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China y Corea del Norte: dos tiranías intimidadas por un virus

Entre los marcados contrastes entre ambos países hay una coincidencia: el autoritarismo no les ha servido para frenar la pandemia. Solo parecen haberla postergado al no haber permitido que se alcanzara la "inmunidad colectiva"

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Por Oriana Rivas1

Ni el autoritarismo más férreo puede neutralizar un virus que tiene dos años azotando al mundo, lo cual demuestra que por muchas medidas estrictas o confinamientos brutales que ordenen sus regímenes, tarde o temprano las fisuras saldrán a relucir. Eso lo saben China y Corea del Norte, países que se han esforzado por frenar al coronavirus sin resultados favorables.

Cuando Kim Il-sung asumió el poder en Corea del Norte en 1948, respaldado por la Unión Soviética, fue trazando un detallado plan para convertir al país en lo que es hoy: una especie de santuario que rinde culto a la Dinastía Kim. Actualmente, su nieto Kim Jong-un mantiene el modelo represivo y el país sigue totalmente cerrado al mundo.

En China las cosas son diferentes en cuanto a la forma, aunque el aislamiento se concreta en la narrativa de los medios, redes sociales, empresas y el discurso del Partido Comunista de China, controlado por el presidente Xi Jinping. Es un país con desarrollo tecnológico, punto estratégico de la economía global, y una de las mayores potencias del planeta.

Entre los marcados contrastes hay una coincidencia: no importa el control extremo, la represión o el hermetismo, ambos están enfrentando un pico de contagios por coronavirus cuando Occidente parece estar librándose de esa pesada carga. Lo único que lograron con sus estrictas medidas fue postergar la pandemia.

Corea del Norte al borde de la catástrofe

Ni una sola vacuna se ha administrado en el país más hermético del mundo. Con casi 26 millones de habitantes, el dictador Kim Jong-un se negó a recibir el año pasado una donación de unas cinco millones de dosis del mecanismo COVAX impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

No había reporte oficial de casos, ni de muertes, ni de medidas de control del virus, hasta hace poco, cuando por primera vez la dictadura anunció un fallecimiento por la variable ómicron. Posteriormente, el 16 de mayo, el medio estatal KCNA informó que se registraron otros 392.920 nuevos casos de «fiebre» para llegar a las cifra de 1,2 millones de casos informados y 50 muertos por coronavirus en Corea del Norte.

De nada parece haber servido que Kim Jong-un recrudeciera su auto bloqueo, porque igualmente el COVID-19 llegó. En 2020 cerró el comercio con China, provocando un descenso de 80,7 % de las importaciones. Al no haber materias primas, cerraron fábricas e industrias. El desabastecimiento empeoró e incluso el dictador llegó a pedirle a sus ciudadanos «comer menos»

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Este año las cosas podrían ser peores porque el coronavirus en Corea del Norte detonó justo en la época de siembra de arroz. Las estimaciones indican que un confinamiento a gran escala podría terminar por aniquilar la economía. Por su parte, Kim Jong-un criticó a su personal de salud pública por su «trabajo irresponsable», y sacó el ejército a las calles para «estabilizar inmediatamente el suministro de medicamentos en la ciudad de Pyongyang».

En pocas palabras, una oleada de casos podría ser catastrófica para el país, porque tampoco hay un sistema de salud equiparable a la crisis sanitaria que provoca el virus. Kim Jong-un puede considerarse la novelesca personificación de «la virtud y sabiduría» en Corea del Norte —asemejándose a un Dios como lo hicieron su abuelo y su padre— pero está claro que la ciencia es capaz de derrotarlo.

El arma de doble filo de China

En China el escenario tampoco es muy optimista. Xi Jinping impuso una nueva pesadilla con confinamientos brutales desde que comenzó a registrarse el rebrote. Y el precio a pagar ha sido alto. Si bien la economía creció 8 % en 2021, en abril de este año la producción industrial tuvo una caída interanual de 2,9 %.

Los analistas están sorprendidos. Según la agencia EFE, estos esperaban que la producción industrial se frenara pero que igualmente avanzara 0,4 % interanual en el cuarto mes del año. Algunas regiones tienen más de dos meses en un draconiano confinamiento lleno de miedo y muerte, y no es sino hasta ahora que las autoridades chinas anunciaron que recobrarán «totalmente» la «normalidad» antes de finales de junio, al menos en Shanghái. El número total de contagios activos en China continental es de 5661, según la Comisión Nacional de Sanidad.

Aunque algunos expertos indican que una flexibilización total de las medidas presionaría al sistema sanitario chino, tampoco hay que olvidar que el régimen comunista, al querer controlarlo todo, restringió la circulación del virus a pesar de tener al 88 % de la población vacunada. Por lo tanto, se negó la posibilidad de alcanzar la  «inmunidad colectiva».

Saber si a Xi Jinping le funcionarán tantos confinamientos llevará solo algunas semanas, ya que en puertas está el 20º Congreso del Partido Comunista, en el que espera reelegirse para su tercer mandato. Así como el hambre sirve a los tiranos para controlar a una población débil, el coronavirus también podría servirle para crear una supuesta estabilidad rumbo a ese evento. O su política «Cero Covid» garantiza el éxito absoluto, o le podría jugar en contra para su plan de crecimiento.

1Periodista venezolana radicada en Buenos Aires. Investigación para las fuentes de política y economía. Especialista en plataformas digitales y redes sociales.

Este artículo fue publicado originalmente en panampost.com el 17 de mayo de 2022

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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