OpiniónEconomía

Las supuestas “fallas del mercado”

Adolfo Urquizo

Arquitecto / Leadership Associate en Students for Liberty

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Pocas excusas se han usado tanto para socavar la libertad de intercambiar bienes y servicios de forma pacífica como las supuestas “fallas del mercado”.

Los amigos de la intervención estatal han usado este concepto para justificar un avance permanente del poder político sobre las personas, argumentando una “falla del mercado” en cada situación en la que alguien sale perjudicado en condiciones de comercio o intercambio relativamente menos regulado.

Independientemente de las intenciones de quienes proponen esta idea, hablar de “fallas de mercado” es una simplificación equivocada del papel del mercado en la solución de los problemas sociales. Acostumbrados a la promesa política de soluciones mágicas a cada necesidad, se cae una conceptualización errónea. En lugar de considerar el libre comercio como una solución en sí misma, es necesario comprenderlo como un medio para encontrar soluciones eficientes y beneficiosas para los problemas de la sociedad.

El mercado es un proceso dinámico y descentralizado de descubrimiento y coordinación, no es un resultado ni una solución concreta a una situación. En lugar de ser un mecanismo estático, el libre comercio permite a los individuos interactuar, intercambiar y descubrir múltiples soluciones innovadoras a través de la competencia y cooperación social en busca de su beneficio mutuo.

Este mecanismo, por su naturaleza, brindará más de un resultado para las necesidades y problemas que la sociedad se plantee, en la medida en que los individuos sean libres de ofrecer soluciones. Desde proveer alimentos y salud, hasta conectarnos en redes globales o viajar al espacio, la libertad de elección y la ausencia de coerción permitirán corregir las alternativas menos beneficiosas, o incluso dañinas, de forma más eficiente y beneficiosa para la humanidad que cualquier política intervencionista.

Sin embargo se requiere de unas condiciones mínimas, o reglas del juego, para poder identificar y solucionar situaciones negativas que puedan emerger en este proceso de descubrimiento. La propiedad privada, la igualdad ante la ley y la libertad individual son fundamentales en cualquier sociedad libre para evitar una degeneración en sistemas mercantilistas disfrazados de economías de mercado. Sólo a través de la competencia y la libre interacción entre los individuos es que se optimizan los recursos y se producen resultados superiores a cualquier sistema de planificación centralizada.

No debemos entender los procesos de mercado como un producto acabado, que se debe intervenir hasta encontrar el resultado perfecto, sino como un medio dinámico y resiliente para encontrar las soluciones cada vez más eficientes y beneficiosas para toda la sociedad.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Adolfo Urquizo

Arquitecto / Leadership Associate en Students for Liberty

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