo que justifiquen su formación. Ambos comunes en sociedades con economías altamente intervenidas. 

No solamente esta visión intenta aplicar nuevamente ideas fallidas, también se olvida del avance económico y tecnológico que se ha dado en los lugares donde sí se permitió al comercio desarrollarse. La industria que se pretende ‘’sustituir’’ localmente ha perdido su relevancia como motor económico en países desarrollados, la localización de las mismas incluso pasa a segundo plano en un contexto en el que la riqueza se genera en una economía del conocimiento y la creatividad. En la que el software, los servicios y el entretenimiento mueven billones de dólares y pueden servir a todo el mundo desde cualquier lugar. Y claro, este nuevo paradigma tiene como requisito un ecosistema de alta libertad económica, donde los individuos no encuentren barreras y regulaciones que detengan la chispa de la innovación.

Tampoco debemos olvidar que la división del trabajo y la cooperación voluntaria son el núcleo del progreso económico, técnico y científico de la sociedad. La especialización es la principal característica de este progreso y es lo que nos permite contar con productos y servicios siempre más baratos, con profesionales que innovan permanentemente y avanzan cada vez más en áreas de conocimiento. Es también lo que nos permite enfocarnos en las áreas para las que tenemos más aptitudes, no sólo como individuos, también como países, departamentos y regiones. El pretender sustituir productos del exterior para crecer económicamente es comparable a un profesional intentando hacerse rico mientras fabrica sus zapatos y cultiva su comida al mismo tiempo. No sólo desperdicia el tiempo que puede dedicar a tareas más productivas, sino también desperdicia su vocación y deja de lado aquello en lo que brinda mayor valor a la sociedad. 

Las diferencias naturales entre individuos, pueblos y naciones por igual nos hacen más hábiles para unas cosas que para otras, así como también ponen diferentes recursos a nuestra disposición. Las personas y los países que se dan cuenta de ello triunfan especializándose en aquello para lo que son mejores o para lo que su posición estratégica les da una ventaja, y afortunadamente, en el comercio libre, la ventaja de uno es un beneficio para todos, ya que podremos acceder a mejores servicios por menor precio. El discurso de la sustitución de importaciones puede resultar útil en una sociedad primitiva, donde sólo nos preocupamos por sembrar un par de cosas y tener algo de ropa, sin embargo, en la actualidad esta idea es sólo viable si estamos dispuestos a ser todos más pobres. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Adolfo Urquizo

Arquitecto / Leadership Associate en Students for Liberty

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