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La democracia en la encrucijada, por Pablo Mendieta

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Hace 100 años nació un grande de la economía: Kenneth Arrow. Murió en 2017, después de una carrera prestigiosa como economista, coronada con el tercer premio Nobel de economía en 1972.

Una de sus contribuciones es el “teorema de imposibilidad de Arrow”. Indica en sencillo que cuando existen más de tres alternativas de votación, no se puede tener algo así como una preferencia social que sea representativa de las preferencias individuales.

Debemos, por tanto, a Arrow y luego a muchos otros economistas el interés de esta ciencia sobre las decisiones conjuntas a través del sistema político. Los economistas hemos estudiado las repercusiones políticas y económicas de las decisiones colectivas.

Recientemente destacan las investigaciones de los académicos James Robinson (Universidad de Chicago) y de Daron Acemoglu (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Una reciente de 2017 señala que la democracia implica mayor ingreso por habitante equivalente al 20%. Esto se da porque la democracia promueve la inversión, aumenta la escolaridad, inducen a las reformas económicas y disminuyen los conflictos sociales.

Entonces si la democracia es tan efectiva, la pregunta es por qué el apoyo a este régimen es tan bajo en varios países del mundo. De hecho, al menos un tercio de la población mundial y boliviana no está de acuerdo con este régimen como una alternativa de decisión política según la Encuesta Mundial de Valores.

Peor aún, es reconocido que actualmente en casi todos los países las posiciones se han polarizado, la desinformación ha aumentado exponencialmente y los conflictos sociales han aumentado: la democracia en crisis

Los citados Acemoglu y Robinson tienen un libro escrito en 2006 titulado “Los orígenes económicos de las dictaduras y de la democracia”.

En dicho texto señalan que existen al menos cuatro grandes vías de los sistemas políticos:

  1. De la ausencia a una democracia fuerte como lo sería Gran Bretaña;
  2. De la falta de democracia a una que es inestable similar a la experiencia argentina;
  3. Una dictadura con buenas condiciones económicas como Singapur; y,
  4. Una dictadura con desalentadores resultados económicos como Sudáfrica, a lo cual yo agrego el caso de Venezuela.

Señalan que estos desarrollos dependerán de la resolución de conflictos entre las élites y los ciudadanos. Las primeras detentan el poder político y las segundas son las que siguen las reglas establecidas por las élites. En algunos casos, no en todos, las élites políticas son también los grupos de poder económicos.

De esa forma, una interrogante es cómo hacemos que la igualdad política que brinda la democracia pueda plasmarse en mejores condiciones para la mayor parte de sus habitantes.

El enfoque que utilizamos el economista es, la mayor parte de las veces, el de la elección racional. Eso no significa que sea la mejor opción, sino la más preferida por quienes participan en el sistema político. Paradojalmente, el deseo de permanecer en el poder de los gobernantes es totalmente racional en el sentido de preferencias, aunque no sea o ética o legítima.

Planteo estos puntos generales porque percibo que la confianza en la democracia ha disminuido en estos años en el país. La política, como lo dicen dichos autores (famosos por el éxito de ventas “Porque fracasan las naciones”) es un medio de resolución de conflictos.

La democracia como tal no ha permitido solucionar los conflictos en el país y seguimos anclados en una legítima, pero costosa división por el deseo (desafortunadamente racional) de usufructuar y mantenerse en el poder de nuestros gobernantes en, al menos, los últimos 20 años.

A Adam Smith se le atribuye la creación de la ciencia económica. Uno de sus postulados más conocidos es el de la “mano invisible”, que en sencillo dice que si todos buscan su interés (de forma egoísta, pero no maliciosa) se produce un resultado mejor para la sociedad.

La evolución reciente de los hechos en el país me hace pensar que, al menos en el ámbito político, tenemos “la mano invisible en reversa”: la búsqueda de los intereses particulares ha resultado en el peor desenlace para el país, golpeado además por la pandemia.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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