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Los socialistas y la pobreza , por Maria Victoria Rosales

Maria Victoria Rosales Pelleschi

Abogada, Magíster en Análisis Económico del derecho, especialista en global compliance, smart cities y comercio electrónico.

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Los indicadores que reflejan la pobreza a nivel mundial son muy controvertidos. Sin embargo, el Banco Mundial ha determinado una línea de pobreza de 1,9 Dólares americanos por día para cada persona. Es decir, se determina que una persona es pobre si no cuenta con esa cantidad de dinero diariamente para satisfacer sus necesidades básicas.  Bajo esos parámetros internacionales, cada país construye internamente cuáles son las líneas de pobreza media o extrema. 

Para el 2020, de acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE)1 1,6 millones de bolivianos vivía en la pobreza extrema. En el área urbana alrededor de medio millón de personas y en área rural un poco más de un millón. Es decir, existen bolivianos incluso dentro del área urbana, que no satisfacen sus necesidades mínimas ni siquiera de alimentación. 

¿Se pueden imaginar eso? La pobreza no es un plato que se come solo, sino que trae consigo a la desnutrición infantil, el aumento de la inseguridad, el aumento del uso de sustancias controladas, etc. Problema tras problema.  Y es que ¿cómo podemos hablar de educación, superación, mejoramiento de oportunidades y demás cuando no tenemos resueltas 3 comidas diarias para todos los habitantes del país? Ya Abraham Maslow2 lo decía cuando hablaba de la pirámide de las necesidades de la persona. Pasa lo mismo en su vida “económica”. Nadie pensaría en ahorrar su sueldo mínimo para comprarse un Ferrari en 15 años si es que sus hijos no tienen con qué alimentarse. Es así, primero satisfago necesidades mínimas como alimentación, higiene, estudios, etc. y luego voy “subiendo” en mis intereses (hasta llegar al deseado Ferrari). Es una situación difícil. 

Los gobiernos socialistas se llenan la boca diciendo que abogan por los pobres, por los menos favorecidos y juramentan una serie de cambios sociales como bonos, prohibición de despidos, control de precios, subsidios y demás con el “objetivo” de revertir esta situación. Una vil mentira. A los gobiernos socialistas no les importan los ciudadanos ni sus necesidades. Ellos solo buscan su propio bienestar y la perpetuación de sus ideas en el poder. Recordemos por un momento la cantidad de veces que hemos escuchado la frase: “No regales limones, enseña a hacer limonada”. Aunque cliché, muy cierta. Estos tipos de gobiernos nos tiran limones en la cara y nos hacen creer que debemos estar agradecidos porque, aunque podridos o en mal estado ¡nos han dado limones! Nos regalan migajas y nos hacen agradecerles. 

Vámonos a las cifras, de acuerdo a la última encuesta de Condiciones de Vida de los Venezolanos (un país que vive hace más de 15 años con un régimen socialista) un 80%  de los venezolanos roza la pobreza extrema3. Mientras que por otro lado, un 21% de las familias cubanas viven con menos de 20 dólares mensuales4. Si es que las familias cubanas tienen un promedio de 1 hijo, estamos hablando de 6,6 dólares mensuales por persona, lo que significa 0,22 dólares por día por persona. Mucho menos que el 1,9 que mencionaba el Banco Mundial ¿verdad?  Así lo dijo Luis Pazos en su artículo de “El Financiero”5:“No vemos hasta ahora un ejemplo en el mundo de éxito del socialismo como reductor de la pobreza.”

Esto es parte de un plan maquiavélico. No les interesa que esos 1,6 de millones de bolivianos salga de la pobreza extrema, les importa tener a esa cantidad de personas “agradecidas” por las dádivas entregadas por el gobierno. Son 1,6 millones de votos seguros. Los hacen esclavos y totalmente dependientes del control estatal. 

En vez de establecer planes conjuntos de trabajo con el sector privado, atacan vilmente a los únicos que pueden revertir esta situación. Si es que el sector privado se ve incentivado, se disminuyen impuestos, se mejoran las condiciones para la exportación e importación, se disminuyen las barreras para constituir empresas, etc, el privado se verá motivado a ampliar su restaurant, a abrir sucursales en otros departamentos, a invertir y apostar por su país. Como consecuencia sucede algo interesante (aunque no sorprendente): se incentivan las contrataciones y se disminuye el desempleo. El empleo trae a su vez el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de una nación. Aumenta el nivel de contratación, aumenta el empleo y disminuye la pobreza como consecuencia lógica. 

Voilá: el único antídoto contra la pobreza es el libre mercado. No queremos limones podridos, ni que se nos intente enseñar dónde conseguirlos o se nos instruya cómo sembrarlos, cosecharlos ni que por último nos obliguen a hacer un pie con su propia receta. No olvidemos que mientras más grande es el control estatal, más pequeños nuestros derechos y libertades frente a ellos. Y no olvidemos nunca que el estado no crea empleo ni reduce la pobreza, ese es un poder que nos corresponde a todos los bolivianos a través del libre ejercicio de nuestros derechos. 


1 Instituto Nacional de Estadística https://www.ine.gob.bo/index.php/estadisticas-economicas/encuestas-de-hogares/

2 Mc Graw Hill- https://www.mheducation.es/blog/la-piramide-de-maslow

3 El País 08 de julio de 2020 https://elpais.com/internacional/2020-07-08/la-pobreza-extrema-roza-el-80-en-venezuela.html

4 Diario de Cuba, 28 de octubre de 2020: https://diariodecuba.com/derechos-humanos/1603909094_26027.html

5 Luis Pazos, 02 de enero de 2020, El Financiero: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/luis-pazos/donde-redujo-pobreza-el-socialismo/

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Maria Victoria Rosales Pelleschi

Abogada, Magíster en Análisis Económico del derecho, especialista en global compliance, smart cities y comercio electrónico.

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