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Poder, deshonestidad e incompetencia

Jaime Aparicio

Diplomático de Carrera, ex Embajador de Bolivia en los Estados Unidos

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El doble efecto de descomposición moral e incompetencia de un régimen , es la receta infalible para convertir un Estado en fallido,  como ocurre en Venezuela, Nicaragua y Bolivia. La corrupción estatal protegida por la impunidad que les procura un sistema judicial convertido en un apéndice del gobierno, se ha convertido en un modus vivendi del gobierno  boliviano desde hace 16 años. 

En medio de constantes escándalos de corrupción, incompetencia y negligencia en la administración pública y una evidente penetración del crimen organizado en las estructuras del poder y en las fuerzas de seguridad, el ex Presidente Morales, en lugar de guardar un silencio parecido a la vergüenza, tiene la extraña ocurrencia, al estilo de Pablo Escobar, de organizar un campeonato de futbol en el Chapare, demostrando que el único lugar donde hay dinero, en medio de la creciente crisis económica que ya se anuncia en el país, es la sede de los sindicatos de la coca del subtrópico cochabambino, de los cuales Evo es su presidente vitalicio. 

La bonanza del Chapare simboliza los antivalores de una democracia liberal: el culto a la ganancia fácil, el desprecio al estudio, el trabajo como medios de superación, los negocios ilícitos, la arbitrariedad y un arribismo desmesurado son los resortes profundos de esa cultura de ilegalidad y de miseria moral que caracteriza hoy al país.  Bajo el permanente liderazgo de Evo Morales, la gestión de Arce continua un proyecto populista que constituye una  Kakistocracia, (de kàkistos, el peor y kratos, gobierno), o sea un gobierno formado por los más incompetentes, los menos calificados y los más cínicos y corruptos de un determinado grupo social. Por eso,  no es extraño que la estrategia del MAS  sea la de propagar información falsa, a través de una propaganda sistemática en los medios oficiales, de narrativas y  contenidos equívocos, creados en forma deliberada y maliciosa para tergiversar la realidad, lo que hasta hoy les ha permitido salir indemnes de actos por los que cualquier otro gobierno hubiese caído. Son expertos en actos de prestidigitación, cuyo numero central es reinventar el relato de  la realidad ante los ojos incrédulos y sorprendidos de los que la vivieron, con el objeto de culpar a otros por sus propios delitos. Han invertido el principio universal de la presunción de inocencia por el de la presunción de culpabilidad de todo opositor político.

Esa actitud de utilizar la falsedad como instrumento político es un elemento permanente en su actitud desde los orígenes  del MAS. Cuando a  principios de siglo eran oposición, provocaron la guerra del gas y la caída de Sanchez de Lozada con la falsedad ampliamente difundida de que el gas era para Chile cuando, en realidad, era para el mercado de Baja California en Estados Unidos.  

Esto también tiene que ver con la estrategia inicial del MAS de eliminar la palabra República en la Constitución (aunque se les pasó eliminarla en uno de los artículos) y sustituirla por el concepto totalitario de Estado. Este cambio no tan sutil muestra que los redactores españoles de la Constitución sostenían la idea de que el ganador de una elección tiene el derecho de apropiarse del  Estado, y por tanto es necesario borrar el concepto de valores republicanos, donde lo que cuenta, además de la legitimidad de origen (elecciones),  es la legitimidad en el ejercicio del poder, expresada en el respeto a las reglas esenciales de la democracia como el equilibrio y la autonomía de los poderes, la libertad de expresión, la alternancia en el poder  y el control jurisdiccional del gobierno, entre otras. Detrás de los valores de una república existe una tradición de comportamiento, una filosofía y una cultura política que hacen que uno intuya claramente cuando un líder o un gobierno tiene reflejos democráticos.  La esencia de un república radica en el respeto de la opinión ajena, incluso de la ironía, – Jamás, decía Nietzsche, la verdad se colgó del brazo de un intransigente -. La clave de una sociedad plural está en que cada ciudadano tiene derecho a disentir y a expresar sus propias ideas. En una democracia liberal el individuo es lo esencial, dentro de un concepto de libertad, según el cual el ciudadano tiene la facultad de hacer todo aquello que desea si las leyes lo permiten.

Lo más preocupante es que en esta marcha hacia el totalitarismo, bajo el modelo de Venezuela, Cuba y Nicaragua, nada parece afectarle al MAS. La sociedad toma como un hecho normal que el gobierno mienta, difunda relatos falsos sobre hechos verificables, que organicen la administración pública con sus acólitos; que confundan el Estado y la sociedad con su partido; que privaticen la vida pública y confundan los interese nacionales con sus pasiones e intereses personales. Toda esa apatía de gran parte de los ciudadanos ante el gobierno de los más mediocres, también coincide con un enorme vació intelectual, ético y estético, donde los juegos subalternos de políticas banales han ocupado el terreno político., incluso en sectores de la oposición.

Revisando mis artículos, escritos a lo largo de los últimos 30 años, tengo la clara impresión de que Bolivia, como la Argentina, son países que se han embarcado, contrariamente a las predicciones de Spengler y Darwin, en procesos de involución histórica. Estamos ante Estados que han decidido voluntariamente y con mucho empeño evadir la modernidad y marchar hacia atrás en todos los temas esenciales de su  ethos como nación.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Jaime Aparicio

Diplomático de Carrera, ex Embajador de Bolivia en los Estados Unidos

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