OpiniónEconomía

El acuerdo con el FMI y las reformas pendientes

Oscar Ortiz Antelo

Ha sido senador y ministro de Estado.

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Finalmente se ha anunciado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, aunque faltan aún algunas semanas para que sea aprobado por el Directorio del organismo multilateral y la Asamblea Legislativa Plurinacional. Es un paso muy importante para iniciar un camino que debiera ser la base de la estabilización de la economía boliviana y el inicio de un programa de reformas estructurales que permitan reactivar la economía y establecer los fundamentos de un desarrollo sostenible.

Es necesario, e incluso imprescindible, que las autoridades nacionales desarrollen una campaña comunicacional y pedagógica sobre la necesidad de este acuerdo, la gravedad de la crisis que vivimos, el fracaso del modelo populista y estatista y el carácter fundamental de las reformas estructurales para hacer sostenible la estabilidad económica, aún esquiva.

Hasta el momento, no es lo que ha sucedido. El gobierno se muestra muy tímido sobre la denuncia del fracaso estatista, el costo de las empresas estatales y su impacto sobre la economía de cada boliviano, que ven a diario sus ingresos y patrimonio erosionados por la perniciosa combinación de perdida de valor de la moneda y la inflación que genera.

A mucho les cuesta aceptar que somos nosotros, como país, los necesitados de estos fondos y préstamos. Ni los organismos multilaterales necesitan prestarnos ni el mundo va a esperarnos para continuar con su desarrollo y el vertiginoso avance tecnológico en la era de la inteligencia artificial.

Las grandes corporaciones y empresas transnacionales tienen muchos otros países en lo cuales invertir y de los cuales abastecerse de los recursos naturales que se convierten en materias primas para la economía digital y el cambio de las fuentes de energía. Aunque nos creemos imprescindibles, no lo somos. El fracaso del proyecto del litio y la producción de baterías en el territorio nacional es una nueva muestra de la incapacidad de las empresas públicas de contribuir al desarrollo.

En realidad, este acuerdo con el FMI equivale a un auxilio “in extremis” para evitar que la crisis boliviana se descontrole. Sin embargo, lo importante será cómo se gestionen estos recursos y hacía donde conduce el puente en el que podrían transformarse.

Si bien, la comunidad internacional conoce a cabalidad la situación del país y la gravedad de la crisis que sufrimos, tampoco se puede pretender que nos financien indefinidamente el déficit, la existencia de empresas publicas que solo generan perdidas y corrupción, así como subsidios que se convierten en contrabando hacía los países vecinos.

Nos podrán ayudar por un tiempo para que gradualmente se vayan superando los problemas del déficit fiscal, mitigando los problemas sociales, así como se reforme el marco jurídico para volver a reinsertar a Bolivia en los circuitos internacionales de inversión y comercio internacional.

Sin embargo, no podemos creer que sólo los créditos sean suficientes para estabilizar la economía y, peor aún, para que crezca la producción en sectores fundamentales como la agropecuaria, la energía, la minería, las telecomunicaciones y el turismo, entre los mas importantes para la creación de empleos y la generación de divisas.

Es tarea del Gobierno Nacional y la Asamblea Legislativa Plurinacional adoptar las medidas de corto plazo y afrontar las reformas de mediano y largo plazo que son necesarias para sacar el país adelante, sabiendo que el proceso de reconstrucción nacional, después de dos décadas de autodestrucción, deberá tener continuidad por lo menos durante 15 a 20 años para consolidarse, tal cual ha sucedido con el Perú donde se ha resguardado la estabilidad económica a pesar de la inestabilidad política.

Conociendo el escenario político nacional, cabe esperar que muchas medidas y reformas se terminen adoptando más por necesidad que por convicción. De todas maneras, lo importante es que se avance para no solo aspirar a una estabilización sino buscar una reactivación que se transforme progresivamente en prosperidad.

En los próximos meses se jugará el futuro del país para definir si emprendemos un nuevo camino hacía la modernidad y el progreso o continuamos la decadencia y el retroceso de las dos ultimas décadas. Dependerá del sentido de responsabilidad histórica de quienes hoy tienen en su mano el poder nacional, tomar las decisiones adecuadas para iniciar un nuevo proyecto histórico de desarrollo.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Oscar Ortiz Antelo

Ha sido senador y ministro de Estado.

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