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Verdades a medias: Nobel, Salario Mínimo y Desempleo.

Diego A. Villarroel

Abogado, investigador y profesor de derecho

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David Card ha sido galardonado con el Nobel de Economía de 20211 por su paper Minimum Wages and Employment: A Case Study of the Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania preparado junto con Alan B. Krueger (+)2. El socialismo y progresismo contemporáneos han celebrado este hecho aludiendo que se ha premiado a un académico por demostrar que incrementar el salario mínimo no reduce el empleo.

Desde el liberalismo usualmente se argumenta que establecer salarios mínimos o incrementarlos cuenta con el potencial de aumentar el desempleo. Murray Rothbard explica con claridad este argumento utilitario liberal:

“En el libre mercado, el salario de cada uno tiende a fijarse en el valor de su productividad marginal descontada. Una ley de salario mínimo significa que se les prohíbe trabajar a aquellos cuyo valor de productividad quede por debajo del mínimo legal. El trabajador querría aceptar el trabajo y el empresario querría contratarlo. Pero el decreto del Estado impide que esta contratación se lleve a cabo. Así, el desempleo obligatorio elimina la competencia de los trabajadores marginales y eleva los salarios del resto. Por tanto, aunque el objetivo declarado de una ley de salario mínimo sea mejorar los ingresos de los trabajadores marginales, el efecto real es justamente el contrario: Les hace incontratables por los salarios legales. Cuanto más alto sea el nivel del salario mínimo, en relación con los mercados libres, mayor será el desempleo resultante.”3

En contrapartida, el paper de Card concluye que, como fruto de la investigación: “No hemos encontrado indicación de que el incremento en el salario mínimo conlleve una reducción del Empleo.” Así las cosas, rasgándose las vestiduras, muchos actores del progresismo y el socialismo han concluido que el Nobel de Economía otorgado este año tira por la borda los argumentos liberales en contra del salario mínimo. 

¡No tan rápido! Antes de sacar conclusiones apresuradas cabe considerar tres aspectos:

(1) Desde la óptica liberal el problema del salario mínimo no es esencialmente utilitario. Es decir, el liberalismo no se opone a este únicamente por que es potencialmente dañino, que sí lo es (e.g., por su potencial de afectar el empleo tal como explica Rothbard supra), sino porque implica una intervención coactiva a una transacción voluntaria. Por ello, el problema es principalmente moral y filosófico antes que sobre su eficiencia estrictamente. Para la filosofía liberal la función del Estado es proteger al individuo de la coacción arbitraria por parte de terceros. A tiempo de ejercer esta función el Estado no debe intervenir, dentro del orden social, a favor de ningún sector en particular. Lo contrario implicará atentar contra el principio de igualdad ante la Ley. Así, al momento de establecerse un salario mínimo, el Estado, lo que hace, es intervenir de forma general en el marco de una relación contractual a los efectos de establecer que ciertos servicios no pueden tener un valor menor de aquel establecido por parte de los políticos de turno.

Hoy en día parece obvio y natural contar con leyes de salarios mínimos. Sin embargo, el salario, al ser un precio como cualquier otro, debe ser determinado subjetiva y espontáneamente por los individuos participantes en la transacción siguiendo las leyes de la oferta y la demanda.

En definitiva, el Estado podrá sancionar a un individuo o empresa que ha incumplido sus obligaciones contractuales; lo que no debería hacer es establecer, a priori, ciertos derechos y obligaciones en el marco de relaciones contractuales privadas.

Si no, cabe cuestionarse, ¿por qué el salario mínimo es de Bs. 2,000 y fracción? ¿Por qué no lo establecemos en Bs. 4,000? O, mejor todavía, si es tan fácil establecer precios mínimos como el salario y estos no tienen ningún efecto en la economía, ¿Por qué no establecer un precio mínimo para el agua, el cereal, las pelotas de fútbol, etc.?

(2) Muchos sectores estatistas aplauden los Nobel de forma muy selectiva y conveniente. Celebran cuando actores que abogan por mayor intervención estatal salen premiados (i.e., Paul Krugman, Joseph Stiglitz), pero olvidan, guardan silencio o reniegan del Nobel cuando son liberales o contrarios a las ideas progresistas quienes son galardonados.

Si se pretende concluir que la tesis de un ganador del Nobel es irrefutable por el simple hecho de haber obtenido un Nobel, entonces quienes celebran con tanto énfasis la premiación a favor de Card deberían aplaudir del mismo modo las tesis de F.A. Hayek o Milton Friedman también premiadas.

(3) En todo caso, el paper que valió el galardón a Card no demuestra que incrementar el salario mínimo no implica una reducción del empleo. En realidad, el mismo (i) analizó una subida marginal del salario mínimo (de USD 4,25 a 5,05); (ii) en una región muy concreta (Nueva Jersey y Pensilvania); (iii) en un año en particular (el 1992); y (iv) en un sector específico de la economía (restaurantes de comida rápida). Bajos estas circunstancias temporales, geográficas y económicas muy específicas es que se llegó a tal conclusión. Es decir, del paper en cuestión no sería posible extraer conclusiones generales sobre política pública.

Puede que existan circunstancias concretas bajo las cuáles el salario mínimo no haya tenido ningún efecto negativo (i.e., trabajadores marginales con una productividad superior al salario mínimo establecido). Asimismo, pueden presentarse muchos escenarios en los que sí se presenten estos escenarios negativos. El problema es que la información necesaria para determinar si este tipo de políticas públicas son apropiadas no se encuentra a disposición del burócrata. Tal como ha demostrado la Escuela Austriaca de Economía, los políticos no cuentan con la información suficiente para coordinar el orden social de forma coactiva vía mandatos. Al intentar hacerlo cuentan con el potencial de descoordinar el orden espontáneo de mercado y ocasionar daños imposibles de prever4. Esta imposibilidad de calculo económico general se pone de manifiesto con el salario mínimo en particular.

En suma, no pretendo criticar el premio a favor de Card. Quizás lo tiene muy merecido. Lo que se debe evitar es proporcionar verdades a medias y extraer conclusiones forzadas o falsas del paper de este autor.

Si posteriormente, por alguna extraña razón, se decide premiar con el Nobel a Israel Kirzner o Thomas Sowell, esperemos que quienes hoy celebran a Card y dan validez general a las conclusiones de su paper -siendo coherentes- asuman como ciertas las tesis de estos dos liberales por el simple hecho de ser galardonados con el Nobel.


1La nota de prensa sobre la premiación se puede ver en: https://www.nobelprize.org/uploads/2021/10/press-economicsciencesprize2021-2.pdf
2El paper puede encontrarse en: https://davidcard.berkeley.edu/papers/njmin-aer.pdf
3Rothbard, Murray, Poder y Mercado: El Gobierno y la Economía, Unión Editorial, Madrid, 2015, p. 68.
4Al respecto, véase Huerta de Soto, Jesús, Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, Unión Editorial, 6ª Ed., Madrid, 2020, pp. 100 y ss.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Diego A. Villarroel

Abogado, investigador y profesor de derecho

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