Opinión

Bolivia: nacionalismo en cuestión, por Marco A. Del Rio

Marco A. Del Río

Economista

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Como todos los años, el Estado Boliviano se viste de gala el 6 de agosto para recordar el momento de su fundación, en 1825, luego de quince años de guerra por la independencia, según reza la historia (o narrativa, como se ha puesto de moda decir) oficial. 

Pese a su turbulenta historia política, su carácter de sociedad multiétnica, sus graves problemas de pobreza, exclusión, marginalidad, etc., sin embargo, el Estado Boliviano ha logrado sobrevivir casi dos siglos. Dentro del concierto de los Estados ya tiene cierta edad, que muchos Estados aun no poseen. Tal vez no este demás señalar que el Estado de Bolivia ya tiene más años de existencia que varios de los estados de la vieja Europa, algunos tan relevantes como Alemania o Italia. 

Como todo Estado, el de Bolivia, tiene sus símbolos patrios, sus mitos y rituales, por medio de los cuales trata de generar una identidad nacional en su población. En las escuelas, a los pequeños se les enseña a cantar el Himno Nacional, que luego se entona en todo acto que tenga algún carácter público-oficial. Y los pequeños aprenden a cantarlo con voz vibrante o a gritos, pero plantando en su conciencia la idea de la pertenencia. 

Así pues, tanto el Estado como sus habitantes, cada 6 de agosto, recuerdan la creación de su país, y se reafirma su pertenencia e identidad nacional. 

Pero, desde hace algunos años atrás, cada vez más bolivianos, empiezan a mirar con recelo el momento de creación del Estado Boliviano, y poner en cuestión su identidad “boliviana”. Se ha ido perdiendo ese consenso, o al menos se pone en cuestión. 

Frente a la primera estrofa del Himno Nacional: 

Bolivianos: el hado propicio,

coronó nuestros votos y anhelo;

es ya libre, ya libre este suelo,

ya cesó su servil condición.

Se debe considerar el prefacio a la Constitución del 2009: 

Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos.

Simplemente se pone en duda el carácter emancipador de los hechos políticos de 1810-1825. 

Este cuestionamiento de la República de Bolivia, la idea de que su origen en 1825 tiene algo de falso, espurio, engañoso, se ha ido asentando en dos ámbitos de la sociedad boliviana. 

El primero, entre las personas que se autoindentifican como indígenas, y que consideran que el Estado Boliviano creado en 1825 solo respondía a los intereses de la élite criolla (los descendientes americanos de los conquistadores españoles). Es la idea de un Estado Republicano y Neoliberal al servicio de las élites blancoides, extranjerizantes, etc. En este colectivo se puede distinguir dos grupos: los seguidores y admiradores de Evo Morales y del MAS que quieren creer que en 2006 se generó el cambio, consolidado en 2009 cuando la vetusta república dio paso al  Estado Plurinacional de Bolivia. Otro grupo, no ratifica esta creencia, y piensa que todavía el Estado Boliviano esta en manos de las élites señaladas, y que el cambio aun es una posibilidad del futuro. 

El segundo grupo que descree de la República creada en 1825, se halla en el Oriente Boliviano, en un segmento de la población de Santa Cruz, y que se autoidentifican con Lo Cruceño. Estos recuerdan la conflictiva relación que ha tenido la población cruceña (hay quien dirá sus élites) con el Estado Boliviano, y cuya una de sus expresiones más nítidas es la autollamada Nación Camba. 

Así pues, tanto en el Occidente como en el Oriente han surgido grupos de personas, cada uno con sus argumentos justificatorios, que descreen de la creación estatal de 1825. Para unos el Estado Boliviano sólo ha respondido a los intereses de las élites blancas o blancoides, ignorando, o peor aún, actuando en contra de los intereses de las mayorías indígenas del país; para los otros, el Estado Boliviano sólo ha respondido a los intereses de las élites andinas, que han ignorando o peor aun han actuado en desmedro de los intereses de la población del Oriente Boliviano. 

Si estos cuestionamientos, con un fuerte componente étnico, se expanden entre las clases populares, ¿qué nuevos desafíos pueden generar a la convivencia de las personas es una sociedad multiétnica como la boliviana? ¿Serán capaces de socavar la idea de Bolivia como Estado Nación, y abrirán el espacio para su fragmentación? Preguntas que sólo el futuro podrá responder, pero que hay que plantear en el presente. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco A. Del Río

Economista

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