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Moisés Naím: «El recurso más escaso es la legitimidad»

Naím es analista de tendencias políticas y económicas globales, con un foco especial en Latinoamérica. Fue entrevistado durante su participación en la sesión regional de las Américas de la Cumbre Mundial de la Alianza Open Government 2021, en Corea.

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Los signos vitales de la democracia en la región luego de la pandemia

La pandemia creó nuevos problemas importantísimos, pero también reveló viejos problemas preexistentes: desigualdad, precariedad económica, corrupción, antipolítica. Todo eso existía, y la pandemia comunicó con mayor claridad la profundidad y la dificultad que implican estos problemas. Lo desiguales y malos que son los sistemas de salud. Son inadecuados para atender una pandemia en la que la mayoría de la población no tuvo acceso a los sistemas de salud de los gobiernos porque no había implementos necesarios y vacunas.

En segundo lugar una sorpresa: ideas, instituciones, formas de pensar y de actuar que parecían permanentes han demostrado ser transitorias, y cosas que creíamos que eran transitorias parecen ser permanentes. El trabajo remoto, por ejemplo, que creíamos que era transitorio y resulta ser que está aquí para quedarse. Las políticas y los sistemas están ajustándose a esta nueva realidad.

Y otros temas que pensábamos intocables, inamovibles, permanentes han demostrado su fragilidad. ¿Quién hubiera pensado que la democracia de Estados Unidos pudiera ser cuestionada? Hay temores profundos acerca de su viabilidad en el futuro. Está bajo ataque. Y esto es algo normal porque la normalidad en estos tiempos implica ataques a la democracia, que muchas veces salen de adentro. Jefes de Estado popular y democráticamente elegidos que al llegar al gobierno empiezan a socavar y a debilitar, o a eliminar, los pesos y contrapesos que toda democracia necesita para impedir la concentración de la política y el poder.

Activación ciudadana con un aprendizaje acelerado de las tecnologías

Hablé de las condiciones preexistentes de la pandemia. Una de ellas era que las calles de América Latina estaban ardiendo, se convirtieron en el lugar de la participación. El descrédito de los partidos políticos hacía que el canal de comunicación normal fuera tomar una plaza, bloquear una calle, incendiar las estaciones del metro como ocurrió en Chile. Las calles incendiadas y un pueblo harto de los políticos, de la política, de la corrupción, de la ineficiencia, de la impunidad toma las calles.

Es muy interesante notar que con la llegada de la pandemia se atenuaron un poco las protestas callejeras, pero también se cambió el tema. No es que desapareció el descontento ni las condiciones que llevan a la actividad de calle. En cambio, se combinaron nuevos temas con los temas perennes. Ejemplos son los malos servicios públicos, los poco confiables que son los gobiernos, la ineficiencia, la corrupción y, sobre todo, la desigualdad.

Soluciones desde la función pública a estos problemas

Creo que es indispensable tener una relación fluida entre los funcionarios públicos decentes, trabajadores, modernos, y los medios de comunicación y periodistas que compartan esos valores. Ya no ocurren los golpes de Estado de antaño. Ahora, en vez de soldados tenemos a contadores y auditores que entran a las empresas, especialmente a los medios de comunicación, y los castigan con penalidades financieras.

Lo que estamos viendo en el mundo es el ataque a democracia a través del ataque a los pesos y contrapesos —en los Estados Unidos se llaman check and balances— que tratan de regular y garantizar que la democracia no lleve a una autocracia donde hay un jefe de Estado y un régimen que impone su punto de vista por encima de la participación democrática.

Estamos viendo en estos tiempos gobiernos de tendencia claramente autoritaria que montan una escenografía democrática que incluye elecciones. Uno se pregunta por qué Daniel Ortega pasa por el fastidio de hacer elecciones. ¿Por qué Nicolás Maduro, Putin, Lukashenko se toman el trabajo de montar elecciones que todo el mundo sabe que son falsas? Porque necesitan aunque sea un resabio de legitimidad, el recurso más escaso en el mundo político de hoy. Esto se conecta con mi frase anterior de que necesitamos que los funcionarios públicos modernos estén bien comunicados con los periodistas y los activistas que están denunciando estas tomas furtivas, clandestinas, opacas, a través de las cuales estos gobiernos se disfrazan de vocación democrática.

Caída de legitimidad de las democracias en toda la región

El desempeño es insuficiente. La paciencia y la tolerancia de los ciudadanos ante esas ineficiencias y corruptelas hace que se estén buscando otros caminos para expresar su disconformidad y exigir sus derechos. En ese sentido, es muy importante tener en mente y en la conversación la polarización. Siempre ha existido pero que ahora estamos viendo de manera muy tóxica. Y además se ha globalizado. Son raras las democracias donde no hay una polarización paralizante. La polarización es como el colesterol: hay uno bueno y uno malo. La polarización buena es cuando organizaciones y políticos rivalizan con quienes tienen otras ideas. Después, gracias a las elecciones limpias, transparentes y justas, una de esas visiones prevalece y gobierna teniendo la otra como oposición. Eso se llama democracia.

Pero hay otra polarización mala que paraliza, impide que el gobierno funcione, porque se tranca el juego. Lo hemos visto en Estados Unidos y en Europa, donde la polarización simplemente sirve para exacerbar ánimos, para aumentar las grietas que ya existen en la sociedad. Otra característica de la polarización mala es que no le concede al rival el derecho de existir. El rival no es un compatriota que tiene ideas distintas. Es simplemente un agente político que no merece existir. Esas ideas hay que combatirlas con búsqueda de acuerdos, de visiones compartidas. Se trata estar con ideas, personas y situaciones que no son de la simpatía propia que son necesarias para que se tomen decisiones. Allí los funcionarios públicos fundamentales.

Desigualdad tecnológica

La definición de poder sigue siendo la misma; han cambiado las fuentes del poder. En el siglo XXI el poder se ha hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder. Eso ocurre el sector público y en la política. También ocurre en los medios de comunicación social, en los sindicatos, en las Iglesias, en las redes criminales, donde hay actividad humana.

Eso no quiere decir que no haya excepciones: Putin lleva muchísimo tiempo en el poder; Maduro y el chavismo en Venezuela tienen 21 años. Hay todavía lugares y espacios de concentración de poder y de permanencia, pero también hay muchísima volatilidad. El poder se está debilitando, pero simultáneamente se está concentrando. Yo escribí un libro, El fin del poder, que analiza las fuerzas centrífugas que fragmentan el poder y lo hacen más difícil de usar y más fácil de perder. Lo que estamos viendo es la interacción entre las fuerzas centrífugas de dispersión, que chocan contra fuerzas centrípetas que concentran el poder. Esa interacción explica el mundo de hoy. Y en el mero centro de esa batalla están los funcionarios públicos que tienen que hacer su trabajo en este contexto.

Los líderes de Latinoamérica y su dificultad de diálogo

En la lista de las promesas incumplidas de Internet está la discapacidad del mundo para actuar coordinadamente. Se nos había dicho que Internet ayudaría a integrar a los países, las culturas en los diferentes ámbitos del planeta. Que nos iba a integrar y a aumentar la capacidad colectiva de actuar multilateralmente, y eso no ha pasado.

Con la globalización han aumentado los problemas que no pueden ser solucionados actuando a solas. La necesidad de actuar multilateralmente ha aumentado porque aumentaron los problemas multilaterales que necesitan que el planeta responda como un todo. Estoy pensando en el cambio climático. También hay una larga lista de otros temas: las migraciones, los Estados fallidos, la inteligencia artificial y sus consecuencias, la genética. En fin, hay una gran cantidad de temas que van a requerir la coordinación eficaz de diferentes gobiernos. Mientras más aumenta la globalización, también aumenta esta dificultad.

Esto lo he llamado el déficit más peligroso del mundo: el déficit entre la necesidad del gobierno de actuar en conjunto y su poca capacidad para hacerlo. Simplemente extrapola al nivel regional lo que acabo de decir, y lo vas encontrar amplificado.

Perspectivas

Este es un continente profundamente dividido, pero es posible que dentro de dos años peguemos un continente más unido. Si en Colombia gana el señor Petro, si Lula vuelve al poder en Brasil, si el señor Castillo sigue en el poder en Perú, si en Chile hay un gobierno de izquierda y Fernández y Kirchner siguen en Argentina, si Andrés Manuel López Obrador o sucesores siguen en México habrá una cantidad de gobiernos que comparten ideas y que pueden actuar en conjunto.

La mala noticia es que son malas ideas y entonces ahí vamos a tener que pagar las consecuencias de lo que he llamado la necrofilia política: ese amor apasionado por las malas ideas. América Latina va a sufrir una pandemia de malas ideas en el poder.

La versión original en video de la entrevista puede consultarse aquí.

*Este artículo fue publicado originalmente en dialogopolitico.org el 16 de diciembre de 2021.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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