Escucha la noticia
A casi seis meses del nuevo gobierno, ya se puede leer con claridad qué tipo de administración se está construyendo. El objetivo debería ser simple: que el vehículo llegue a destino. Que la economía boliviana, con todos sus problemas acumulados, siga funcionando y avance. Pero la sensación predominante es otra: se está pintando el vehículo antes de revisar el motor. Veamos, ¿qué cambios se están haciendo?, ¿qué se mantiene? y ¿cómo se percibe el rumbo de la economía boliviana?
Más que reformas estructurales, la gestión parece enfocada en estabilizar lo administrativo y reorganizar el Estado por dentro. Eso tiene su mérito, pero el FMI lo refleja de otra manera, proyecta para Bolivia un crecimiento de −3,3%. El vehículo va a empezar a fallar, y los pasajeros lo van a sentir, no es nuevo lo que indica el FMI, el informe del profesor Ricardo Hausmann de la Universidad Harvard también lo ratifica.
El problema central de la economía boliviana sigue siendo el mismo: falta de dólares y debilidad de los sectores capaces de generarlos. Hidrocarburos, minería, agricultura, turismo y las exportaciones continúan sin una reforma profunda que permita aumentar ingresos externos de manera sostenida. Pero el problema no está en la chapería ni pintura, sino más bien se empieza a escuchar un ruido en el motor, y está relacionado al problema del volante de dirección.
El gobierno lo sabe. Conoce que hay una falla en el sistema de dirección como son: inseguridad jurídica, baja inversión extranjera, rigidez normativa, falta de incentivos productivos, pero ha optado por seguir el recorrido sin intervenir en ese componente crítico. El llamado “presupuesto abierto” presentado recientemente, es un avance real en transparencia, pero equivale a mejorar el tablero del vehículo: permite ver mejor los números, aunque no corrige el problema de dirección que puede comprometer el viaje.
Mientras tanto, el grueso del esfuerzo gubernamental se ha concentrado en ordenar el interior del vehículo. Se revisan procesos administrativos, se digitalizan trámites, se aplican medidas de ahorro sin mucha relevancia en el déficit fiscal. Son acciones similares a reparar la pintura, acomodar los asientos o corregir la chapería: mejoras visibles que aportan al rostro del vehículo, pero que no tocan la mecánica central.
En ese marco, el DS 5503 y su posterior modificación mediante el DS 5516 son señales de orientación administrativa, no de reforma económica profunda. Ajustes regulatorios y de gestión estatal, sin rediseño estructural que cambie el modelo productivo ni aumente la generación de divisas. De la misma manera, la Ley 1720 de reconversión de la tierra, con la finalidad de dinamizar el mercado de tierras, fue débilmente presentado a la sociedad con un enfoque es administrativo antes que con un plan económico que dinamizará las exportaciones en los x y sectores.
A esto se suma la continuidad con prácticas heredadas. El vehículo sigue cargando los mismos pasajeros de siempre, incluso con capacidad excedida. El aparato estatal mantiene dimensiones similares, las empresas públicas operan bajo estructuras de alto costo, el déficit persiste y el endeudamiento sigue siendo la respuesta de siempre. Es un vehículo sobrecargado, con gente ocupando incluso el pasillo si fuera un bus, mientras el motor pierde rendimiento. La lógica operativa del trayecto anterior de dos décadas sigue intacta.
El gobierno ha elegido el orden administrativo y la gradualidad antes que enfrentar las fallas estructurales más profundas. Esa elección tiene un costo. Ordenar el interior del vehículo mejora momentáneamente la experiencia del viaje, pero no reemplaza reparar la dirección, revisar el motor, reducir la sobrecarga, incluso cambiar el mapa de la ruta para llegar por vías alternativas.
Mientras no haya decisiones claras sobre seguridad jurídica, inversión extranjera, reglas económicas que promuevan la inversión privada y capacidad exportadora, Bolivia seguirá avanzando con un vehículo en marcha con una reducción significativa de la velocidad, pero con signos claros de que el vehículo se detendrá. En un viaje largo, esto causa mucho desánimo y cansancio en los pasajeros y por ende, es peor que estar detenido. Al menos cuando el vehículo para completamente, todos los pasajeros saben que hay que actuar. Quizás es mejor llegar a esa situación para que todos los actores de la sociedad y el gobierno finalmente decidamos que el cambio del motor y dirección de la economía es inminente.



