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Le amo, no le amo… ¿pero le amo?

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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Cada algún tiempo, Latinoamérica y EEUU se reencuentran en las Cumbres de las Américas, momento en que de ambos lados del Río Bravo los gobiernos recuerdan que somos vecinos, asaz en pololeo o en diatribas. Y en el Norte, Centro, Caribe y Sur gobiernos —más que pueblos— se preguntan, deshojando margaritas: “Le amo, no le amo…” y no la verdadera pregunta: ¿Pero le amo?

Del 6 al 10 de junio, se realiza la IX Cumbre, junto con el Noveno Foro de la Sociedad Civil y el Sexto de Jóvenes de las Américas y la Cuarta Cumbre de CEOs de las Américas.

Para esta versión, mucho fárrago mediático han sido las ausencias y vale la pena recontar. A ésta no se invitaron Cuba, Venezuela ni Nicaragua, decisión justificada oficialmente porque eran “dictaduras”; en retrospectiva, Cuba sólo fue invitado a dos de 10 (9 “ordinarias” y una Extraordinaria; la VII, en Panamá, con el difundido saludo entre Obama y Castro el Menor); el gobierno venezolano del PSUV fue invitado a todas hasta la VII (en la VIII se invitó al “gobierno en funciones” opositor y esta vez, aunque ya no aparece oficialmente, nuevamente lo está, aunque deslucido) y Nicaragua sólo estuvo en la IV —no pude encontrar participantes de la I a la III—, V —ambas antes de Ortega—, VII —ya con Ortega— y en las VI y VIII no aparecen mencionados ni presidente ni canciller; de los presidentes que no han ido —López Obrador de México (por no invitarse los tres mencionados en su autoimpuesto desempeño como “líder de la izquierda”, pero anunció que se reunirá con Biden en julio); Giammattei de Guatemala (en protesta por las denuncias de corrupción por EEUU contra su Fiscal General), Castro de Honduras (por la misma razón que AMLO y también como éste “refrescó la noticia” al anfitrión anunciando “las relaciones con EEUU son muy buenas”), Bukele de El Salvador (por las críticas de EEUU sobre abusos a los derechos humanos en su lucha contras los grupos criminales del país), Arce de Bolivia (ibídem como AMLO pero sin paños entibiantes como México y Honduras) y Lacalle Pou de Uruguay (positivo de COVID-19), pero todos mandaron delegaciones encabezadas por sus cancilleres —no me queda claro si Arce Zaconeta es quien lidera la delegación nacional. Al final, asistieron 31 países, 23 de ellos con sus líderes, y EEUU “se curó en salud” anunciando que acuerdos con los 31 (aunque no los invita, EEUU negocia directamente con Venezuela y Cuba).

La IX Cumbre, como las anteriores, se abandera en tres temas públicos: la LUCHA CONTRA EL COVID-19 Y LAS FUTURAS PANDEMIAS, los DESAFÍOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO y la SITUACIÓN MIGRATORIA DEL CONTINENTE —de mucho interés para EEUU—; y otro supra: el POTENCIAMIENTO DE ALIADOS, magullado por las autoexclusiones —sobre todo de México, pero también de Honduras y Bolivia— y urgido de respaldo frente al avance regional de Rusia —confrontación geopolítica, agravada por la guerra de Putin en Ucrania— y China —de fuerte gravitación geoeconómica. En fin, con variantes y bemoles, similar a las anteriores, sobre todo después del descalabro del ALCA en la de Mar del Plata.

Tras los años de franco olvido de Latinoamérica por Trump —exceptuando México por la firma del T-MEC y Cuba y Venezuela por la confrontación—, en su discurso inaugural el presidente Biden abogó: «necesitamos más cooperación, un propósito común e ideas transformadoras. Nunca ha habido una mayor necesidad que hoy», algo que EEUU también necesita y no sólo por frenar la incontrolable migración: Van en este sentido los anunciados apoyos a la formación de personal de salud, microempresas, inversiones en traslado de operaciones de grandes empresas estadounidenses a la Región —sobre todo en el Triángulo Norte con mandatarios ausentes, potenciable para toda la Región si sus grandes empresas trasladan operaciones desde Rusia y China a Latinoamérica, una nueva maquilización como fue la de México desde décadas atrás— y la anunciada estrategia con Canadá y España para dar opciones a la migración. (Por cierto, el anunciado discurso de “multilateralismo democrático” de Fernández, más allá de ser un oxímoron, no es más que equilibrio inestable entre la faca gaucha con que Cristina le pincha y la maroma del FMI en su cuello).

En fin; historia de amores y desamores hemisféricos. Que también hemos tenido, aunque ahora nos respinguemos porque —aunque nadie quiere nuestros bonos soberanos y los únicos prestamistas posibles (FMI y BID) los regenta EEUU— ilusionamos confiando que el litio con EDL nos salve y lleve al futuro (chino y ruso parece).

Momento en
que de ambos lados del Río Bravo los gobiernos recuerdan que somos vecinos, asaz en pololeo o en diatribas.

 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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José Rafael Vilar

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