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¿Es usted responsable de lo que hace y dice en las redes?

La pregunta del título está dirigida a todos y todas. Interpela la responsabilidad frente al lenguaje utilizado en las redes y el respeto a la dignidad del prójimo.

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Isaac Nahón Serfaty1

Las recientes revelaciones de una exempleada de Facebook sobre sus «malignos algoritmos», y el anuncio de que la empresa cambiada de nombre (ahora se llama Meta) se embarca en un nuevo filón de realidad virtual tipo Matrix, dan la impresión de que los seres humanos estamos a la merced de poderosas corporaciones que controlan nuestras emociones, pensamientos y acciones gracias a la manipulación de cantidades enormes de datos y la violación de nuestra vida privada.

Aunque hay algo de verdad en esta afirmación, el problema con estas noticias es que tienden a dar la impresión de que somos solamente víctimas de grandes dispositivos de control social, y que no tenemos ya ninguna responsabilidad en la forma en la que nos comportamos en las redes sociales. Parece una excelente coartada para afirmar: «Fíjense, yo soy presa de estos monstruos informáticos, que manejan mis emociones y mis deseos». Nos declaramos así irresponsables sobre el uso que hacemos en las redes digitales.

Manipulación y propaganda

Los estudios de la comunicación y de los medios nos dicen que esta victimización no es del todo cierta. La manipulación de las emociones primarias es tan vieja como la propaganda. Cuando Facebook, Twitter, TikTok apelan a nuestras pulsiones más básicas (supervivencia, deseo sexual, narcicismo), hacen lo mismo que hicieron Goebbels, Lenin y los padres del marketing moderno como Edward Bernays. La diferencia es que las corporaciones digitales tienen acceso a tecnologías más sofisticadas para conocer nuestras preferencias y rutinas. Explotan esta información para inducirnos a que nos gusten o atraigan productos, personas, contenidos, ideas, imágenes, desde los más sublimes hasta los más grotescas.

¿El hecho de que Facebook y Google conozcan muy bien nuestras pulsiones nos hace menos responsables de lo que decimos y hacemos en las redes? La respuesta no es unívoca. Tiene matices. En primer lugar, tendremos que reconocer que los seres humanos somos un amasijo de pasiones y que buena parte de nuestros comportamientos tienen una alta carga emocional. Eso es cierto para todos los seres humanos, sin distingo de origen étnico, cultural, orientación sexual e incluso nivel educativo. Si esto es así, entonces, siguiendo al filósofo Baruj Spinoza, no nos queda otra cosa que desarrollar nuestra capacidad de reconocer nuestras pasiones, someterlas a la razón en la medida de lo posible y evitar que ellas sean las que dicten nuestros comportamientos. Si se quiere, nuestra primera responsabilidad es tomar conciencia de nuestras emociones.

Emociones en las redes

Pero no todo el mundo, ni en toda circunstancia, puede dominar sus pasiones. Es otra realidad bastante obvia. Solo basta asomarse por Twitter un rato para observar cómo las emociones se desatan, en ocasiones producto de hábiles manipuladores (llamados bots) que saben qué teclas tocar para provocar reacciones en la gente. O paséense por Instagram un rato para constatar cuáles son las imágenes que más gustan a las personas: aquellas que apelan a los deseos más primarios y al narcisismo.

¿Entonces? ¿Somos o no somos responsables de lo que decimos y hacemos en las redes? En parte sí lo somos. Al menos somos responsables de tomar conciencia de qué publicamos, compartimos y comentamos. El impulso a reaccionar rápido siempre está allí. Es la dinámica acción-reacción que tan bien documentó la psicología conductista. Frente al estímulo «x» esperamos la respuesta «y». En eso no somos muy distintos al perro de los experimentos de Pavlov. Lo único que nos diferencia es nuestra capacidad de darnos cuenta de esa dinámica pasional en la que caemos.

Es nuestro lado reflexivo el que debería permitirnos evitar la reacción rápida e impulsiva. Para evitar ser víctimas de nuestras pasiones, ejercitar el lado reflexivo es una estrategia que puede resultar positiva con el fin de hacernos más responsables de lo que decimos y hacemos en las redes.

La dignidad humana

El otro elemento a tomar en cuenta es menos conductual y está más arraigado en los principios y valores que nos hacen humanos. Uno de esos principios es la idea de dignidad. ¿Qué quiere decir dignidad? La respuesta no es obvia, aunque la dignidad está ligada a la universalidad de los derechos humanos. Sin embargo, alguien podría argumentar que la definición de dignidad variará dependiendo de la cultura, la religión, la sociedad, las costumbres, en fin, el sistema de valores de las personas.

Hay una forma de abordar el valor de la dignidad más allá del relativismo cultural o moral. El filósofo Rüdiger Safranski dice, en su libro El mal. El drama de la libertad, que la dignidad es un valor intangible, una suerte de tabú en este mundo secular, un valor que debe ubicarse más allá de las contingencias de la imaginación social. Esto quiere decir que la dignidad es una categoría de lo sagrado que debería estar por encima de las pasiones, opiniones, gustos y afinidades de las personas. Como todo lo que es sagrado, está más allá de lo que es accesible a los humanos, incluyendo todo aquello que vemos y experimentamos en el mundo de las redes digitales.

Ser más responsable implica entonces dos cosas: una toma de conciencia de nuestro lenguaje y comportamientos, y el respeto de un valor supremo, el de la dignidad de todos seres vivientes. Si más personas consideran estas opciones, es probable que a los monstruos informáticos no les sea tan fácil jugar con nuestras emociones para extraer beneficios financieros. Piénselo.

1PhD en Comunicación. Profesor en la Universidad de Ottawa, Canadá

*Este artículo fue publicado originalmente en dialogopolitico.org el 13 de diciembre de 2021.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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