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Sustituir la OEA para tapar los problemas de democracia

La propuesta de Manuel López Obrador y el apoyo de Luis Arce dan la pauta de un intento de expansión del populismo de izquierda a nivel del continente.

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Varios de los 35 países miembros de la Organización de Estados Americanos, aquellos cuyos gobiernos se ufanan de pertenecer al denominado siglo XXI, aunque también los gobernados por expresiones conservadoras, enfrentan crisis democráticas de todo tipo y tamaño, sobre todo de carácter representativo. Juntas constituyen un enorme desafío para la OEA que actúa como espacio de diálogo multilateral y de preservación de la democracia en el continente bajo el principio de no intervención.

El último de los serios problemas de democracia en la región estalló en Cuba con las inéditas y masivas protestas por alimentos, medicinas y energía eléctrica el 11 de julio, pero también por libertad y un gobierno que deje de ser la continuidad del régimen comunista. Los cubanos hicieron conocer su hartazgo en las calles y buscarán un desemboque en las urnas, si es que el gobierno de Miguel Díaz-Canel lo permite.

Problemas que hacen al sistema democrático también existen en Nicaragua con el encarcelamiento de siete precandidatos presidenciales que podrían disputarle el poder al sandinista Daniel Ortega en noviembre de este año en unas elecciones que ya huelen mal.  En Venezuela la tiranía chavista desgastada busca darse oxígeno político con los anuncios de Nicolás Maduro de diálogo con la oposición en agosto.

Bolivia es otro país de preocupación continental por el encarcelamiento ilegal de la expresidenta Jeanine Áñez, exministros del gobierno transitorio y excomandantes militares después de la mayor crisis política de su vida democrática ocasionada por un fraude electoral evidenciado por la OEA y encabezado por Evo Morales, quien paradójicamente acusa a propios y extraños de un inverosímil “golpe de Estado”.

Hay problemas de democracia en Colombia con movilizaciones, represión y muerte de personas que bloquearon y marcharon en contra del modelo económico de corte conservador que quiso aplicar ajustes tributarios en medio de la crisis económica y la pandemia del coronavirus, y en Brasil donde la gente se cansó de un gobierno insensible, ineficiente, autoritario y corrupto conducido por el populista de derecha Jair Bolsonaro.

Chile logró cierto respiro con la Convención Constituyente después de un largo período de tensiones incubadas en los últimos gobiernos y tiene ahora el reto de evitar que el conflicto se reactive en cualquier momento. Finalmente Perú que se ha transformado en toda una incógnita después de la llegada del izquierdista Pedro Castillo a la Presidencia y su probable incorporación al club del populismo latinoamericano.

El presidente mexicano Manuel López Obrador conoce esos problemas y sus profundidades. Sabe que la democracia está bajo acecho en buena parte de la región. Pero también intuye que es la oportunidad para que la corriente “progresista” del continente se haga cargo de las cosas, pensando en que la nueva correlación de fuerzas puede consolidarse con en el retorno de Lula da Silva en el Brasil y el achicamiento del conservadurismo en países como Colombia y Chile.

Lanzó la idea de que la OEA, creada hace 73 años y con un incordio en la Secretaría General, sea sustituida por un mecanismo de integración similar a la Unión Europea en el que el populismo de izquierda pueda expandirse, el debate se concentre en cómo sería y cómo debería funcionar la unión de naciones americanas y, claro, los actuales y graves problemas de democracia en nuestros países pasen a un segundo plano.

El primero en apoyar la propuesta ha sido el presidente boliviano Luis Arce que hace poco denunció la participación de la “derecha del continente” en el supuesto “golpe de Estado”, mientras su administración acusó a gobiernos actuales y anteriores de por lo menos seis países de la región. La propuesta de López Obrador y el apoyo de Arce dan la pauta de que el nuevo objetivo del populismo de izquierda podría ser la acumulación de poder, esta vez a escala continental.


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