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Cómo perder las elecciones

Los votantes no votan solo porque están enojados. Buscan líderes que expresen su rechazo al orden vigente pero que transmitan un mensaje de futuro, una oferta de felicidad. Si solo transmiten amargura, les siguen solamente los más fanatizados. Quienes creen que debemos ser austeros, ponernos serios y hablar de la filosofía de un candidato se equivocan. Los pobres también ríen y quieren ser felices. En la recta final aparecen carpetazos en contra de los candidatos. Saber manejar contundentemente esos eventos puede ser vital para una campaña exitosa.

Jaime Duran Barba

Consultor de imagen y asesor político.

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Los delirios de políticos que se creen eternos parecen algo cómicos cuando estudiamos la historia desde una perspectiva científica. David Christian fundó un campo académico que permite estudiar al ser humano y la política con otra proyección. Sus textos Mapas del tiempo y La gran historia de todo iniciaron una serie de trabajos académicos que nos permiten entender la realidad.

Christian intenta comprender de manera unificada la historia del universo, de la Tierra, de la vida y de la humanidad, con un enfoque multidisciplinar que mezcla la astronomía, las ciencias físicas y las sociales, analizando los grandes umbrales de la historia.

El primero es el Big Bang, la explosión de una burbuja más pequeña que un átomo, que ocurrió hace 13.800 millones de años. Después, las colisiones y explosiones estelares, especialmente de las supernovas, produjeron elementos complejos. Estamos compuestos de elementos que surgieron en esos procesos, somos en realidad polvo de estrellas.

El surgimiento del sistema solar hace 4.500 millones de años fue el cuarto umbral, el quinto el surgimiento de la vida, el sexto la aparición del Homo sapiens hace unos 200 mil años, y la revolución agrícola.

El socialismo del siglo XXI llegó cuando la tecnología había destrozado la lógica formal

Desde entonces se inició una carrera de acumulación de conocimientos cuya velocidad se incrementa exponencialmente. Todo lo que había inventado la humanidad se duplicó en 1.750 años desde el comienzo de la era cristiana; en 1900, en cincuenta años; actualmente, se duplica cada 73 días. Todo cambió más allá de lo que se pudo imaginar.

La democracia nació con la Revolución Industrial, hace algo más de doscientos años, luchando contra del oscurantismo religioso, alimentada por los textos y teorías del Siglo de las Luces, que fomentaban la libertad, la igualdad y la solidaridad. Su implantación en América Latina es reciente.

En 1990 terminó la guerra entre Estados Unidos y La Unión Soviética. Los norteamericanos decidieron que no existieran más dictaduras, las guerrillas se esfumaron, casi todos los países del mundo adoptaron las economías de mercado ante el fracaso de las economías centralmente planificadas.

Algunos militantes de izquierda adoptaron ideas desarrolladas en países capitalistas, y llegó el socialismo del siglo XXI. Fue un socialismo que surgió cuando la tecnología había destrozado la lógica formal.

Sus dirigentes querían eternizarse en el poder, no respetaban la ética de la sociedad tradicional, creían en un espectro de todo tipo de ideas, compuesto por dirigentes que trababan de actualizar las tesis de izquierda, hasta falangistas que simpatizaban con los gobiernos más reaccionarios del mundo, como el de Irán o el de Rusia.

Las elecciones en Ecuador del último domingo significaron un revés, tal vez definitivo, para esta etapa política. Ya no hay experimentos revolucionarios que provoquen masacres masivas. Las únicas revoluciones socialistas del siglo XXI que provocaron cambios importantes fueron las dictaduras militares de Venezuela y Nicaragua, que expulsaron a un tercio de la población.

Cuando se confunden las religiones con la política ocurren las peores aberraciones

En las elecciones ecuatorianas, el correísmo sufrió una derrota letal. Por segunda vez consecutiva perdió las elecciones, demostrando que tiene un techo imposible de romper por sus contenidos y sus formas.

La Revolución Ciudadana parecía una innovación que terminaría con la “partidocracia”, pero ha envejecido. Las campañas electorales se ven. Correa ya no es el joven apuesto y ágil que protagonizaba campañas interesantes, en las que bailaba y se identificaba con las nuevas generaciones.

Luce viejo, enojado, pelea con otros políticos. No discute los sueños de la gente, sino su propia inocencia en juicios penales que lo mantienen prófugo. Su candidata ofreció convocar a una asamblea constituyente que lo absolviera de sus condenas e implantara la reelección indefinida de presidente, para que volviera al poder como líder eterno de una revolución que no revolucionó nada.

Luisa González pudo aprovechar su condición de mujer para transmitir una imagen propia, pero no lo hizo porque Correa es el dueño del partido y protagonista de todo. Proyecta la imagen de que es el único candidato y líder, y de que los demás son solo sus mascotas.

A última hora decidió que fuera candidata Luisa, sin pensar en otros dirigentes que eran más capaces y conocidos. Los tiempos han pasado, los ayudantes que hacían lo que les venía en gana han crecido, se creen dirigentes. Conozco varios que habrían sido mejores candidatos que los escogidos por Correa y no están contentos con ser esclavos amarrados a un barco que se hunde.

Los correístas imaginaron que podían ganar en una vuelta y que estuvieron a punto de ganar después, pero sus números no se han movido. Para la mayoría de los electores no son un tema relevante. Los jóvenes no discuten acerca de marcas de casetes sino sobre la inteligencia artificial.

La campaña fue chata, aburrida. Los candidatos correístas se subieron a tarimas, dieron discursos, organizaron actos para recordar sus mitos, caravanas, reprodujeron todos los ritos de la antigüedad que ahora hacen perder las elecciones.

Exhibieron el apoyo de decenas de alcaldes y gobernadores (en ese país se llaman prefectos), entre los que estaban los burgomaestres de Quito y Guayaquil, las dos ciudades más importantes del país. Eso solo desgastó la imagen de los dirigentes, y no le dio ningún voto al correísmo. En la mayoría de los países de la región el apoyo de equipos de ministros, diputados y alcaldes a un candidato resta. Boric, Castillo, Lasso, Petro, ganaron porque no parecía que los apoyaba nadie. Es una de las claves del éxito de Milei.

Los debates no influyeron en nada, los protagonizaron candidatos dedicados a discutir asuntos que no quitan el sueño a nadie normal. En el primero, el ruido de los contendientes hizo que pareciera interesante el modesto desempeño de un candidato casi desconocido que pasó a la segunda vuelta, Daniel Noboa. En el segundo no pasó nada.

Hay otros mitos que cayeron en este proceso. El apoyo a Correa, decidido a última hora por el movimiento indígena, no le sumó ni un voto. Noboa tuvo un triunfo resonante en las provincias con población indígena, como Lasso hace tres años. Los dirigentes indígenas no dirigen nada. Son una burocracia ideologizada que repite los ritos de los viejos partidos, mientras los indígenas, como todos los seres humanos, viven en la red. Estas organizaciones pueden detonar la protesta si se toman medidas económicas impopulares, pero no es capaz de comunicar que puede ofrecer un futuro. Los votantes no votan solo porque están enojados. Buscan líderes que expresen su rechazo al orden vigente pero que transmitan un mensaje de futuro, una oferta de felicidad. Si solo transmiten amargura, les siguen solamente los más fanatizados. Quienes creen que debemos ser austeros, ponernos serios y hablar de la filosofía de Maduro se equivocan. Los pobres también ríen y quieren ser felices.

En la recta final aparecen carpetazos en contra de los candidatos. A última hora, aparecen acusaciones a veces absurdas, para dañar la imagen de sus adversarios. Saber manejar contundentemente esos eventos puede ser vital para una campaña.

En las elecciones ecuatorianas, Correa se enredó en una acusación a la que dedicó el último tramo de la campaña defendiéndose de una acusación que no existía. En la primera vuelta, sicarios colombianos asesinaron a un candidato presidencial. Uno de los allegados al difunto dijo que Correa tenía que ver con el tema y él, siguiendo el manual de lo que hay que hacer para perder una elección, se dedicó a hablar de la acusación.

Lo peor que puede hacer una campaña es dedicar el tiempo a discutir un tema negativo. Ante los carpetazos debe tomarse una actitud radical que corte con el tema, lo aclare y supere. Lo peor es prolongar una discusión en la que los electores no saben qué pasó.

La izquierda arcaica defiende a las dictaduras militares del Caribe. La candidata correísta dijo que en Venezuela se vive mejor que en Ecuador, lo que es a todas luces un disparate. Cientos de miles de venezolanos viven en Ecuador porque tuvieron que escapar de la barbaridad de la dictadura que los mataba de hambre. Viven mejor con la dolarización.

No hay pobres ecuatorianos habitando en villas venezolanas, ni de ningún otro país de la región. Muchos pobres extranjeros van a Ecuador para vivir mejor con la dolarización. Los intelectuales y políticos ideologizados defienden a Maduro, pero la gente tiene sentido común y no cree que esté mejor un país cuyos habitantes ven gente mendigando en todos los semáforos. Personas educadas, no intoxicadas por las ideologías, tampoco admiran a un señor que habla con pájaros y dice que Jesús de Nazareth fue un palestino crucificado por el imperialismo español.

Felizmente, en Ecuador la revolución liberal separó a la Iglesia del Estado. Cuando se confunden las religiones con la política, ocurren las peores aberraciones. Dentro de Occidente, solo en Argentina el aparato de la Iglesia participa de las elecciones, apoyando a ciertos candidatos. Hace cuatro años impulsaron a un candidato que promovía el aborto, apoya a líderes cuestionados por corruptos con manifestaciones y bailes dentro de las basílicas. En Ecuador eso no existe. El ayatolá de Quito no se toma fotos con un candidato ni ataca a sus adversarios. La mayoría de sacerdotes haba de teología, disciplina que fue reemplazada en Argentina por manuales de activismo peronista. Uno de los gobiernos más criminales del momento es el controlado por los obispos de Irán. Cuando los religiosos gobiernan un país, solo puede llegar el terror.

El gobierno de Petro agoniza en Colombia, no se ve que esa izquierda tenga retorno, Evo eterno quiere volver a Bolivia derrotando a sus mortales compañeros de partido, Boric vive una crisis terminal, Correa se desmoronó.

La izquierda tendrá que inventar algo novedoso, que integre los cambios tecnológicos y las pulsiones de los nuevos seres humanos. Los ritos y las ideas que parecían geniales en mi adolescencia caducaron. En términos de la gran historia, no tienen retorno.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Jaime Duran Barba

Consultor de imagen y asesor político.

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