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Desenfreno, descontrol y permisividad municipal: la cuarta ola del Covid-19 puede golpear antes de lo previsto

Dos editoriales y un trabajo de reportería muestran la incapacidad de autoridades para poner límites a actividades que pueden ocasionar peligrosos rebrotes de la pandemia.

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Página Siete – Desenfreno insensato y Covid-19

El editorial del diario de La Paz de este martes advierte que la cuarta ola del coronavirus puede golpear al país antes de lo previsto y con dolorosas consecuencias para las familias si continúa el desenfreno de la gente visto este fin de semana en el país, particularmente en La Paz y El Alto, con “conciertos, fiestas populares, discotecas llenas y canchas deportivas con gran concurrencia”. A Página Siete le llama la atención lo ocurrido en el Teatro al Aire Libre de la sede de gobierno con un espectáculo denominado Festicumbia que no respetó el aforo del 50% y la falta de control municipal cuando se producía la transgresión.

“El desenfreno con el que la gente está saliendo a divertirse puede ser un indicador de que el encierro ha pasado factura y ahora que la gente cree superada la crisis sanitaria quiere divertirse sin restricciones”, sostiene el editorial que luego reflexiona sobre la casi inevitable convivencia con el Covid-19 por un tiempo más en Bolivia por los lentos ritmos de vacunación y por las constantes mutaciones que presenta el virus como la variante Delta que es tres veces más contagiosa y que está atacando a jóvenes y niños que no son parte de los planes de inmunización.

Página Siete vuelve sobre la advertencia, pero con cifras. El registro oficial establece más de 18.000 fallecidos por coronavirus, pero un estudio de la UPB menciona que serían 44.000 en los últimos 16 meses tomando en cuenta las muertes por encima del promedio normal. “Las autoridades también deberían tomarse su trabajo de control más en serio. Frente a la inacción de la Policía, por disposición del gobierno de Luis Arce, los alcaldes deberían aplicar controles en vez de salir a bailar con los inconscientes como ocurrió en El Alto el 16 de julio”, finaliza el editorial del periódico paceño.

El Deber – Jóvenes desenfrenados, Alcaldía permisiva

“Fue el fin de semana de desmadre y desborde descontrolado”. Así califica el editorial de El Deber lo sucedido en la capital cruceña. “Boliches llenos de parroquianos, sin ningún tipo de límites, jovenzuelos y otros no tan jóvenes circulando sin barbijos, riñas callejeras y otras formas de violencia bochornosas en calles y establecimientos, consumidores de alcohol sin control de sus actos”, son las escenas después de que se anunció el levantamiento de las restricciones y que dio lugar a pensar equivocadamente que “en Santa Cruz de la Sierra ya no hay Covid-19 ni contagios ni muertos”.

“Es muy sencillo y ‘popular’ para el alcalde Johnny Fernández quitar las restricciones y anunciarlas con bombos y platillos, pero también es su responsabilidad preocuparse por el resultado de sus decisiones y observar lo que puede resultar del anuncio. Es su responsabilidad proteger (…) la salud de los habitantes de la ciudad en tiempos en que la pandemia no ha pasado ni mucho menos”, reclama el editorial que anticipa otro fin de semana de desmadre porque oficialmente ya no habrá Ley Seca y lo del aforo limitado será “letra muerta en papel mojado que nadie toma en cuenta”.

Para El Deber, es importante que las autoridades entiendan que la vacunación ayuda, pero no es la solución en un país donde un tercio de la población es reticente a vacunarse por miedos y creencias. “Mientras el 100 por ciento de la población no esté vacunada, el peligro continuará circulando en el aire en forma de aerosol”. El editorial de diario cruceño finaliza pidiendo a las autoridades locales y departamentales “promover campañas y actividades para convencer a la población a acudir a los centros de vacunación o recibir a las brigadas de vacunadores que se desplazarán a los barrios.

Los Tiempos – Devotos rebasan el control de Urkupiña

La periodista Cristina Cotari del periódico Los Tiempos redactó una crónica que muestra el descontrol de feligreses y comerciantes en la fiesta de la virgen de Urkupiña en Quillacollo y la falta de coordinación entre la Policía y la Alcaldía para poner límites a las actividades que rodean la celebración religiosa, al extremo que las comerciantes que llegaron a ese municipio pretenden quedarse e instalar una feria de Alasita hasta fin de mes.

Cotari reportó, por ejemplo, cómo cientos de devotos, muchos sin barbijos y sin el distanciamiento mínimo, caminaron hacia el calvario, rebasaron los controles policiales y municipales, y se agolparon en las canteras para devolver y sacar piedras para que, según las creencias, puedan superar la pandemia y recuperar la economía de sus familias.

En cuanto a los comerciantes, Cotari reflejó su multiplicación descontrolada en las afueras del templo San Idelfonso, donde se encuentra la imagen de la virgen de Urkupiña y en la ruta del calvario. “Pese a las limitaciones y recomendaciones, decenas de comerciantes lograron instalar sus puestos en todo el cerro, donde ofertaban variedad de productos en miniatura, velas, alimentos, ropa y otros accesorios”, informó la periodista del periódico cochabambino.


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