Opinión

De los artistas y los deportistas, por Romano Paz

Romano Paz

Politólogo

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Advierto que este es un texto universal, por ende, es atemporal y está destinado a personas con criterio maduro, chauvinistas abstenerse, disparemos.

En nuestra civilización, desde siempre ha prevalecido la insensatez, en alusión a los citados en el tenor de la presente columna podemos decir que “no” todos los artistas y los deportistas son unos mercenarios, sin embargo, lamentablemente el común denominador es que la mayoría no palidecen al brindar sus servicios al mejor postor, milenios nos demuestra que es un poderoso caballero el señor Don Dinero. En este selecto grupo resulta muy difícil encontrar destellos de rebeldía, de insubordinación, son escasos los ciudadanos que se mueven bajo convicciones propias y principios que indistintamente de su corriente de pensamiento, sirvan de norte para asumir posiciones innegociables frente a controvertidos demandantes de sus servicios. 

Es cierto que no podemos meter a todos en una misma bolsa, pero también es cierto que a lo largo, ancho y profundo de la historia, son pocos los loables y dignos de respeto que en su calidad privilegiada de influencers, han asumido con gallardía una posición de crítica social para promover un cambio positivo en la humanidad y que además se han negado a brindar sus servicios a cambio de dádivas que estén manchados de sangre, expoliación, autoritarismo, corrupción, en fin, todo tipo de ramas afines. De manera contemporánea, en este punto es imposible no aplaudir a los raperos de la Calle 13, si, los boricuas que cantan que no se puede comprar el viento, el sol, los colores ni la alegría.

En defensa de los artistas y los deportistas podemos argumentar que no son extraterrestres que vienen de otro mundo o de una galaxia muy lejana, son mortales que han sido dotados de diferentes talentos que los hace destacar de entre los comunes, pero provienen de esa muchedumbre que hemos convenido llamar pueblo, y cómo podemos demandarles o cuestionarles, si el pueblo acostumbra idolatrar a delincuentes consumados que tienen en su haber un fructífero prontuario, que irónicamente, a más extenso, mayor la fama del Super Star.

Por otro lado, es comprensible la posición cómoda de los artistas y los deportistas, ya que ser irreverente e insumiso con el orden imperante de cada época no está para nada exento de riesgos, al contrario, ser un loco en el país de los cuerdos, ser sabio en el país de los necios o ser malo en el país de los buenos, ha llevado al más allá (generalmente de forma muy cruel), a algunos de los más insignes hombres y mujeres que ha parido la humanidad. Acaso no murió en desbandada y en la paupérrima pobreza el General del Laberinto, si ese que soñaba con la utopía de la Gran Colombia y se resignó a haber arado en mar. Aquel que partió la historia en dos por alzar la voz para pedir igualdad en un mundo de desiguales fue martirizado y luego crucificado por su afrenta. Un igualitario de apellido Ibáñez proveniente de un rincón olvidado del sur fue entregado por sus paisanos al centralismo que los oprimía (infamia que irónicamente combatía), para ser ejecutado en el paredón de la muerte. Como muchos otros, dejaron profundas enseñanzas, pero lamentablemente sus alumnos todavía no habían nacido, se adelantaron a su época, fueron caídos del tiempo. 

Algunos que se negaron a ser mártires de causas perdidas, tuvieron que manifestarse en códigos cifrados, para que los enemigos de la duda puedan acceder de primera mano a sus pensamientos, pero que sean incapaces de comprender el significado que se escondía detrás de tan raros postulados, tal como lo hizo de manera exquisita el enamorado de Beatriz, si Beatriz la de La Divina Comedia, que de comedia no tienen nada, también es digno de este género el que hizo hablar magistralmente a un tal Zarathustra y nos propuso el Súper Hombre, dignísimo de esta lista es el genio distópico creador de La Rebelión en una granja y el Gran Hermano, y bueno, la lista puede extenderse. 

A modo de cierre me despido con la siguiente metáfora: Pobre de ti Gullibert, un día los enanos se rebelarán contra ti, no podrán perdonarte que seas el único Gigante.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Romano Paz

Politólogo

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