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Centroamérica: cuando el pueblo desafía la democracia

La democracia en Centroamérica enfrenta abstención, fraudes y gestos autocráticos. La fragilidad es evidente a comienzo de la tercera década.

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Por: Yanancy Noguera1

Guatemala 2019: novena elección presidencial en democracia: ocho millones de guatemaltecos podían votar, hubo 61 % de abstención.

El Salvador 2019: un partido novato y una alianza que excluyó a los dos partidos tradicionales asume el Poder Ejecutivo; en 2021 el Gobierno toma el control del Parlamento, lo cual le permite forzar el retiro de jueces y fiscales y controlar la Corte de magistrados.

Nicaragua 2021: en elecciones manipuladas de múltiples formas, incluyendo el encarcelamiento de precandidatos de partidos independientes, da inicio un cuarto mandato de un partido de izquierda con fuerte cercanía con Cuba y Venezuela.

Honduras 2021: en la jornada electoral más reciente en Centroamérica, se elige a una candidata, ex primera dama antes del golpe de Estado de 2009, que devuelve el poder a la izquierda tras 12 años de un gobierno conservador con importantes evidencias de corrupción y vinculación con el narcotráfico.

Costa Rica: en una de las democracias más antiguas y sólidas de América Latina, a pocas semanas de las elecciones de febrero de 2022, más del 50 % del electorado se manifiesta indeciso para una contienda electoral en que aspiran a la presidencia 25 personas, la gran mayoría hombres.

En los seis países centroamericanos, el retorno de la izquierda, el populismo, el centralismo, la apatía electoral, partidos tradicionales debilitados, dispersión y falta de equidad de género son elementos comunes. El istmo además ha llegado a extremos: en Nicaragua hace mucho tiempo el pueblo dejó de gozar de soberanía y libertad.

¿A qué se debe este panorama complejo, preocupante y desafiante?

Una única explicación no es sencilla.

Distintas mediciones, sobre todo el Latinobarómetro, han venido mostrando que los ciudadanos dicen preferir un gobierno y una figura fuerte que realmente atienda los problemas sociales. El totalitarismo al que se ha llegado en algunos países de Centroamérica podría estar relacionado con esa preferencia casi mesiánica. A esto se suma la pérdida de credibilidad en la democracia: solo una minoría en casi todos estos países la apoya como mecanismo de organización.

Los problemas sociales en sí mismos son causantes de muchos desequilibrios. El 14 % de los centroamericanos padecen una nutrición inadecuada y más del 19 % de los niños y niñas menores de 5 años tienen desnutrición crónica. Más allá de la baja o limitada escolaridad, hay un problema de calidad de la educación pública. En Guatemala, Honduras y El Salvador, más del 35 % de los hogares viven en hacinamiento; en Nicaragua, alcanza al 60 %. El fenómeno creciente de la migración hacia Estados Unidos es muestra fehaciente de la falta de oportunidades.

Frágil confianza en la democracia | Foto: Punto y Aparte.

Adicionalmente, los partidos políticos tradicionales no han tenido, en la mayoría de casos, gobiernos efectivos en la atención de estas problemáticas. No hay renovación de liderazgos ni espacios suficientes para el poder femenino real. Surgen partidos políticos con figuras resentidas de otras agrupaciones, o personas que con oportunismo buscan espacios y cuotas de poder, y esa dispersión impacta el proceso electoral y el poder real del gobierno electo.

El recuento de hechos negativos vinculados a los partidos sigue: las alianzas que se producen en procesos electorales no son exitosas; el rechazo es abrumadoramente alto; no hay afiliación, se vota por personalidades, no por ideología, ideas y propuestas, ni por equipos.

El caudillismo y el populismo también llegaron a los procesos electorales en Centroamérica. El uso que se hace de las redes sociales y su recepción por el electorado amplifican esas voces retóricas.

Las acciones para luchar contra la corrupción han sido dispares, y la lucha contra la impunidad, débil. Existe una lógica de protección entre funcionarios electos y sus designados en posiciones claves. La independencia de poderes es frágil, así como lo son las instituciones en sí mismas.

Se alcanzó la paz, con la firma de acuerdos y el retorno a elecciones, pero la violencia se mantuvo y tomó nuevas formas: las maras (pandillas), el narcotráfico (Centroamérica es puente hacia Estados Unidos) y se ha evidenciado el influjo de ese crimen organizado al más alto nivel, incluso el presidencial (Honduras).

La libertad de expresión y prensa reciben amenazas continuas: prohibiciones de protestas o mítines, creación de medios oficialistas que influyen con contenidos falsos o manipulados en las redes sociales, el cierre de válvulas para la operación de los medios (control de papel y la publicidad, por ejemplo), la expulsión de periodistas y la anulación de organizaciones de la sociedad civil.

La mayoría de las democracias del istmo son jóvenes. Son herederas de regímenes militares y guerras. La llegada de la democracia creó ilusión. Sin embargo, la corrupción inundó las estructuras políticas y eso apagó la fe. La democracia no significó una mejora en la calidad de vida de la población.

El panorama no es positivo, todo lo contrario. La pandemia y sus continuas caras duplican los retos en todos los países. El desarrollo y los equilibrios del nuevo gobierno en Honduras no serán sencillos. Nicaragua vivirá el impacto de las acciones de y contra el régimen que la gobierna. Estas realidades y las propias impactarán las elecciones de Costa Rica en 2022, de Guatemala en 2023 y de El Salvador en 2024 (en este caso, con la recientemente abierta posibilidad de reelección).

La autocracia galopa aún, entre la derecha y la izquierda extremas. El populismo tiene fuerte vitalidad. el espectro de la reelección y la burla electoral y judicial están presentes.

1 Periodista con un MBA con énfasis en finanzas. Fundadora de Punto y Aparte, un programa colaborativo de buen periodismo entre estudiantes y periodistas experimentados. Fue directora de «La Nación» y «El Financiero». Tiene 24 años de experiencia en medios, de los cuales 15 en posiciones de dirección. Profesora universitaria

*Este artículo fue publicado originalmente dialogopolitico.org el 07 de diciembre de 2021.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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