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Juan Lanchipa, conveniente chivo expiatorio

Todos quieren su salida de la Fiscalía General. Le puede venir bien a él y al masismo.

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Está en el ojo de la tormenta, siente que camina por la cuerda floja, no le dan resultado sus maniobras que en otrora lo encumbraron. Juan Lanchipa, elegido como Fiscal General por los dos tercios del MAS en octubre de 2018, tiene un poco más de tres años para seguir en el cargo, según la Constitución. Pero, podría dejar su cómodo despacho en la ciudad de Sucre antes de lo previsto porque propios y extraños piden que ruede su cabeza.

Fiel a su estilo oportunista, poco después de que el grupo de expertos de la CIDH presentó su informe sobre los hechos violentos de 2019 en Bolivia, el martes reapareció públicamente para anunciar la conformación de una supercomisión de fiscales para investigar los casos señalados por el GIEI, pero no fue suficiente. Las críticas a su sometimiento, por un lado, y a su ineficiencia, por el otro, iban en aumento.

Intentó neutralizarlas con una nueva aparición ante los medios este miércoles, esta vez para justificar el lento avance en los casos Sacaba y Senkata, de absoluta prioridad para el actual gobierno. Explicó que los rigores que se impusieron en 2020 por la pandemia y un supuesto temor de las víctimas a las autoridades del gobierno transitorio impidieron la entrega de resultados. Parece que tampoco será suficiente.

Lanchipa acumula cuestionamientos lanzados desde varios frentes: del GIEI y de organismos en el ámbito internacional, de personalidades ligadas al oficialismo como la Defensora del Pueblo y el expresidente Eduardo Rodríguez Veltzé y, por supuesto, de líderes, parlamentarios, autoridades regionales y activistas de las oposiciones. Siente que las circunstancias pueden convertirlo en un chivo expiatorio.

Pero, en más de una ocasión ha demostrado habilidades que muchos quisieran tener para mantenerse en la cresta de la ola. De vocal del tribunal de justicia de La Paz pasó a conducir la Dirección de Reivindicación Marítima, luego presidió la justicia paceña y de ahí saltó a la Fiscalía General del Estado, todo en base a sus estrechos contactos con quienes tienen el poder real.

Es astuto, intentará mantener su poderoso cargo público hasta el final, pero también sabe que podría sacarle ventaja a su retirada. Su predecesor, otro de esos personajes dispuestos a cumplir por demás los deseos de los amos políticos, asumió el Consulado General en Chile. Con ese antecedente y consciente de sus ambiciones políticas, Lanchipa sabe que la crisis es una oportunidad y no la dejará pasar.

El masismo también podría beneficiarse con su eventual salida. Mostraría que el gobierno asumió las recomendaciones del GIEI de reforma del Ministerio Público y que en adelante las investigaciones fiscales estarán apegadas al debido proceso. El que ruede la cabeza de Lanchipa puede ser conveniente en la perspectiva de cambiar para que nada cambie.


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