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En menos de un mes, la discusión sobre el Impuesto a las Transacciones (IT) cambió drásticamente. Al principio se propuso distribuir la mitad de su recaudación entre gobernaciones, municipios y universidades.
Posteriormente, el debate dio un giro cuando se señaló que es distorsivo y que debería eliminarse. Por eso, los impulsores iniciales de su distribución sugirieron cambiar el foco hacia el Impuesto sobre las Utilidades de las Empresas (IUE), al mismo tiempo que exigieron la eliminación del IT.
Esto ha tenido la virtud de volver a discutir un problema postergado durante años. ¿Es el IT realmente nocivo? Desde una perspectiva técnica, la respuesta es sí, y mucho, como explico a continuación.
Primero, grava las ventas brutas. No le interesa si una empresa obtuvo utilidades, si apenas cubrió sus costos o si terminó el mes con problemas de caja. Para un negocio que vende Bs100 y obtiene un margen de Bs5, un IT de 3% representa Bs3. Es decir, el impuesto absorbe 60% de ese margen antes de considerar otros tributos, gastos financieros y costos laborales.
El problema es mayor porque puede acumularse “en cascada”. Lo paga el productor cuando vende, el distribuidor cuando revende y el comercio cuando entrega el producto al consumidor. La tasa de 3% parece pequeña, pero su efecto acumulado puede ser considerable. En una cadena de dos etapas, la carga se aproxima a 6%; en tres, se acerca a 9%.
Esto castiga la especialización. Una empresa moderna suele concentrarse en aquello que hace mejor y adquirir transporte, distribución, almacenamiento, tecnología u otros servicios de terceros. Con el IT, cada relación entre empresas añade una nueva capa tributaria.
También afecta de manera desigual. El mismo 3% puede ser soportable para una actividad con márgenes elevados, pero devastador para el comercio, la distribución, el transporte o las industrias de alta rotación y baja rentabilidad. Dos empresas con ventas idénticas pueden enfrentar cargas económicas completamente distintas, dependiendo de sus costos y de la estructura de su mercado.
A ello se suma el problema de liquidez. El impuesto se genera por vender, aunque la empresa todavía no haya cobrado o incluso haya registrado pérdidas. Debe pagarse mientras continúan venciendo salarios, créditos y obligaciones con proveedores. En una economía con escasez de financiamiento y menor disponibilidad de capital de trabajo, este efecto puede comprometer la continuidad de negocios que son productivos y viables.
El IT también amplía la ventaja de operar fuera de la formalidad. Quien factura reduce su margen, mientras quien vende sin factura conserva esa diferencia para bajar precios, financiarse o ampliar su mercado. En los hechos, el sistema castiga al contribuyente cumplido y permite que el informal compita con una ventaja creada por el propio diseño tributario.
Me parece bien que la médula de la propuesta en discusión consista ahora en eliminar el IT y sustituir su recaudación con ingresos provenientes de una mayor facturación, en específico del IVA y del IUE. Cálculos preliminares sugieren que la brecha fiscal podría compensarse incorporando al circuito declarado alrededor de una séptima parte de las ventas informales estimadas. No se requeriría formalizar toda la economía, sino concentrar el esfuerzo en operaciones de cierta escala y en actividades que ya se encuentran parcialmente registradas.
Por eso, el objetivo no debería ser perseguir al pequeño autoempleo de subsistencia, sino incorporar a quienes poseen capacidad económica, venden en gran escala o subdeclaran sistemáticamente sus operaciones.
El principal defecto del IT no es solamente cuánto recauda, sino cómo lo hace: grava aunque no existan ganancias, multiplica costos, castiga la especialización, deteriora la liquidez y vuelve relativamente más atractivo operar sin factura. Es difícil imaginar un impuesto más contrario a la formalización, la productividad y el crecimiento empresarial.
El país ganará si se lo elimina definitivamente.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



