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El ahora famoso libro “Santa Cruz S.A.” tiene un mérito: plantea preguntas incómodas sobre el desarrollo cruceño. ¿Cuánto respondió a iniciativa privada y cuánto a políticas públicas? ¿Qué papel jugaron el crédito, los subsidios y la regulación? ¿Existe concentración económica?
Mi observación no está en las preguntas, sino en la distancia entre la evidencia y algunas conclusiones. El documento es más fuerte como generador de hipótesis que como demostración causal.
Existe el riesgo de seleccionar evidencia compatible con una interpretación y tratarla como suficiente para probarla. Concentración, vínculos empresariales o subsidios son relevantes, pero no demuestran por sí solos captura, privilegio o dependencia.
Por ejemplo, los trabajos de Emmanuel Saez y de Gabriel Zucman, ganadores de la John Bates Clark Medal, la medalla a los mejores economistas menores de 40 años, muestran cómo estudiar concentración del ingreso y la riqueza con definiciones, datos consistentes y supuestos explícitos. El problema no es observar concentración, sino pasar de concentración a captura sin demostrar el mecanismo.
La literatura crítica sobre élites tiene virtudes: reconstruye empresas, familias, créditos, tierras y relaciones con el Estado que una narrativa celebratoria puede omitir. Su debilidad aparece cuando conceptos como “élite”, “oligarquía” o “captura” explican acontecimientos muy distintos. Muchos hechos no bastan para demostrar causalidad.
Recuerdo una discusión de mis años en el Banco Central. Alguien afirmó que el BCB “financiaba la guerra de Estados Unidos en Medio Oriente” porque invertía reservas en títulos del Tesoro durante la guerra. Las premisas podían ser ciertas, pero la conclusión no se desprendía automáticamente. Comprar deuda pública financia al gobierno en sentido amplio; no demuestra que esos recursos financiaran específicamente una guerra. Entre un hecho y una afirmación causal hay un mecanismo que debe probarse.
Algo parecido ocurre con las redes de élites. Recuerdo la revista “Potosí, ayer y hoy” editada por Gastón Dick, donde aparecían las personalidades potosinas de comienzos del siglo XX. Se repetían los mismos apellidos porque Potosí era una ciudad pequeña. Si hoy reconstruyéramos una “élite potosina”, encontraríamos conexiones. En sociedades pequeñas, encontrar redes es fácil; demostrar que generaron privilegios o captura es otra cosa.
Como coautor del libro Modelo de Desarrollo Cruceño, reconozco que Santa Cruz no se desarrolló sin Estado. Nuestro análisis incorpora infraestructura, instituciones y políticas públicas, junto con recursos naturales, capital, trabajo y productividad. La diferencia está en intentar establecer la contribución relativa de esos factores y no decidir de antemano cuál explica el resultado.
La cuestión central es esta: investigar significa buscar la verdad incluso cuando contradice nuestras preferencias. La forma correcta es científica. Como advertía Santiago Ramón y Cajal, nuestras ideas deberían encontrar en nosotros más fiscales que abogados defensores. Investigar no es acumular pruebas de lo que ya creemos, sino buscar aquello que podría demostrarnos que estamos equivocados.
Para estudiar este fenómeno existen métodos concretos: rastreo de procesos; operacionalización de élite y captura; triangulación de fuentes; comparación entre regiones, empresas o períodos; contrafactuales; casos positivos y negativos; hipótesis alternativas; coyunturas críticas y dependencia de trayectoria; y técnicas cuantitativas de concentración, redes e inferencia causal.
Por eso, la mejor respuesta a Santa Cruz S.A. no es defender Santa Cruz ni negar sus problemas. Es investigarla mejor. Si hubo privilegios, hay que demostrarlos; si hubo captura, identificar su mecanismo; si hay explicaciones alternativas, someterlas a prueba.
Santa Cruz no necesita un mito favorable para responder a otro desfavorable: necesita evidencia. Y, también pensar en cómo proyectar el desarrollo cruceño plenamente en el siglo XXI.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



