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Los empresarios argentinos deberían negarse al congelamiento de precios

El secretario de Comercio le envió a las empresas la lista de casi 3000 productos que deberían “congelar” hasta fin de año. Lo peor que hubiesen podido sería acatar la contraproducente iniciativa.

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Por: Marcelo Duclos1

Aunque el tema en Argentina es el “congelamiento de precios”, lo cierto es que no existe ninguna “congelación” y tampoco ningún “precio”. Ya quedó en evidencia que estas políticas han sido un nuevo fracaso, y aunque el Gobierno consiga “fijar los precios” hasta fin de año, luego de la distorsión habrá reacomodamiento inmediato (aumento) o desabastecimiento (en caso que pretendan seguir con esta locura).

Lamentablemente, la ignorancia absoluta en materia económica no se limita al oficialismo. Y es que en la oposición las críticas a estas iniciativas también son sosas, insuficientes e inconsistentes. Además, sumado a la crítica sin fundamentos sólidos, varios dirigentes de las filas que adversan al Gobierno fueron autores de iniciativas impresentables. Esta semana, el legislador macrista Daniel Lipovetzky se limitó a pedir disculpas por el fracaso predecible de su “ley de alquileres”, que no hizo otra cosa que terminar de detonar la situación inmobiliaria. Cabe destacar que fue la líder de la Coalición Cívica (uno de los partidos más importantes que conforman Juntos por el Cambio), Elisa Carrió, la que impulsó la tragicómica “ley de góndolas”.

Lo que produce el fracaso sistemático del congelamiento de precios es la contradicción en términos de la idea. Al “congelar”, es decir, fijar coercitivamente, se elimina el precio. Cuando hay una resolución administrativa que determina un valor de venta, ya no podemos usar este término. Es otra cosa. Ya sea un precio mínimo o máximo, la economía opera con la distorsión que causa, entre otras cosas, la imposibilidad científica del socialismo.

Los precios son estables en las economías más libres, por la mayor estabilidad de la moneda que mide su valor. Mientras Argentina se dedique a destruir el peso mediante la emisión monetaria, que socorre al Tesoro por su déficit fiscal, los precios siempre tenderán al alza. No porque los productos valgan más, sino porque el peso que los adquiere vale menos.

No obstante, aunque esto haya quedado en evidencia en los últimos 4000 años, el kirchnerismo ahora insiste duramente en la cuestión. No solamente por ignorancia económica, sino también por desesperación. Falta un mes para las elecciones y ya no saben qué hacer para tratar de remontar la derrota estrepitosa en las primarias de septiembre.

En la jornada de ayer, los empresarios de las compañías de consumo masivo se reunieron con el secretario de Comercio, Roberto Feletti, y ya tienen en su poder el documento de 598 páginas que les indica los productos que tendrían que venderse al valor que quiere el Gobierno. El funcionario ya dijo que espera un acuerdo y que si no existirán duras sanciones. Hablar de “acuerdo” con el monopolio de la fuerza, que puede conseguir su objetivo en la instancia previa a la sanción, es como decir que hay acuerdo entre el ladrón y su víctima, que acepta entregar su billetera ante la amenaza de la pistola.

Hay motivos de sobra para argumentar en la Justicia la inconstitucionalidad de la nefasta “ley de abastecimiento”, contraria al artículo 14 de la Carta Magna. Aunque acatar el listado seguramente no consiga tranquilizar el humor político de la ciudadanía, y por ende revertir el repudio al oficialismo, negarse de plano significaría un duro golpe al kirchnerismo y su discurso en un momento clave.

Seguramente el Gobierno pierda las elecciones legislativas, lo que puede generar un importante cambio en la distribución de fuerzas políticas en el país. La llegada de Javier Milei, José Luis Espert y Ricardo López Murphy al Congreso sin dudas cambiará el eje del discurso opositor y seguramente su propuesta para 2023.

Los empresarios argentinos pueden tener una muestra de valentía y dignidad, y apostar al futuro enfrentando a un Gobierno en retirada, o pueden agachar la cabeza como hicieron en demasiadas oportunidades. La opinión pública en su mayoría ya no los responsabiliza por la inflación y la oposición los respaldará. Depende de ellos. Sería un aporte patriótico, pero también lo mejor que pueden hacer para con sus empresas y empleados.

1Nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en Taller Escuela Agencia y realizó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Es columnista de opinión invitado de Perfil, Infobae y músico.

*Este artículo fue publicado originalmente en panampost.com el 19 de octubre de 2021.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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