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El 30 de septiembre se realizó el Lanzamiento Oficial del Hub Viru Viru, uno de los proyectos más esperados por Santa Cruz y por Bolivia. Celebramos este lanzamiento y apoyamos la decisión del gobierno del presidente Rodrigo Paz de encarar un proyecto que otros dejaron en el papel. Sin duda, la verdadera celebración llegará el día en que el hub sea una realidad.
Porque la historia no miente, conviene recordar cuántas veces hemos escuchado anuncios parecidos. En 2016 se anunció la construcción del hub. En octubre de 2017 el Gobierno rompió el acuerdo con la empresa que se había adjudicado la obra por algo más de 300 millones de dólares. El 30 de septiembre de 2019, exactamente siete años antes de este lanzamiento, se firmó un memorando de entendimiento con Aéroports de Paris, uno de los mayores operadores aeroportuarios del mundo, y el proyecto tampoco prosperó. En 2020 se creó por decreto un Consejo Superior para impulsarlo, y después el hub figuró en un programa de gobierno que no se cumplió. Hubo diez años de anuncios, memorandos y decretos, y ningún hub, en resumen tiempo perdido.
Estas postergaciones tienen un costo que va más allá de la obra. Cada anuncio incumplido resta credibilidad al país frente a los inversionistas, que miden el riesgo por la conducta del Estado y no por sus discursos. Por eso este lanzamiento tiene que ser distinto: tiene que ser el inicio de una realidad.
En integración regional, la geografía es un activo solo cuando se convierte en infraestructura. Bolivia está en el corazón de Sudamérica, a unas horas de vuelo similares de Lima, Buenos Aires, Santiago y São Paulo. Durante décadas nos lamentamos de la mediterraneidad. Un hub aéreo de pasajeros y carga permite transformar esa condición en una ventaja, porque convierte a Bolivia en un punto de conexión y no en un territorio de paso.
Los beneficios son concretos. Más rutas y más aerolíneas significan más turismo, más negocios y mejor conectividad para todo el país. Una plataforma de carga moderna abre la puerta a exportaciones de alto valor y de rápida entrega, como alimentos frescos, carne y productos agroindustriales, que hoy dependen de conexiones en terceros países. Además, la construcción y operación del hub generará empleo directo e indirecto y atraerá servicios asociados, desde mantenimiento aeronáutico hasta parques logísticos. Y si el hub se articula con los corredores bioceánicos, puertos fluviales y con la Hidrovía Paraguay-Paraná, Santa Cruz puede consolidarse como un nodo logístico multimodal para la región.
El Gobierno estima una inversión de entre 250 y 300 millones de dólares, bajo un esquema de concesión y alianza público-privada, sin privatizar el aeropuerto y con participación del Estado en los ingresos. Es un modelo razonable, siempre que se cumplan tres condiciones.
La primera es la transparencia. El proceso de licitación debe ser público, competitivo y con reglas claras desde el inicio. La segunda es la seguridad jurídica. Una inversión de este tamaño exige normativa que la respalde, contratos estables y un marco de inversiones que dé garantías a largo plazo. La tercera es la continuidad. El hub no puede ser el proyecto de un gobierno, tiene que ser una política de Estado que sobreviva a cualquier cambio de gestión.
Desde la Representación Supraestatal haremos seguimiento a este proceso y lo proyectaremos en los espacios de integración regional donde Bolivia tiene representación y participa de forma activa. Por el bien del país el Hub Viru Viru ya no puede ser otra promesa. Esta vez tiene que despegar.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



