OpiniónEconomía

Santa Cruz y la universidad que debemos construir

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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El profesor de Pensilvania, Jesús Fernández-Villaverde, ofreció recientemente una explicación útil para entender por qué la calidad de la educación universitaria se erosiona. Su idea es que editoriales, docentes, estudiantes y universidades tienen incentivos para preferir materiales más fáciles y menor exigencia. El resultado es un equilibrio de comodidad que empobrece el aprendizaje.

Por eso, quiero compartir algunas reflexiones sobre la universidad y un anhelo con el cual me identifico: el objetivo de que Santa Cruz sea de veras una ciudad universitaria. La aspiración es legítima y el fin del ciclo electoral debería ser una oportunidad para que el gobernador y los alcaldes se concentren en concretarla.

Conviene empezar por una precisión incómoda: una ciudad universitaria no se construye con campus, ni con matrícula creciente. Se construye con calidad, investigación, exigencia académica y vida intelectual. Y la evidencia revisada en estos meses muestra que Bolivia aún tiene deudas serias en casi todos esos frentes.

Ojo que el problema no empieza en la universidad. Los diagnósticos sobre educación escolar son insistentes: sin una base sólida en lectura, escritura y matemática, la educación superior recibe estudiantes con vacíos que luego no siempre corrige.

No sorprende entonces que en Bolivia el 66% considere que el currículo escolar no prepara adecuadamente para futuras carreras y que el 53% no crea que la educación superior prepara bien para el mundo laboral. Llegamos mal a la universidad y, según la propia percepción social, tampoco salimos suficientemente bien de ella.

Nuestro compatriota Miguel Urquiola, profesor en Nueva York, ayuda a poner el dedo en la llaga. Su argumento central es que las universidades fuertes no nacen solo de más presupuesto, sino de la combinación de talento, recursos y capacidad institucional para decidir su rumbo.

Los textos concentrados en la educación terciaria en América Latina apuntan a que la región pasó de una universidad de élites a una universidad masiva, pero sin asegurar por ello calidad, investigación ni innovación.

Ya en los años sesenta y por encargo de la CEPAL, Jorge Graciarena insistía en que una universidad que solo transmite conocimientos, pero no produce nuevos saberes, queda inevitablemente rezagada. La universidad se justifica por lo que enseña y por lo que investiga.

La discusión reciente sobre investigación en Bolivia refuerza esa preocupación. El experto Manuel Contreras compartió recientemente una paradoja incómoda: algunas universidades bolivianas publican más que antes, sí, pero el país sigue rezagado en términos relativos. El problema, sugiere, no es solo la falta de dinero, sino el uso ineficiente de los recursos.

Tampoco puede pensarse hoy una universidad desconectada de la empresa y del trabajo. El informe reciente del Banco Mundial sobre capital humano recuerda que una parte decisiva de las habilidades se forma también en el empleo. La relación universidad-empresa no debe reducirse, entonces, a una bolsa de trabajo, sino a prácticas, aprendizaje aplicado, formación continua e innovación conjunta. Para Santa Cruz, con su tejido empresarial y su dinamismo productivo, esta lección es decisiva: una ciudad universitaria no solo gradúa profesionales; también coproduce talento con su economía.

El reto se vuelve más urgente en la era tecnológica. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 advierte que la región, y ni qué decir el país, tiene entusiasmo por la IA, pero poco talento avanzado, poca inversión y escasa capacidad endógena. Una Santa Cruz que aspire a liderazgo no puede quedar al margen de la IA.

Armando Zubizarreta lo dijo con claridad hace décadas: estudiar e investigar no es solo aprender técnicas, sino formar una inteligencia rigurosa y éticamente responsable. Santa Cruz será ciudad universitaria cuando decida que el conocimiento de igual forma es infraestructura y que su futuro depende también de lo que produzcan sus universidades.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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