Opinión

Se acerca el desenlace

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Era un ilustre desconocido hasta el 13 de marzo del año pasado, cuando encabezó el operativo de detención de la expresidenta Jeanine Áñez en Trinidad. De bajo perfil, sin trayectoria partidaria conocida y con esporádicas apariciones en la nueva administración, era uno más en el gabinete.

Las referencias sobre él se reducían a su pertenencia al grupo Columna Sur, su participación en las movilizaciones callejeras contra el gobierno transitorio y su rol como Oficial Mayor del Senado designado por Adriana Salvatierra y resistido por Eva Copa.

Su desempeño en la campaña electoral de Luis Arce lo acercó al actual Presidente, Asumió el Ministerio de Gobierno con pocas perspectivas si se compara el peso político con el que inició su gestión con los de Carlos Romero o Alfredo Rada, por ejemplo, pesos pesados en el primer gobierno del MAS.

Hoy, el nombre de Eduardo del Castillo debe ser el más repetido por propios y extraños, y es un verdadero dolor de cabeza para Evo Morales, quien ha intentado de todo para sacárselo de encima, sobre todo después de la detención de Maximiliano Dávila y la presencia de la DEA estadounidense en Bolivia.

Lo convocó al Chapare para que se someta a las exigencias de las federaciones cocaleras. Le pidió a Luis Arce que Del Castillo sea removido y luego, públicamente, desde el trópico cochabambino, propuso al Presidente cambios en el gabinete incluida la salida del Ministro de Gobierno.

Al no producirse ningún cambio en el equipo ministerial el 22 de febrero, Día del Estado Plurinacional, y aprovechando que Del Castillo denunció que diputados del MAS y dirigentes cocaleros se enriquecen con la producción de la hoja de coca, el caudillo descargó una nueva ofensiva.

Hizo que las federaciones cocaleras del Chapare relacionen al ministro con la DEA y la bancada parlamentaria evista insistió en su interpelación hasta que fue programada para el 20 de este mes, aunque el acto de fiscalización será por temas de seguridad ciudadana en El Alto.

Pero, Morales parece haber encontrado la bala de plata. El lunes 4 de abril convocó a una conferencia de prensa y denunció un caso de protección al narcotráfico en el Chapare de parte de autoridades encargadas de la lucha antidrogas que indirectamente toca a Del Castillo.

Los acusados son el Comandante Nacional de Umopar, el Director Nacional de la fuerza antinarcóticos y el Viceministro de Defensa Social, inmediatos colaboradores del ministro en la lucha contra el narcotráfico. El denunciante es nada menos que el hasta hace poco jefe de Umopar en el Chapare, quien presentó una denuncia penal al fiscal de Chimoré.

El abogado del teniente coronel Yerko Terán, el denunciante, afirmó que el fiscal chapareño deberá convocar a los sindicados y dijo que la investigación podría ampliarse a Del Castillo por encubrimiento al narcotráfico en un operativo que descubrió un megalaboratorio en Valle Sacta y se ordenó no intervenirlo.

Nada se ha dejado al azar. Morales presenta la denuncia como expresidente del país, los audios y la información es proporcionada por “policías patriotas”, el exjefe de Umopar-Chapare hace la denuncia formal y el fiscal de Chimoré se encarga de la investigación.

Todo ocurre en el reino de Morales, en la republiqueta del Chapare, con un claro objetivo político: hacer rodar la cabeza del Ministro de Gobierno que sin ser un dechado de virtudes, comenzó a cerrar el círculo alrededor del caudillo al punto que se confinó en su trinchera territorial.

El momento del desenlace político se está acercando y el presidente Luis Arce ya no puede mantenerse al margen de los acontecimientos. O cede ante el Jefe del MAS y deja que éste retome el control pleno del gobierno o marca un quiebre definitivo que podría dejar a su gobierno sin mayoría parlamentaria.

Pero también está la salida intermedia que podría consistir en entregar la cabeza de Del Castillo, nombrar a otro colaborador de su confianza y alejar el fantasma del narcotráfico que ha estado acechando a Morales después de la detención y el pedido de extradición de Dávila por parte de la justicia de Estados Unidos.

Morales ha realizado una jugada audaz en el tablero del oficialismo y seguirá presionando con el caso de presunta protección al narcotráfico con la intención de redefinir la relación política con Arce y su administración gubernamental que pasa por el alejamiento del ministro Del Castillo. ¿Cómo responderá el Presidente? El desenlace se está acercando.


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