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El nuevo liderazgo a partir de la pandemia, por Aldana Fernandez

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La pandemia ha dejado a relucir de qué están hechas las empresas, y cada que hablamos de ello, se nos viene a la mente quienes las lideran, puesto que sabemos que el 50% de la construcción y sostenimiento de la cultura organizacional está en manos de esta cúpula. 

En este escenario de COVID-19, el rol de los líderes ha sido clave para mantener y promover el compromiso y la motivación de los colaboradores. Más aún, de recrear un clima de apoyo y cercanía a pesar de las distancias. En consecuencia, hablamos de la construcción del vínculo de confianza que se hace presente en los buenos ambientes laborales. 

En estos lugares de trabajo, los líderes se enfocaron en mejorar sus comunicaciones, a través de una interacción fluida, de apoyo y apertura hacia los colaboradores, obteniendo mejores resultados en el nivel de satisfacción de sus trabajadores. La claridad de los mensajes, la frecuencia en la comunicación y una mayor orientación hacia escucharlos, provocó una mejor experiencia laboral del empleado. 

El liderazgo siempre ha tenido un rol preponderante en el éxito de toda organización, pero en tiempos de pandemia, se convirtió en una variable indiscutible. Por otro lado, el líder de un gran lugar para trabajar se enfocó en buscar el bienestar físico, psicológico y emocional de los colaboradores; en consecuencia, el compromiso se incrementó, permitiendo a la empresa encarar la crisis de mejor manera y con mejores resultados. 

Al analizar en retrospectiva el desempeño de los líderes de las empresas que sobresalen por construir ambientes de alta confianza, se destacó la inclusión, tomaron en cuenta las voces de todos, promovieron la equidad, la igualdad de oportunidades y valoraron la diversidad. Esta acción favoreció a la generación de nuevas ideas, soluciones más rápidas ante problemas y una mayor apertura hacia los cambios. 

La alta incertidumbre vivenciada, dio lugar a que en los buenos entornos laborales los líderes se centren en el desarrollo y crecimiento del colaborador. Acompañar el proceso de adecuación a nuevas herramientas de trabajo, nuevos espacios, nuevas relaciones, nuevas tecnologías, nuevos sistemas o procesos.  A potenciar el ser sobre el saber, en el sentido de desarrollar las habilidades blandas; como la resiliencia, el manejo emocional, la comunicación efectiva e incluso la administración del tiempo. Todo ello, generó entornos más humanos y con mayor sensibilidad. 

El liderazgo estratégico fue sin lugar a dudas clave para afrontar la coyuntura, líderes que redefinieron sus planes de acción, sus proyecciones, que hicieron ajustes económicos, promovieron la optimización de recursos y adecuaron la estructura para ser más eficientes como productivos. La visión, creatividad, competencia, así como el saber compartirlo con sus equipos apoyaron al sostenimiento y éxito de las diversas implementaciones. 

Estos modelos de liderazgo llegaron para quedarse, como los múltiples cambios que visualizamos en nuestro medio, tal vez, la pandemia nos trajo momentos muy duros, como desafiantes, pero nos impulsó a mutar con agilidad hacia una gestión de personas más flexible, personalizada, adaptativa, inclusiva y participativa. 

El desafío detrás de lo aprendido, será no volver a liderar bajo las viejas tradiciones, sino por el contrario, impulsar a este equipo de capitanes a fortalecer sus competencias, adecuarlas y ponerlas al servicio de todos en la organización.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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