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Pros y contras del tipo de cambio flexible

Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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Con tipo de cambio flexible el precio en moneda nacional de una moneda extranjera, por ejemplo el dólar americano, queda determinado por la demanda y oferta. El tipo de cambio fluctúa para equilibrar el mercado de divisas y el  ajuste se hace vía precios y no en cantidades como es el caso con tipo de cambio fijo. Si hay una gran demanda de dólares y la oferta es limitada el tipo de cambio subirá y viceversa, si hay poca demanda o mucha oferta.

Si el banco central no interviene en el mercado de cambios se tendrá un sistema de flexibilidad completa, etiquetado también como flotación limpia. Si el banco central interviene en el mercado, comprando o vendiendo divisas, se tendrá un sistema de flotación administrada, que también se lo llama de flotación sucia.

Los casos de flotación limpia son raros y generalmente de corta duración en los países en desarrollo. En los países industrializados es más frecuente, en parte porque sus tenencias de reservas internacionales son solamente un ítem pequeño en los balances de sus bancos centrales. El dólar americano, el euro, el yen japonés, la libra esterlina y otras monedas fuertes fluctúan libremente entre ellas.

Los bancos centrales de los países en desarrollo intervienen en el mercado, no con el objetivo de mantener la paridad cambiaria, sino más bien de atenuar las variaciones exageradas y sobre bruscas. En algunos países se ha notado el fenómeno llamado de “miedo de flotar” en los que los bancos utilizan muy dinámicamente su política monetaria, con rápidos movimiento de sus tasas de interés, a veces de sus tasas de encaje legal, y sobre todo con intervenciones masivas en el mercado de cambios.

Un sistema de cambio flexible tiene la ventaja de potenciar a la política monetaria para que ella pueda encarar las necesidades de la economía nacional y los shocks exógenos idiosincráticos, es decir los shocks que afectan en particular a la economía nacional y no al resto del mundo. Se deja de importar la inestabilidad que puede generarse en los países con los que se tiene relaciones comerciales o financieras.

En principio los países con tipo de cambio flexible no necesitarían tener reservas internacionales ya que el precio se encargaría de los ajustes. Sin embargo, si tienen flexibilidad administrada los bancos centrales necesitan tener reservas internacionales para intervenir, cuando sea necesario, en el mercado. También las mantienen con fines precautorios para el caso en que se produjeran turbulencias en el mercado financiero local. Se necesita menos reservas, pero los bancos centrales las siguen guardando. Sea dicho de paso, comparaciones, como a veces se hacen en el país, de nuestras reservas, con un tipo de cambio fijo, con las reservas de países con tipo de cambio flexible no son correctas.

El tipo de cambio flexible evita en principio (mas no siempre) la sobrevaluación cambiaria y reduce, mas no elimina totalmente, la dependencia en las reservas internacionales, por lo tanto, no se tienen los ataques especulativos que muchas veces afligen a los sistemas de cambio fijo.

La mayor y severa desventaja del tipo de cambio flexible es que puede desbocarse y conducir a una alta inflación. Si se desata la inflación, el público buscará protección en la dolarización, lo que empeoraría  la desestabilización. Es de manejo más delicado que el tipo de cambio fijo y exige una mayor fortaleza institucional. La coordinación entre la política monetaria, especialmente de tasas de interés, y la política cambiaria, que determina las intervenciones del banco central en el marcado de cambios, es crucial.

La adopción de un sistema de cambios flexible tiene varios prerrequisitos. El principal es la ausencia de dominancia fiscal, es decir que el banco central deje de financiar al Sector Público No Financiero. Es también necesario contar con un nivel adecuado de reservas internacionales para controlar la posibilidad de un inicial “overshooting,” es decir que el tipo de cambio suba más allá de sus fundamentos económicos, por cambios en las expectativas del público. Se requiere también una gran credibilidad de la autoridad monetaria y el fortalecimiento de sus capacidades de análisis y de previsión.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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