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Flor de patujú, wiphala y censo

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Nueve años atrás me tocó coordinar técnicamente la Agenda del Bicentenario. Además de la experiencia inigualable de conocer casi todos los sectores de la economía y las diversas instituciones, con sus virtudes y limitaciones, me quedó grabada la esencia de su logotipo.

Era un número (2025 por el bicentenario) con los colores patrios (rojo, amarillo y verde), donde el cero estaba relleno con la wiphala. Abajo del número se encontraba la kantuta y la flor de patujú como símbolos nacionales.
Hoy esos símbolos ya no representan la unidad del país, peor aún su visión de futuro. Juntas eran significativas, pero por sí solas han representado en estos años el conflicto en lugar del encuentro y el respeto de la diversidad y pluralidad.

Me entristece porque estos símbolos representan lo mismo: personas con problemas cotidianos, con anhelos de mejora, y con pesares individuales y colectivos; simplemente personas.

También nos recuerdan las luchas que tuvieron en conjunto esas personas. Ya sean la de pueblos indígenas, andinos u orientales, que continúan con grandes rezagos en términos de desarrollo económico y social, como también de regiones y espacios geográficos que por varios años han sido apartados de la agenda pública nacional.

Un problema grave en el país es que no nos conocemos. Por ejemplo, es improbable que en el Occidente se conozca que la mayor parte de la historia cruceña estuvo marcada por la postergación y la incomunicación con otros centros urbanos; y que la mejora urbana, representada en una loseta, recién llegó a fines de los sesenta del siglo XX, siglos después que en otras ciudades del país.

De igual forma, también es menos conocida acá la razón de ser y la esencia de los saberes andinos, como de la discriminación que experimentó el pueblo indígena como política de Estado.

Por ejemplo, el documento oficial del censo de 1900 afirmó lo siguiente: “Ateniéndonos a las leyes progresivas de la estadística (refiriéndose a la disminución proporcional de los pueblos nativos), tendremos a la raza indígena, sino borrada por completo del escenario de la vida, al menos reducida a la mínima expresión”.

Y también señaló que eso era positivo porque “si ha habido una causa retardatoria en nuestra civilización, se la debe a la raza indígena, esencialmente refractaria a toda innovación y a todo progreso”.

Los indígenas fueron discriminados pese a que eran más de la mitad de la población. No fueron los únicos porque, salvando las distancias del caso, unos años después (1904), Santa Cruz también fue excluida del desarrollo nacional al negársele la posibilidad de interconectarse con el resto del país.

Todos los bolivianos luchamos desde nuestras trincheras diarias por un mejor futuro para nosotros, pero sobre todo para quienes nos seguirán los pasos.

El censo es una operación estadística que nos servirá para conocer no solo cuántos somos, sino en qué condiciones vivimos, dónde vivimos y cuáles han sido los cambios en diferentes ámbitos desde 2012.

La fecha y realización del censo ha generado conflictos en el país motivados por los intereses particulares y políticos que atentan contra el sentido común. Estoy seguro de que existen soluciones técnicas para tener un censo oportuno, que van desde usar herramientas satelitales hasta más recursos humanos.

En mi entorno laboral tenemos dos adagios: “hecho es mejor que perfecto” y “lo perfecto es enemigo de lo oportuno”. Nunca existirán las condiciones ideales para hacer el censo (en ningún país), pero hoy tenemos mejores herramientas y conocimientos para poder sobreponernos a las dificultades que implica.

Se requiere voluntad política no solo de llevar a cabo el censo, sino de hacer que los símbolos patrios ya no nos separen, sino sean un recordatorio del atraso y de las luchas para ser un mejor país.

Todavía guardo una polera y una chamarra con el logotipo de la agenda 2025. Dios quiera que las pueda usar en cualquier parte del país sin temor con la tricolor, la wiphala, la kantuta y el patujú unidas. Ojalá…

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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