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Derechas o nuevas derechas y urgentes urgencias para Bolivia

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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Con agrado intelectual —aún espero el académico— he visto que en nuestros medios aparecen nuevamente publicados con relativa frecuencia —aún poca— análisis sociales y políticos desde bases conceptuales más allá de consignas partidarias o “yoístas” con más de genitalidad que de cerebridad, análisis que saltan el común vallado limitante que, desconocedor de semánticas, imponen a la política como exclusivo sinónimo de partidismo. Extrañadas apariciones éstas porque después de los encendidos y enjundiosos debates conceptuales alrededor de la Constituyente —manoseada, es verdad, por los desembarcados de CEPS, ubicados luego en PODEMOS—, muchos de los que en ellos participaban —la generación posterior a Mansilla, Romero Pittari y Rivera Cusicanqui— se “autosilenciaron” después.

No hay dudas que para muchos de esos pensadores el soporte argumental estaba entonces hacia la izquierda, lo que era muy entendible en esas primeras fechas por el aún pretendido romanticismo de “los nuevos tiempos” tras las crisis a partir de Bánzer. Riqueza de ideas “aún cocinándose” sin rehuir debates que muy pronto se silenció; arriesgándome diré que los factores del silenciamiento estuvieron en el triunfo de una coyuntural narrativa triunfalista —bolivariana y forista—, por frustración de esos actores pensantes por lo que pasó después —Laclau sobre Bordieu— y por —no menos importante— ausencia de nuevos referentes desde otras posiciones intelectuales, apartadas de las guerrillas políticas porque éste era el espacio que el triunfalismo oficial dominaba.

Iniciaré con dos columnas de opinión de reciente publicación: “La ‘nueva derecha’” de Antonio Saravia y “Repensar la cuestión nacional: Siete tesis para la discusión” de Henry Oporto cuyas conclusiones, aunque sean análisis distintos, tienen muchos puentes comunes.

Para hablar de “La ‘nueva derecha’” —coincidente con las charlas que Agustín Laje Arrigoni, ideólogo de esa Nueva Derecha, dio en Santa Cruz de la Sierra— empezaré aclarando que las izquierdas —exitosísimas en crear y posicionar su narrativa— han estigmatizado “las derechas” como ideologías del anticomunismo de la Guerra Fría, totalitarismos y dictaduras cuál Tirano Banderas de Valle-Inclán, izquierdas que se han arrogado una imagen de modernidad y progresismo cuando hoy en día, en nuestras sociedades líquidas —huérfana de asideros tradicionales, como refería Bauman—, nacidas en la Cuarta Revolución y, por ende, colgadas de la modernidad e inmediatez tecnológica, se descreen las grandes consignas, las “políticas para rebaño” y los mantras marxistas. Y eso es liberalismo contemporáneo mondo y lirondo: es… ¿Nueva Derecha entonces?

Retomando Saravia —y Laje—, esa sociedad líquida —descreída nos previene Durán Barba— tampoco podría ubicarse dentro del período llamado neoliberal (aunque éste, con sus aperturas al mercado e inversión, nutrió el dizque Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo —capitalismo de Estado présbichiano— para que pudiera vanagloriarse de un írrito y ajeno “éxito”. Saravia conceptúa que esa Nueva Derecha «agrupa a libertarios (aquellos no progresistas), conservadores (aquellos que no sean inmovilistas o hagan de la religión su valor político fundamental) y patriotas (siempre y cuando no sean estatistas) bajo el paraguas de un conjunto básico de principios liberales».

Reconoceré que algunos de los referentes que menciona no son de mi pleno convencimiento (ni Milei ni Bolsonaro ni Trump lo logran total) y desconozco en gran medida a López Aliaga (Perú) pero sean bienvenidas nuevas ideas con valores que movilicen esperanzas y generen debate.

El otro autor, Oporto, nos advierte de siete crisis que —cual vacas flacas de José en el Génesis— se nos han instalado: Los desafíos de gobernabilidad que vienen desde la crisis de 2019; el país fracturado que tenemos; la desunión de nuestra sociedad; el Contrato Social actual fallado para edificar un Estado social, descentralizado y plural, que trajo menos democracia y un país fracturado; la brecha de desarrollo hoy entre Santa Cruz y las otras regiones; la construcción de la Nación Boliviana, y la urgencia de articular un nuevo Contrato Social entre el Estado, los ciudadanos y las regiones. Vale, y mucho, retomarlas de nuevo.

A las posiciones de Saravia, el escritor Fernando Molina opuso su descrédito en un tuit; la respuesta por Saravia ha sido una invitación al debate. Ojalá éste se dé y sea público pues la exposición argumentada de ambas posiciones opuestas enriquecería sobremanera el resurgimiento de las discusiones conceptuales.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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José Rafael Vilar

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