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El embuste del mito fundador de la izquierda latinoamericana, por Jaime Aparicio

Jaime Aparicio

Diplomático de Carrera, ex Embajador de Bolivia en los Estados Unidos

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En el rito de la liturgia marxista-caribeña, el primer sacramento es la sumisión incondicional de los feligreses al caudillo socialista quién aplica el credo revolucionario inscrito en la Constitución del Partido Comunista : – todo con la revolución, nada contra la revolución -, consigna que permite la dictadura de partido unico.  Sacramentos adicionales son la inscripción al partido y la devoción a sus pontífices: Fidel y Raul Castro.

Esta revolución, pese a sus 62 años,  aun hoy ejerce una enorme influencia en Latinoamérica. Más que un acto racional parece ser una adicción emocional a un “colosal embuste“, como Antonio Rangel Bandeiras caracteriza a la revolución cubana,  en su libro “Sombras del Paraíso“,  escrito en los años 90, y prologado por el líder socialista portugués, Mario Soares.  Con la claridad de alguien que sintió las pulsaciones profundas y las angustias de las sociedad cubana bajo el régimen de Castro, Rangel, exiliado de la dictadura militar en Brasil,  trasmite esa realidad dolorosa que la izquierda internacional quiere esconder: – “en el laboratorio en que mi generación supuso se produciría el “hombre nuevo“, altruista y libertario, la mitad del pueblo controla a la otra mitad; el odio, la sospecha y el miedo se convierten en las claves del relacionamiento entre las personas. Detrás del relato “revolucionario“, la hipocresía, el oportunismo y la corrupción regulan el comportamiento de los cubanos“ Por qué y cómo la lucha por la libertad dio vida a un ritual de muerte: Patria o Muerte!-“. 

Pero como no hay mal que dure cien años, el 13 de  Julio de este año la historia empieza a cambiar precisamente en el mes aniversario del mítico asalto al Cuartel Moncada y después de 62 años, el sufrido pueblo cubano sale a las calles de San Antonio de los Baños, un pueblo cercano a la Habana, y enciende la mecha de una rebelión en toda la isla bajo las consignas de “Libertad“ y “Patria o Vida“,  en respuesta a la necrolatría de los Castro.  

Hay que reconocer y valorar que ilustres intelectuales como Arendt, Gide, Aaron,  Camus, Orwell, Malraux, Vargas Llosa y tantos otros hayan tenido el coraje de ir contra las tendencias intelectuales de moda de la época y hayan advertido al mundo sobre la impostura del comunismo. Esos pensadores percibieron lo que se escondía detrás de la oferta del paraíso socialista: Estados policíacos, represión, pobreza y pérdida de libertad y que ese sueño, cada vez que ha llegado a ejercer el gobierno en algún país se ha convertido en una pesadilla que ha causado, junto al nazismo y al fascismo, los mayores crímenes en la historia de la humanidad.

Aun hoy, con todas las evidencias históricas del fracaso de Cuba y del socialismo en Venezuela, Nicaragua y Bolivia,  es difícil denunciar al nuevo “establishment“ de la izquierda internacional y a sus operadores en gobiernos, ONGs, universidades, prensa, organismos de derechos humanos e incluso en el Vaticano. Como constató el escritor Jorge Amado, durante su exilio en la ex Checoslovaquia:  “las dictaduras de izquierda son las peores, porque contra las de derecha se puede luchar a pecho abierto;  quien lo hace contra las de izquierda termina siendo patrullado, acusado de reaccionario, vendido, traidor“. Como exigen los ortodoxos de todas las religiones, el que no se somete a su dogma es considerado un hereje.

Un ejemplo de la curiosa influencia de esa impostura se da en Bolivia, donde el Presidente Luis Arce expresa públicamente su deseo de que su país sea como Cuba al mismo tiempo que el  pueblo cubano arriesga su vida para acabar esa pesadilla que los sumió en la miseria. Similar fenómeno sucede en Argentina, Venezuela, México,  Nicaragua y ahora en Perú. Explicar esta adhesión ideológica a la revolución cubana y a su comercio de narrativas falsas es un fenómeno de amnesia social que la razón y la evidencia histórica no pueden explicar y, tal vez, constituye un enigma que los teólogos o los psicólogos pueden resolver.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Jaime Aparicio

Diplomático de Carrera, ex Embajador de Bolivia en los Estados Unidos

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