Diplomacia con el calendario atrasado
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Algunos en el servicio exterior siguen sin enterarse de que el país ya no forma parte del club de los regímenes “socialistas del siglo XXI”. De ahí que, días atrás, Bolivia votara en Naciones Unidas “contra el bloqueo de Estados Unidos a Cuba”, un contrasentido en momentos en que se procura afianzar la cooperación con el Escudo de las Américas. El calendario diplomático está atrasado en más de un año, por lo menos.
Y no se trata de estar a favor del embargo comercial (no bloqueo, que sólo existió durante la crisis de los misiles), medida que incluso una parte de la disidencia cubana pide levantar, sino de que se ponga sobre la mesa un mínimo condicionamiento democrático.
La Cancillería todavía está a tiempo de contrapesar en algo esta señal equivocada, emitiendo en próximos días un pronunciamiento por la liberación de los presos políticos cubanos. Otro ámbito en el que sería importante un posicionamiento es sobre el marco normativo draconiano que pesa actualmente en la cultura cubana, sometida a medidas de censura previa que ahogan las voces de los creadores, antes de que puedan iniciar cualquier debate.
Si lo que se busca es una “política exterior independiente”, hay modos inteligentes de hacerla, con coherencia y principismo, en vez de dar bandazos contradictorios que dibujen el panorama de una conducción errática.
Cierto que en septiembre pasado, el presidente Rodrigo Paz dijo ante la Asamblea General de la ONU que “Cuba tiene que cambiar, porque la población tiene hambre y la está pasando mal”. Razón de más para mantener una línea discursiva que apunte a las transformaciones profundas en la isla. Votar con la dictadura neocastrista no es la vía y habría sido más razonable, en todo caso, una abstención.
Si lo de Cancillería es algo más que simple inercia de la etapa masista y se está apostando por mantener canales de diálogo abiertos con La Habana, quizás con miras a un rol boliviano en una eventual mediación, eso debería servir, al menos, para presionar por la excarcelación de artistas rebeldes o para hablar de la apertura cultural. Pero es posible que esto sea pensar demasiado bien de la burocracia diplomática del calendario atrasado.
En cambio, si se está calculando un apaciguamiento, para que Cuba congele sus apoyos a cualquier apresto desestabilizador de Evo Morales y asociados, la experiencia universal muestra que los sistemas totalitarios suelen pagar con mala moneda estos acercamientos tácticos.
Todo “romanticismo fidelista” que subsista en las capas sedimentarias ideológicas del actual oficialismo, debe ceder ante la evidencia de que el régimen de Cuba no es otra cosa que una dictadura militar y dinástica.
La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



