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El fallido espectáculo del MAS en la OEA

Jaime Aparicio

Diplomático de Carrera, ex Embajador de Bolivia en los Estados Unidos

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Una curiosa fauna de pintorescos personajes: nostálgicos del Che Guevara, eruditos estadísticos bajo contrato de una ONG radical,  falsarios  compulsivos y una activista norteamericana defensora de la hoja de coca a la que se aplica la sabia frase de Oscar Wilde de que “cada vez que una persona dice algo completamente estúpido, siempre es por los motivos más nobles“, fue convocada en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA), por las misiones permanentes de los regímenes populistas de Argentina, Bolivia y México, con el fin de evaluar los fraudulentas comicios bolivianos del 2019.

En este evento algunos actores han puesto en la mesa sus resentimientos, sus odios viscerales a las democracias liberales y sus fantasmas sobre conspiraciones, supuestos tráficos de armas de  Argentina y Ecuador a Bolivia en un inexistente nuevo plan cóndor, ficciones sobre complots del capitalismo financiero para destruirlos, imaginarios esquemas atribuidos a Luis Almagro para desestabilizarlos  y otras fantasías para victimizarse colectivamente en una sesión de terapia grupal.

Los expertos estadísticos, autores de informes que ya fueron rechazado en la OEA hace dos años,  no fueron bien entrenados y no pudieron negar los quiebres en la tendencia del voto luego del corte de la transmisión de datos del TREP, sino que se limitaron a justificarlos. Pero lo que efectivamente invalida todo su análisis es que únicamente analizaron gráficas y estadísticas y dejaron de lado las pruebas aportadas por la OEA sobre los innumerables delitos electorales que contaminaron la elección de forma irreversible.

Este espectáculo del Grupo de Puebla, orientado a desacreditar el Informe y la Auditoría vinculante de la OEA sobre las elecciones presidenciales en Bolivia, significó un nuevo revés diplomático para el gobierno de Luis Arce que insiste en tratar de ocultar los delitos electorales debidamente probados por la auditoría de la OEA, así como la vergonzosa fuga de Evo Morales a México. Sin embargo, no deja de preocupar la intención de las delegaciones de Argentina, México y Nicaragua, de desarticular y debilitar el sistema de observación electoral de la OEA, el más sólido, independiente y profesional del mundo, junto al de la Unión Europea. Ese hecho y esa actitud es la que más debería preocupar a la comunidad internacional. Las Misiones de Observación Electoral (MOEs) de la OEA, que son la única garantía de que las elecciones en la región sean creíbles y transparentes.

La estrategia de utilizar eventos internacionales con fines de política interna circunstancial nunca favorece el objetivo de una política exterior profesional, que es la defensa y promoción de los intereses permanentes de un Estado. Prueba de esa improvisación  es que han escogido la sede de la OEA para organizar un evento político destinado a victimizar a Evo Morales, desacreditar a las misiones de observación electoral de la OEA y a atacar personalmente al Secretario General de la OEA. Ninguno de esos objetivos se ha conseguido: Primero, porque la presentación no tuvo audiencia significativa, e incluso no se permitió el ingreso de bolivianos que querían participar. Segundo, la limitada participación virtual fue abrumadoramente de la oposición y obligó a la moderadora a cancelar las preguntas. Tercero, los discursos políticos no dejaron la menor duda de que se trataba de una tertulia  entre representantes del populismo latinoamericano con fines de propaganda y difusión de narrativas falsas. El Representante argentino, un diletante del Kirchnerismo radical, castigó al auditorio con acusaciones de conspiración contra el expresidente argentino, Mauricio Macri  y un discursos de los años sesenta que confirma la idea de lo peligroso que es dejar el destino de nuestra libertad en manos de ruidosos demagogos.

Otro elemento peligroso que trasluce el verdadero objetivo del evento es un fenómeno que trasciende el propio tema de las elecciones bolivianas y es el de la práctica, cada vez más generalizada, de tergiversar la verdad. Los populistas presumen que actualmente no importan los hechos sino quién domina la narrativa con la que éstos adquieren significado. Bajo esa visión, intentan imponer su narrativa utilizando la mentira repetida y difundida  infinidad de veces a través de distintos medios. Esta práctica genera lo que el Diccionario Oxford consideró la palabra del año del 2016: “La posverdad“ o falsas narrativas que prevalecen en el actual sistema de información global.

Uno de esos engranajes de la posverdad en la región es el del Grupo de Puebla y su maquinaria que, con apoyo de potencias extra continentales y otros oscuros financiamientos, utiliza la propaganda para la difusión de narrativas falsas, acciones y discursos coordinados entre sus operadores en los gobiernos, la prensa internacional, ciertas ONGs , algunos organismos de derechos humanos, intelectuales orgánicos, burócratas, servicio de inteligencia cubano, cuyo objeto es el de consolidar un proyecto hegemónico  de poder del populismo mafioso en América Latina. Esas estrategias, tanto de izquierda como de derecha,  se nutren de los métodos del fascismo europeo del s. XX y del Castrismo cubano. No es una fantasía que el fantasma de ese fascismo está amenazando nuevamente a nuestras sociedades y la realidad es que las democracias liberales en la región corren el riesgo de convertirse en su opuesto: democracias de masas privadas de comportamientos democráticos.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Jaime Aparicio

Diplomático de Carrera, ex Embajador de Bolivia en los Estados Unidos

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