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Todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda

Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN. Certified Pricing Professional (CPP).

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Es la frase que remarco de una entrevista que le hiciera el 07-nov-2016 el diario español El Mundo al filósofo de origen polaco Zygmundt Bauman que entre sus últimas publicaciones tiene a sus libros “Tiempos líquidos” y “Vida de consumo”. De hecho, ésta fue probablemente su última entrevista pues falleció un par de meses después.

No es el propósito analizar o menos interpretar el pensamiento de Bauman ni mucho menos, pero sí tomar este fragmento de entrevista para asentarlo a la realidad y contexto de estos tiempos que según el calendario de Samuel Benner de 1875 –que dicho sea de paso pocas veces falló– estamos en fase de tiempos difíciles cuya recomendación es comprar bienes de depósito de valor, en otras palabras; es época de cuidar el gasto y optimizar la inversión.

Pero, retomando el primer párrafo, el contexto de la frase surge de la pregunta de parte de la entrevista: ¿Usted sostiene que hemos olvidado cómo ser felices? A lo que Bauman responde: “Lo primero, he de admitir que hay muchas formas de ser feliz. Y hay algunas que ni siquiera probaré. Pero sí que sé que, sea cual sea tu rol en la sociedad actual, todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda. El reverso de la moneda es que, al ir a las tiendas para comprar felicidad, nos olvidamos de otras formas de ser felices como trabajar juntos, meditar o estudiar”.

Primeramente y en sentido inverso, a pesar de las grandes facilidades que existen hoy para estudiar –el acceso a internet o las plataformas tecnológicas como elementos disruptivos– el encontrar la felicidad en ello está dado principalmente por el gusto por el conocimiento más que por encontrar una retribución económica, pues en Bolivia por cada año adicional de estudio y/o de experiencia laboral, los ingresos se incrementarían en un 5% anual con una pendiente decreciente y cuyo retorno ha continuado disminuyendo en el tiempo desde 12% en 2004 (Banegas, 2019) y 4,5% en 2014 (INESAD, 2016). Con esa referencia, no es difícil de esperar que hoy por hoy estemos cercanos a cero, en consecuencia, será cada vez más difícil encontrar personas con aptitud para hacer las cosas que converjan con su actitud para lograrlas.

Seguidamente, encontrar felicidad en meditar, la pregunta es ¿Meditar en qué y para qué? Si el ritmo de vida lleva a hacer cosas fuera de toda lógica, solo para poner un ejemplo, en el estudio Beber y conducir de la OMS, se especifica que con 0.12 g/dl de alcohol en la sangre, el riesgo de morir en un accidente de tránsito es 10 veces mayor que sin la ingesta de alcohol, entonces cabe la pregunta ¿A cuántas veces será equivalente conducir revisando el WhatsApp, o con el bebé o la mascota junto al volante?

Finalmente, encontrar felicidad en trabajar juntos cuando los equipos de trabajo muchas veces presentan dispersiones en cultura y estructura, lo que muchas veces llega a reducir el concepto de trabajo a la manera de promediar el error y no de empatía por objetivos comunes interáreas en pro del bien mayor, que es finalmente la empresa sostenible en el tiempo.

Volviendo a nuestra interpretación de Benner, si los tiempos son de cuidar el gasto y optimizar la inversión, y con la idea de Bauman que todas las ideas de felicidad terminan en una tienda, hay algunas prácticas que por cuidar los resultados pueden ser contraproducentes, como ser la “novedosamente bautizada” como “reduflación” es decir, ofertar a un mismo precio nominal un producto o servicio de menor tamaño, o también el precoz ciclo de vida de muchos productos, o dicho de otra forma, adelantar su salida del mercado para introducir otros muy similares con otros nombres para fijarles un precio mayor.

Hoy por hoy en la era del tiempo real de la información, el cliente tiene a la mano herramientas –además de protecciones normativas– que le permiten dirimir estas situaciones y poder cambiar constantemente de oferente ante una percepción de engaño, por ende es crucial entender que, si se hacen las cosas bien y el cliente queda satisfecho, la rentabilidad será una consecuencia natural, ya que si las ideas de felicidad que terminan en las tiendas, no son buenas; la tristeza se verá en la junta anual de accionistas.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN. Certified Pricing Professional (CPP).

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