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¿Se rebelará el “comité administrativo” de los cocaleros?

Emilio Martinez

Escritor y analista político

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Profeta fallido y pésimo teórico del valor económico, Karl Marx fue, sin embargo, un hábil constructor de frases célebres, un aforista no menos ingenioso que perverso. Una de sus definiciones que ha quedado fijada a través del tiempo es la que califica al Estado de “comité administrativo de la burguesía”, entendiéndolo como el aparato burocrático que organiza la dominación de la clase gobernante.

Esto viene a cuento de que, a un año de gestión de Luis Arce Catacora como presidente de Bolivia, la gran pregunta no formulada claramente hasta el momento, pero implícita en muchas otras sub-interrogantes, es si la burocracia estatal representada por Arce será capaz de rebelarse, desmarcarse o al menos distanciarse de sus mandantes: los barones de la coca del Chapare.

En efecto, el Estado ha funcionado en los 14 años de Evo Morales como un “comité administrativo de la lumpenburguesía cocalera”, y la reiteración de esta función en los últimos 12 meses (ya sin la cobertura de la bonanza gasífera) viene pasándole una fuerte factura política al primer mandatario.

De acuerdo a una reciente encuesta de Ceres-Datacción, el 47,7% de quienes votaron por Arce Catacora en octubre de 2020 ya no confía en él para lograr la “reconciliación nacional”. Otro 44,9% desaprueba su gestión de la salud y un 37,3% está disconforme con su manejo de la economía. En promedio, podríamos decir que al menos 4 de 10 de sus votantes no aprueba el rumbo gubernamental.

Este es un indicador cuantitativo de que Arce no está gobernando para las mayorías, sino para cumplir la agenda represiva emanada del circuito coca-cocaína, que busca evitar cualquier posibilidad futura de desplazamiento del poder pleno, como el que vivió durante el gobierno de transición. De ahí la insistencia en la ficción del “golpe de Estado” y sobre todo en la sanción ejemplarizadora contra quienes operaron ese desplazamiento, ya fuese desde la movilización en las calles o mediante la ingeniería de la sucesión constitucional.

Cierto es que buena parte de la estructura del “comité administrativo” quedó intacta durante la transición, lo que facilitó, entre otros factores, el regreso del Movimiento Al Socialismo a la presidencia. 

Pero también debe evaluarse, en este año de neo-masismo, el desempeño de la oposición, que limitaré por razones de espacio a los partidos con representación parlamentaria.

Por el lado de la bancada más numerosa, la de Comunidad Ciudadana, hemos sido testigos de actos de torpeza política mayúscula, como el protagonizado por una senadora que pretendió tender puentes con el MAS a costa de romperlos con el resto de la oposición.

Entretanto, Creemos procura blindar al departamento de Santa Cruz, jugando una guerra de posiciones con las fuerzas gubernamentales, que buscan perforar ese blindaje con acciones geopolíticas en ciertas provincias.

Hay analistas que remarcan lo inevitable de explorar acuerdos entre oficialismo y oposición, pero a mi entender un nuevo ciclo sólo se hará viable cuando el estamento burocrático decida ser algo más que un simple “comité administrativo” de los intereses del Chapare.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Emilio Martinez

Escritor y analista político

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