OpiniónEconomía

Nacionalismo de los recursos naturales

Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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Si algo ha marcado la historia económica nacional a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha sido el nacionalismo de sus recursos naturales, entendido como cortapisas a la inversión extranjera. Según Veririsk Maplecroft,  Bolivia está entre los países de mayor nacionalismo de sus recursos naturales. Este nacionalismo extremo no ha estado siempre en el interés nacional y ha inhibido a la inversión extranjera.

Es legítimo que el país quiera beneficiarse al máximo con su riqueza natural, pero justamente para lograr este objetivo no debe desdeñar el concurso de empresas multinacionales, que no sólo traen capital sino también tecnología, canales idóneos de comercialización y de acceso a los mercados financieros internacionales. Se ha de buscar un equilibrio entre el mayor beneficio nacional posible y el suficiente atractivo para los inversionistas.

Concluir contratos convenientes con las multinacionales no es fácil. No existen contratos perfectos, que cubran todas las contingencias. Además, en todos los contratos hay una vulnerabilidad inherente que es la de la tentación de modificarlos o aun echarse atrás cuando las circunstancias cambian. Un ejemplo muy concreto fue el de los hidrocarburos. No era lo mismo acordar un contrato cuando el barril de petróleo estaba en USD 10,  que cuando llegaba a USD 100. Con el precio más alto el estado podía percibir proporcionalmente más ingresos, pero en el sentimiento del público éstos eran insuficientes, por el cambio en el contexto internacional.

Las empresas internacionales, conscientes de que los contratos pudiesen modificarse en el futuro, insisten en altas ganancias de entrada que cubran los riesgos de cambios. Siguiendo con el análisis de Hogan, Sturzenegger y Tai (2010), si el país receptor decide no modificar los contratos, una vez conseguida la inversión, terminará perdiendo y asumiendo un alto costo político.

Se puede atenuar ese problema de inconsistencia temporal poniéndole mucha atención a las cláusulas del contrato, por parte y otra. Exige un trabajo técnico preparatorio muy cuidadoso, por negociadores experimentados.

Un tema de máxima importancia en los contratos con las multinacionales es el de la tributación. El esquema ideal parece ser el de una combinación de regalías con impuestos a las utilidades. Las regalías deben basarse en el principio de que el agotamiento de un recurso finito que está en el suelo, así como los eventuales daños medioambientales, tienen un costo. El peso de la tributación tiene que estar empero en el impuesto a las utilidades, lo que tiene grandes desafíos, comenzando con definirlas bien y no adosarlas con ventajas como las de depreciación acelerada. Las regalías tienen el mérito de la simplicidad, pero tienen varias desventajas económicas, cuando sus tasas son exageradas, como ocurre con demasiada frecuencia.

Un criterio importante para llegar a un buen acuerdo es el de la reputación de la empresa multinacional. En lo posible hay que alejarse de empresas piratas, que las hay. Para atraer a las empresas de buena reputación el país tiene que ofrecer condiciones, no sólo de la riqueza de sus yacimientos y de acceso a mercados, sino y sobre todo de seguridad jurídica. Las sucesivas nacionalizaciones y los candados puestos a la inversión extranjera en la CPE de 2009 nos han creado un grave problema de imagen, que ha hecho que las grandes y diversificadas geográficamente multinacionales no muestran mayor interés por invertir en el país. Hemos estado espantando a compañías serias. Una excepción es la china CBC, consorcio que incluye  a la CATL, la empresa de baterías más grande del mundo.

La limitación constitucional a contratos de prestación de servicios y de asociación con participación accionaria mayoritaria del estado, así como con la obligación de reinvertir las utilidades en el país, obliga a malabarismos legales, como los de los actuales convenios del litio, que desconciertan a la población y aún a los más entendidos. Sería más simple y más ventajoso para el país, que empresas multinacionales desarrollen los yacimientos, asuman todos los riesgos y si generan utilidades, que para eso han invertido, que el estado perciba regalías e impuestos correctamente especificados.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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