Opinión

El 52 

Manuel Suarez

Doctor en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid

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Renzo Abruzzense ha escrito un interesante ensayo sobre las consecuencias de la Revolución del 52 en la realidad actual. Para publicar ese ensayo, Abruzzense tuvo la amabilidad de solicitarme una reflexión a modo de prólogo. Transcribo partes de esa reflexión.   

  1. La cuestión de la modernización

Quizá sea bueno aclarar algo a fin de entender cualquier lectura sobre ésta o sobre cualquier otra revolución modernizadora: modernizar significa básicamente igualar. 

La igualación –y no la libertad– es el signo de todas y cada una de las revoluciones que marcan la entrada al capitalismo contemporáneo. Es decir, que marcan la entrada a las sociedades empeñadas en dejar atrás el pasado de rasgos feudales. Por ejemplo, ése es el signo de la Revolución Francesa. 

Con esas revoluciones la igualación se aplica a todo. También a la libertad. 

Así, puede decirse que la modernización, antes que nada, es la superación de la sociedad fundada en la desigualdad o el privilegio y consecuentemente, es el paso a la sociedad fundada en la igualación y en los derechos. No fundada en la igualdad –que eso es un valor antiguo, una creencia religiosa o un ideal— sino fundada en la igualación. En otras palabras, fundada en el proceso histórico mediante el cual, la economía, la política y la cultura, impulsan la tendencia hacia la igualación de todos los seres humanos. 

Renzo resitúa a la Revolución del 52 como fundamento del historial modernizador en Bolivia. Y digo resitúa, porque diversas tradiciones políticas –a través de las décadas y desde la caída de los gobiernos revolucionarios–, han ido conceptualizando esta Revolución como un tema importante pero no central. Sin embargo en los últimos años –y sobre todo, a raíz de los gobiernos de corte Nacional Popular presididos por Morales–, va apareciendo cierta tendencia a revalorizar, o a resituar, el 52 como referencia fundamental en la tradición modernizadora boliviana. Pues bien, el texto de Renzo profundiza en esta tendencia y lo hace sin complejos. 

Y aquí una hipótesis sencilla. No puede entenderse la modernización boliviana sin la Revolución del 52, a la vez que no puede entenderse la Revolución del 52 sin su proyecto político de modernización e igualación universalista. Proyecto que –a mi particular parecer– es, en efecto y por antonomasia, el proyecto modernizador de Bolivia.  

  1. La Revolución como parte de un proceso 

Renzo, efectivamente, ve la Revolución del 52 como parte de un proceso que va construyendo lo histórico. Pero ojo. Un proceso  que no viene predeterminado por fuerzas misteriosas,  imbatibles y sobrehumanas. Un proceso hecho por seres humanos normales, sin importar la clase social, el oficio, el sexo u otra diferencia. Un proceso hecho por diversas personas cuyo común denominador es, simplemente, la intención y la potencialidad política de construir una comunidad moderna, donde impere la igualación. Es decir, de construir una Bolivia soberana y de la gente. Es, entonces,  la Revolución vista como una construcción política. 

  1. La democracia republicana y la Revolución del 52

Renzo en este campo habla desde los valores. Él es republicano. Y busca el nexo entre lo republicano y la tradición Nacional Popular. Como se ve en la obra, no le es difícil pillar los vasos comunicantes entre ambas visiones de la vida pública. Y por eso en su texto tenemos una reflexión muy interesante sobre los límites del poder.  

En esa tarea, Renzo Abrussense, tiene a su alcance los hitos históricos en la Revolución que son de matriz liberal. Por ejemplo, el voto universal. Pero también tiene a mano la experiencia boliviana de la transición democrática. Y esa transición, puede decirse con pocas dudas, está cimentada en ambos terrenos: en el terreno de lo republicano y en el terreno de lo Nacional Popular. 

A partir de todas esas reflexiones, Renzo lanza una hipótesis de futuro. Una hipótesis que casi es una propuesta. Dejo al lector el gusto de descubrirla en el libro. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Manuel Suarez

Doctor en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid

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