Opinión

Las lecciones de las PASO argentinas

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Las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias en Argentina, conocidas como PASO, han sido un verdadero referéndum para el gobierno de Alberto Fernández, un aliado estratégico del masismo y en particular de Evo Morales. El resultado del plebiscito ha sido un contundente rechazo del electorado del vecino país, donde viven millones de bolivianos, al populismo kirchnerista.

Bolivia puede extraer lecciones políticas del cataclismo electoral para los poderosos argentinos. Vale la pena recordar que el gobierno de Fernández y la administración de Luis Arce son parte activa de la corriente ideológica del socialismo del siglo XXI que recibió un inesperado revés después del avance que tuvo en Perú con la victoria de Pedro Castillo.

Una de las lecciones es que en tiempos excepcionales para nuestros países, como la pandemia del coronavirus y la crisis económica, es imprescindible gobernar conectado con las principales preocupaciones de la gente para ayudar genuinamente a superarlas y crear un sentimiento colectivo de esperanza a corto y mediano plazo.

Por tanto, seguir enfrascado en la guerra política puede terminar siendo contraproducente para el gobierno de Arce porque es asumida por el electorado como algo insustancial y desconsiderado con la realidad cotidiana de desprotección ante el virus y de desaliento por la falta de empleos y oportunidades económicas y productivas.

Otra lección podría ser una mejor coordinación entre todos los niveles del Estado, para encarar, por ejemplo, un nuevo sistema de enseñanza y aprendizaje combinando el retorno de estudiantes y maestros a las aulas, protegidos por supuesto del virus, con lo mejor de las clases a distancia mediante plataformas virtuales que optimizan el proceso educativo.

También el diálogo sincero y permanente que debería haber entre el gobierno y los sectores privados, generadores de empleos por naturaleza, para apuntalar la reactivación económica fundamentalmente a nivel de las familias que ahora viven con incertidumbre respecto al futuro inmediato.

Sin embargo, parece que el kirchnerismo intentará revertir el catastrófico panorama que tiene al frente, a partir de las PASO, con la radicalización del gobierno de los Fernández en contra de sus adversarios políticos y una mayor dosis de demagogia populista para hacer creer a los argentinos que en los meses que vienen resolverá los problemas que no atendió por años.

La radicalización puede ser la respuesta del kirchnerismo asumiendo que se juega la vida en los próximos dos años. Así sucedió en Venezuela y está ocurriendo en Nicaragua, en el entendido de que la anulación de los adversarios y el miedo que se puede instalar en la población son una fórmula efectiva para mantenerse en el poder.

Alberto Fernández anunció anoche que la campaña para revertir la derrota comienza este lunes y la radicalización impulsada por Cristina Fernández puede comenzar a materializarse en los procesos judiciales iniciados contra el expresidente Mauricio Macri y otros adversarios del gobierno argentino. De hecho, Macri sostuvo este domingo que se vienen meses difíciles por el sometimiento de algunos jueces al poder político de su país.

En Bolivia, la radicalización de la administración de Arce tampoco debería descartarse porque la gestión de la pandemia es deficitaria y no hay nada concreto en cuanto a la reactivación económica, pero además Morales y el masismo ya experimentaron quedarse al margen del poder y harán todo para que no vuelva a ocurrir. La radicalización puede ser la principal lección que puede extraer el masismo y seguramente la aplicará antes de someterse a un nuevo veredicto ciudadano en las urnas.


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