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Universidades no universales

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Cada año, diversas instituciones a nivel mundial elaboran ordenaciones (rankings) de los centros académicos con distintos criterios. 

Entre ellos destacan el número de publicaciones que tienen los profesores, cuántos de ellos tienen grados de doctorado, la relación entre el número de estudiantes por académico, entre varios otros criterios.

Los más conocidos a nivel global son el de la Universidad de Shanghái, el Times Higher Education, el Quacquarelli Sysmonds (QS). Cada uno de ellos tiene sus criterios para calificar la educación universitaria en el mundo.

Entre ellos existen varias coincidencias. Por ejemplo, que las 10 mejores universidades se encuentran en Estados Unidos y en Inglaterra. En segundo lugar, el rol cada vez más importante de China en la educación superior. Y, desafortunadamente, el bajo lugar que tienen las universidades latinoamericanas (incluyendo obviamente a las bolivianas).

El Times Higher Education es un índice producido junto con la editorial más grande de libros técnicos (Elsevier). Las tres mejores universidades latinoamericanas según la edición 2022 de este ranking son la de San Pablo (Brasil, puesto 201-250), la de Campiñas (Brasil, puesto 401-500) y la Católica de Chile (puesto 501-600). Ninguna universidad boliviana figura en este ranking.

En el caso de la Universidad de Shanghái, los resultados son casi similares: San Pablo de Brasil (puesto 101-150), Universidad de Buenos Aires (201-300), Universidad de Chile (401-500) y la Católica de Chile (501-600). Bolivia tampoco aparece porque sólo se listan las primeras mil universidades al igual que en caso previo.

Finalmente, tenemos al ranking QS que destaca en su edición 2022 a la Universidad de Buenos Aires (puesto 69), Universidad Autónoma Nacional de México (105), Universidad de San Pablo de Brasil (121) y la Católica de Chile (135).

La principal novedad es que en este ranking aparecen dos universidades bolivianas en similar posición (puesto 1.200 en adelante): Católica Boliviana y Mayor de San Andrés, en ese orden. El resto no aparece específicamente clasificado en dicha ordenación.

El artículo 91 de la Constitución Política del Estado señala en su parte inicial que “La educación superior desarrolla procesos de formación profesional, de generación y divulgación de conocimientos orientados al desarrollo integral de la sociedad, para lo cual tomará en cuenta los conocimientos universales y los saberes colectivos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos..”

Con la información arriba expuesta queda claro que esta parte es más bien una aspiración, que un mandato cumplido. La atención del Estado a la educación superior es muy limitada.

Recuerdo que en 2017 la institución en la que trabajo, CAINCO, organizó su foro económico anual con el tópico de “Educación para el emprendimiento”. Vinieron los principales expertos internacionales al respecto, incluyendo Michael Kremer, quien después recibiría la distinción de Premio Nobel en economía.

En esa ocasión se invitaron a las principales autoridades educativas del gobierno central, departamental y municipal, todas ellas de diferentes líneas ideológicas. A pesar de la diferencia, ninguno de ellos asistió pese a la calidad de los expositores y la importancia de la temática.

Este atraso puede revertirse.

Tal como lo expone nuestro compatriota y profesor de la Universidad de Columbia (Nueva York) Miguel Urquiola en su libro “Mercado, Mentes y Moneda”, las universidades estadounidenses no siempre fueron las mejores, sino que se transformaron en virtud de elementos específicos como libre entrada al mercado universitario, libertad de enseñanza y una buena gobernanza.

En diciembre de 2017 el gobierno municipal de Santa Cruz promulgó la Ley 697 de “Ciudad universitaria tecnológica y científica” de la urbe cruceña. Es una iniciativa destacable; y, requerirá que se centren los esfuerzos en mejorar la materia prima de una ciudad con tales características: los centros académicos.

Caso contrario, nuestras universidades no serán universales o globales con presencia en rankings mundiales.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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