Opinión

“Jodidos estamos todos”

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El autor de esta frase, que la tomo prestada para este artículo de opinión, es el cerebro del mirismo Óscar Eid cuando a principios de los 90 los “narcovínculos” amenazaron con llevarse por delante a toda la cúpula del MIR, en medio de una investigación fiscal y un escándalo nacional.

Casi tres décadas después, la famosa expresión cobra vida nuevamente con el bullado caso de los ítems fantasmas, aunque su alcance abarca a una larga lista de fuerzas políticas que disputan en la actualidad el poder a nivel nacional y regional.

La creación de ítems fantasmas en las alcaldías de Santa Cruz y Warnes, en la Caja Nacional de Salud y en otras instituciones públicas amenaza con colocar a Santa Cruz Para Todos, UCS, MAS, Creemos, Demócratas, Comunidad Ciudadana y otras siglas bajo el ignominioso sello de “partido corrupto”.

Angélica Sosa, exaliada circunstancial de varias de esas tiendas políticas, ha decidido encender el ventilador para no caer sola.

En su declaración de madrugada, Sosa acusó al jefe de UCS, Johnny Fernández, de haber recibido y administrado al menos 600 ítems y contratos de personal eventual en la Alcaldía fruto de un pacto de gobernabilidad para el período 2015-2020 entre Santa Cruz Para Todos y UCS.

Fernández, actual alcalde de la capital cruceña, no negó el acuerdo político con la organización de Percy Fernández y Angélica Sosa, y se mostró dispuesto a declarar ante la comisión de fiscales, claro, dejando establecido que él fue quien denunció el caso de los ítems fantasmas.

La exalcaldesa también apuntó a Creemos, la alianza del gobernador Luis Fernando Camacho. Jerjes Justiniano, abogado de la exautoridad municipal, menciona en cada declaración pública que realiza los nombres de tres diputados cruceños de Creemos como beneficiarios de los ítems fantasmas.

Hay más. Angélica Sosa puso sobre la mesa un nombre que pronto dará que hablar y que figura en la nómina de los investigadores y los servicios de inteligencia como uno de los personajes clave del caso, aunque no fue citado a declarar hasta el momento.

Se trata de Manuel Medina, un consultor recomendado por el expresidente y jefe del MAS Evo Morales y por el exministro Carlos Romero, según el diario El Deber, quien llegó desde La Paz para enrolarse en la gestión municipal de Santa Cruz como Secretario de Administración y Finanzas.

Desde la Gobernación cruceña, Camacho y sus colaboradores dispararon misiles a la cúpula de Demócratas, acusando a Rubén Costas, Roly Aguilera y Manuel Saavedra de un supuesto desvío de 100.000 dólares para la campaña muncipal del heredero de la Academia Tahuichi Aguilera.

Curiósamente, los jóvenes de las gorras deportivas recibieron ayuda desde el oficialismo con una llamativa declaración del controvertido fiscal general Juan Lanchipa, quien dijo que Costas también tuvo sus propios ítems fantasmas.

Diputados cruceños del MAS denunciaron a sus colegas de Creemos y de Comunidad Ciudadana de haberse beneficiado de los ítems irregulares, a fin de contar con gente pagada para pintar paredes, colgar banderas, gritar consignas a favor de sus candidaturas y controlar los votos en la última elección regional.

“Jodidos estamos todos”, la frase hecha pública en 1994, terminó convirtiéndose en el epitafio del MIR y los principales dirigentes de ese partido. Años después, la fuerza política de Jaime Paz desapareció y pese a varios intentos, el expresidente tuvo varios fracasos electorales.

¿Ocurrirá lo mismo con los actuales liderazgos y organizaciones políticas? ¿Serán los ítems fantasmas el comienzo del fin para varios políticos bolivianos? Las investigaciones estarán rodeadas por una dura pugna política para que los unos y los otros queden con la etiqueta de “partido corrupto”.

La comisión de fiscales, que hasta ahora tuvo un desempeño exento de críticas, seguramente imputará delitos a personas con nombres y apellidos bajo el axioma jurídico de que los delitos son cometidos por personas, no por instituciones ni organizaciones partidarias.

La política se encargará de injuriar a quienes le interese estigmatizar y los grandes responsables del despreciable robo a los cruceños se mimetizarán entre la politización del caso y concluirán esta historia, como en otras en el país, con el rótulo de impunes.


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