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Las criptomonedas: posmodernidad de las finanzas y el Estado

Las criptomonedas ponen en jaque al sistema tradicional bancario y su respaldo en el poder central, por lo que han sido calificadas de muy diversas maneras: desde “libertarias”, hasta anarcocapitalistas, o minarquistas

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Por Raul Tortolero1

El gobierno nacional —y en especial el Banco Central— es a la moneda lo que “La Razón” ha sido para la filosofía de la modernidad.

Hoy, en la posmodernidad, las criptomonedas han mostrado cierta efectividad en la deconstrucción de las economías centralizadas.

De fondo, lo que hay es la disputa entre dos sistemas de pensamiento, con sus extensiones económicas y financieras.

Por un lado tenemos la economía nacional que se sustenta, al final del día, en el respaldo del Banco Central.

La parte más grave se puede enunciar diciendo que “si todo falla”, la gente no pierde sus ahorros de toda la vida, porque el gobierno nacional está ahí.

Por el otro lado, con las criptomonedas, si “todo falla”, no hay gobierno ni nadie que haga mucho al respecto, y la gente puede perder todo su patrimonio.

Un sistema bancario regulado por un poder central aporta cierta seguridad, y tal es la justificación básica de la existencia del Estado, de acuerdo con el liberalismo clásico: brindar seguridad al ciudadano.

En el sistema alterno de las criptomonedas no hay un Estado que brinde seguridad. La “seguridad” no descansa en un poder central, sino en la fortaleza y confianza de las relaciones entre los usuarios.

Eso es todo. No hay verticalidad, sino una cierta horizontalidad, aunque es lógico que quienes posean más criptomonedas tienen más poder en este juego de relaciones, que quienes tienen sólo montos menores. Los poderosos en el sistema convencional pueden igualmente manipular el sistema cripto. Ahí está Elon Musk con sus tuits, por ejemplo.

Las criptomonedas ponen en jaque al sistema tradicional bancario y su respaldo en el poder central, por lo que han sido calificadas de muy diversas maneras: desde “libertarias”, hasta anarcocapitalistas, o minarquistas.

El poder actual no ve a las criptomonedas con buenos ojos, porque le parecen un antro apto para criminales, para lavar dinero, para hacer operaciones brincándose las leyes nacionales, y para no pagar impuestos.

Por supuesto que las criptomonedas tienen una vena libertaria, anarquista y hasta conservadora, en el sentido de que sus creadores y usuarios (aunque por motivos distintos), ven con ojos críticos y desconfianza al Estado, respecto del que quieren guardar una sana distancia, o bien, de plano, lo aborrecen y quisieran que desapareciera por ser un monstruo corrupto, ladrón, represor y sobre todo, innecesario.

También la desconfianza y aborrecimiento se extiende al sistema financiero, cuyas especulaciones son famosas por perjudicar a gran escala incluso a naciones enteras.

Pese a que el Estado en muchos casos no garantiza la seguridad al ciudadano, ni la paz, ni usa los impuestos en construir infraestructura para el desarrollo, mucha gente siente que cuenta aún así con un aparato legal, jurídico, a su favor, que le protege de los abusos de los bancos, o en caso de algún desastre mayor que pusiera en riesgo sus ahorros.

Muchos jóvenes son hoy grandes entusiastas de las criptomonedas, en especial del Bitcoin, o del Zcash. Se entiende que así sea, por las ventajas que aporta usarlas, pero también hay que pensar en las desventajas.

Las criptomonedas no son el paraíso, y a decir verdad, si bien algunas muestran gran estabilidad, pueden ocurrir eventos debido a los cuales todo tu dinero invertido simplemente desaparezca, y no se sepa ni qué pasó, ni haya nadie a quién reclamarle.

Porque, en cierto sentido, las criptomonedas son una forma de inversión, por no decir de especulación. Aunque esta inversión se sitúa en una zona de “alto riesgo” financiero.

El miedo a un “Leviatán digital” financiero justifica la presencia del Estado, parafraseando a Hobbes. Pero, eso sí, nadie desea tampoco un Estado invasor de la vida privada, ni abusivo con los impuestos.

Todo protagonismo del Estado va contra el libre desarrollo de la sociedad.

Regresando al enfoque filosófico político, la Razón que reinaba en la Modernidad, en la posmodernidad entró en crisis, se fragmentó junto con todos sus meta relatos y se diversificó.

Ya no había una razón única y universal, válida para todos, sino millones de razones, válidas cada una dentro de su propio campo epistemológico, pero sólo ahí.

Así, la puesta en crisis posmoderna del gobierno nacional y su banco central, deviene en el auge de ideologías con Estados ausentes o mínimos (anarquismo, anarcocapitalismo, minarquismo, libertarismo), y en el surgimiento de sistemas paralelos a las finanzas “mainstream”.

Sólo que tales sistemas, como las “verdades” posmodernas, sólo tienen un sentido dentro de su propio campo, no epistemológico, sino financiero, y no son en mucho, compatibles ni con el esquema mainstream, ni con otros mecanismos “outsiders” de criptomoneda. Tal es la fragmentación cuando se carece de un “centro”.

Interesante es que este fenómeno también se da dentro de la cristiandad, en el sentido en que la Iglesia católica, tiene en la jerarquía un líder único, el papa (líder de un Estado político, el Vaticano). Es un centro.

En cambio, en las esferas cristianas, no existe un equivalente a un “papa” y cada pastor decide sobre su propia iglesia. En este contexto, las iglesias cristianas son mucho más “descentralizadas” que el catolicismo, dicho esto no en demérito de ninguna expresión religiosa.

Empero, lo que se critica a la posmodernidad, es justamente su “relativización” de todo, el hecho de que no conciba un “centro”, un Dios, la razón, la verdad, la belleza, la ética, sino que sustituye todo ello por expresiones de la multiplicidad: dioses, razones, verdades, emociones, diversificación de bellezas y éticas no universales, sino propias de un campo social.

Las criptomonedas representan una posmodernización de la moneda y las finanzas, un avance hacia el relativismo, uno del que no pocos sectores conservadores se alejarán, incluso si son parte de la nueva derecha, que es antisistema, porque su propuesta iría más bien por la reforma profunda al Estado, pero nunca por su pulverización.

Las criptomonedas no podrán inventar un nuevo mundo, aún cuando se presentan aparejadas de llamativas ideologías de moda, y se quedarán en ser interesantes herramientas de ahorro y especulación, de inversión de alto riesgo, mientras las sociedades avanzan poco a poco hacia transformaciones que tomen como base los valores tradicionales de Occidente, aquellos de los Padres Fundadores.

1Escritor, conferencista. Consultor político. Doctorado en Derechos Humanos. Maestría en Filosofía, Cultura y Religión. Activista católico, provida y profamilia. Presidente de “Nueva Derecha Hispanoamericana”. Ex Secretario de Comunicación del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Premio Nacional de Periodismo 2007, otorgado por la ONU en México. Analista Geopolítico. Su más reciente libro: “La Contrarrevolución Cultural frente al marxismo posmoderno”.

Este artículo fue publicado originalmente en panampost.com el 03 de mayo de 2022

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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