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Cual mejunje: de aquí, de allá, de acullá, de todo y de (casi) nada

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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Hoy en la mañana, abrí un WA (léase: mensaje de WhatsApp) de un amigo con una de las geniales caricaturas de Quino: un abuelo enseña a su nieto su extensa biblioteca y le describe quiénes eran egipcios, etruscos, griegos, romanos y mayas, aztecas e incas, a lo que el crío le pregunta: «¿Y nosotros, abuelo? ¿Quiénes somos nosotros?»; la caricatura (hoy meme) termina con el nieto saliendo de la biblioteca y, a pregunta de su mamá «¿Y el abuelo?», le responde: «En la biblioteca, llorando».

Nosotros, ¿deberíamos llorar? Sí, de nuestra propia estolidez, de repetir yerros, de confiar una y otra vez en humos, de dejar engatusarnos de nuevo con cuentas de todos los colores… Pero esto es sólo un a modo de exergo para entrar a lo que sigue.

Hablemos de censo. De contenido y de fiabilidad.

Harto se ha hablado -porque se habla y se desbarra también- sobre incluir el autorreconocimiento como mestizo y la pertenencia a una creencia religiosa. El rechazo oficial a incluir ambas tiene el mismo “agujero negro”: desde el 2012, el discurso ideologizado del MAS aferrado a “somos un país indígena” se desdibujó censalmente cuando sólo el 40,6% se autoadscribió como tal, cifra seguro muchísimo menor aun si se hubiera incluido la opción como mestizo -reconocimiento que hace orgullo en Brasil y Cuba, por sólo mencionar dos casos que los incluyen en su boleta censal- y no nos hubiera reducido el 59,4% de la población a la categoría “no-son”; huelga decir que las “justificaciones” en contra -dada por mestizos culturales que no son indios, es decir: “no-son”- se basan en tergiversaciones acusando de un racismo que carcajearía a Darcy Ribeiro o, quiera Dios que no, tras manipulación sofista -o incapacidad maniquea- de lo recomendado para tal por NNUU y CEPAL, que no repetiré porque la abundé en mis columnas anteriores ahora y en 2012.

Lo mismo sucede con la renuencia a incluir la adscripción religiosa: la batalla ideológica masista necesita “vender” un país ateo o politeísta prehispano porque de esa forma espera lograr dos “goles”: aspira a “desempoderar” la voz de las iglesias -el pueblo creyente- y a reforzar el presunto “indigenismo mayoritario”. Pero ambos van raudos en camino de autogoles.

De la fiabilidad -no abundaré porque soy neófito-, el enfrentamiento  está en asegurar su fiabilidad: geografía censal actualizada. Para oficialistas sí, para muchos no oficialistas -universidades incluidas-, definitivamente no. ¿Otro fracaso parcheado como 2012?

Hablemos del Defensor del Pueblo (de yapa le toca al proceso del Contralor).

De inicio, el proceso empezó con dos coyundas que atenazaban a los parlamentarios: el hábito del -perdido- rodillo masista y la falta de unidad e inexperiencia legislativa de “las oposiciones”. Recordemos los encontrones y peleas que hubo y cómo, negociando, se abrieron caminos. Ahora, en etapa final, vuelve a estancarse todo y algunos ya hablan de prorrogar un interinato que no llegó a candidatura escogida. ¿Qué urge? Que el presidente nato ejerza su atribución de llamar al diálogo y al consenso y que todos los asambleístas -oficialistas y no oficialistas- encuentren un mínimo de consenso y se abandonen posiciones por el desastre: o el interinato o las fojas cero. Quizás así se aprenda para la elección siguiente: el Contralor y se acaben los absurdos interinatos eternos.

De la economía, no me referiré a las siempre auguriosas declaraciones desde el ministerio del ramo; iré a las repetitivas confrontaciones entre el estatismo y los productores agropecuarios -huelga decir “privados” porque no estatales (menos mal porque hubieran sido de fracasos)-, con el productor siempre tildado de agiotista, “solución” para un modelo estatista que termina en importador y, paradoja, freno a las exportaciones -¿acaso exportar no apareja impuestos para el Estado? Dejaré el rifirrafe para versados economistas.

¿Y la Batalla de Ucrania? A 79 días de comenzada la invasión putinesca a Ucrania -artera y despiadada con Ucrania, autodestructiva para Rusia, baldón para Bolivia-, las únicas “victorias” de Putin han sido unir más Europa entre sí y con EEUU -contrario de lo que Putin buscaba y Trump quería-, reforzar la OTAN más de lo que pensaba y patear el multilateralismo y la globalización -China “colabora” con sus encierros “COVID cero”-, afectando la economía mundial y provocando miseria en la rusa.

«La mies es mucha y los obreros pocos» (Mateo 9:37). Pero la zarza hoy es más.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo

 


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José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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