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El narcotráfico ha gozado, goza y seguirá gozando de impunidad, protección y toda clase de privilegios en Bolivia. Hace 40 años, sicarios dieron muerte al científico cruceño Noel Kempff Mercado y sus acompañantes Juan Cochamanidis y Franklin Parada. La escena del crimen fue la Serranía de Caparuch, próximo a una inmensa fábrica de cocaína, cuya existencia ya era de conocimiento no sólo de las autoridades nacionales, sino también de la DEA norteamericana.
El caso desnudó el universo de corrupción imperante en Bolivia, que venía haciendo de las suyas desde la década de los 70´, especialmente en el gobierno dictatorial de Luis García Mesa (1980-1981). Tal como sostiene Cortez Hurtado, la potencia económica del criminal negocio rápidamente, extendió y multiplicó sus vínculos con los aparatos del Estado, especialmente con los que mayor relación tenían con su represión y control, generando una amplia clientela burocrático-estatal que se nutre de sus dádivas (Cortez Hurtado, Roger, La guerra de la coca).
La derrota de las dictaduras militares no termina con la burguesía traficante de cocaína y ni siquiera la desorganiza, pues mostrando una elevada capacidad de adaptación política se acomoda a la nueva situación, descubriendo que sus negocios pueden funcionar óptimamente en democracia. De esta forma, el narcotráfico desecha sus planes de copamiento global del poder del Estado y opta por mantener bajo su control a diferentes agrupaciones políticas a las cuales financia, patrocinando candidatos y campañas electorales. Todo esto se puso de relieve cuando la comisión congresal que investigó esos hechos (5 de noviembre de 1986), llegaba a las siguientes conclusiones:
- a) El asesinato del Prof. Noel Kempff Mercado y sus acompañantes, fue resultado directo de la presencia de poderosos grupos narcotraficantes que actúan en el territorio nacional con absoluta impunidad, contando con la protección implícita, o al menos la tolerancia, de organismos que forman parte del sistema judicial y policial boliviano.
- b) Este crimen ha sido posible, además, por la negligente actuación de los organismos policiales responsables de la lucha contra el narcotráfico, que incurrieron en una verdadera y completa delegación de funciones a favor de las tropas USA y de la DEA, que actuaron con absoluta autonomía de decisión respecto de las autoridades y mandos institucionales (militares o policiales) bolivianos.
- c) Esa irregular intervención de las tropas militares norteamericanas y de la DEA, ha sido permitida por miembros del gabinete ministerial, encargados de velar por la observancia estricta de las normas bolivianas en materia de presencia militar y policial extranjera en territorio nacional, a saber: los señores Ministros de Relaciones Exteriores y Culto; del Interior, Migración y Justicia; y de Defensa Nacional, habiendo incurrido en negligencia culposa, inobservancia de leyes, incumplimiento de deberes, delegación de facultades y haber, por consiguiente, permitido se infieran graves lesiones a la soberanía nacional.
- d) La acción de funcionarios de la DEA y del mando militar norteamericano, en las semanas previas al asesinato de Huanchaca y en los días 6, 7 y 8 de septiembre de 1986, ha sido gravemente responsable (por omisión culposa) del crimen perpetrado contra el Prof. Noel Kempff Mercado y sus acompañantes y de la demora injustificada.
Llama la atención a la distancia, no obstante, que sólo se haya logrado detener y sancionar, como autores materiales, a dos pinches trabajadores brasileros. Nunca se conoció, ni se sancionó a los dueños, jefes, proveedores de precursores, acopiadores, distribuidores, vendedores, compradores, etc. que, de una u otra forma, participaron en la “mega fábrica de cocaína”. Al margen de defenestrarse ministros, jefes policiales, militares, etc. prevaleció la completa impunidad, y las mafias volvieron a rearticularse y mimetizarse en el mundo político boliviano.
Todo este fenómeno se explica, en parte, porque existen políticos ávidos de llegar al poder a cualquier precio y en ese afán pueden pedir y recibir dineros del narcotráfico. En Colombia, Ernesto Samper Pizano, habría recibido dinero del narcotráfico para llegar a la Presidencia. Salvo honrosas excepciones, la angurria de los políticos de trepar al poder no tiene límites. Se conoce de un extinto alto dirigente político boliviano que tuvo la peregrina idea de crear el Ministerio de las drogas, pero no para combatir el narcotráfico, sino para aliarse con los cárteles de las drogas y buscar nada menos que la presidencia de la república.



