Internacional

Mirada Sur XXVIII: Crisis política, violencia, límites y refugiados

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1. Ambiente caótico en gobierno peruano

A esta altura, deberíamos mudar la sede de Mirada Sur a Lima, ya que las noticias provenientes de la capital peruana, vienen monopolizando los arranques de esta newsletter desde hace semanas. Es que el clima de caos e incertidumbre que genera el nuevo gobierno de Pedro Castillo, es una usina de generar titulares y preocupación. Algo que parece ser compartido por las agencias crediticias, ya que esta semana la calificadora Moody´s rebajó el grado del país andino, de A3 a Baa1. Pero además de eso, ha habido problemas políticos que consolidan la sensación de desgobierno en aquel país.

A principios de semana, se supo que el flamante ministro de Trabajo Iber Maraví, tenía acusaciones de haber sido cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso. Han surgido varios ex integrantes de ese grupo que han señalado a Marabí como dirigente activo de Sendero, lo cual motivó rumores de una inminente renuncia o reclamo a nivel legislativo. En las últimas horas también el ministro de Defensa, Walter Ayala, ha sido blanco de críticas al resurgir información de que tendría antecedentes por “inconducta funcional”.

Monje gris. Pero no solo las figuras formalmente más visibles del nuevo gobierno están bajo la lupa de la opinión pública. Ayer mismo, el diario El Comercio de Lima informaba que la fiscalía anticorrupción se aprestaba a solicitar una condena de 16 años de cárcel contra Vladimir Cerrón, líder del partido del presidente Castillo, por el presunto delito de colusión agravada. Cerrón es considerado como el ideólogo detrás del gobierno de Castillo, pero justamente no ha podido aspirar a ningún cargo formal, por contar con cuestionamientos judiciales de sus tiempos como gobernador regional de Junín.

Qué puede pasar. Esta es la gran pregunta que se hacen los analistas internacionales, y buena parte de los peruanos, ante un nuevo gobierno que ha asumido con todo el viento e contra imaginable. Un gabinete cuestionado y bajo ataque político y judicial, una economía que muestras signos claros de pánico, con alzas del dólar, caídas en las bolsas, y ahora en la calificación crediticia. Encuestas que muestran una desaprobación de más del 45% del electorado, y un Congreso directamente hostil, que guarda en su manga el arma de la vacancia, que ya ha mostrado no tiene timidez en usar contra varios presidentes anteriores. Un panorama muy complejo, que puede agravarse aún más en los próximos días, si no hay una reacción contundente del propio mandatario.

2. Pánico y balas en pequeña ciudad de Brasil

Los tiros de ametralladora marcaron la medianoche del sábado, hora en que la ciudad de Araçatuba, a unos 500 kilómetros San Pablo, se vio sacudida por un asalto de características cinematográficas. Más de veinte hombres armados, separados en no menos de 10 vehículos, irrumpieron a balazos en tres agencias bancarias del centro de la ciudad, atacaron bases y patrullas de la Policía Militar y capturaron rehenes para usar como escudos humanos. Además, plantaron bombas de factura casera en al menos 20 puntos estratégicos de la ciudad para generar miedo y caos. Una de ellas explotó en el momento en que un ciclista pasó cerca, ocasionándole graves heridas que acabaron con la amputación de sus dos pies. La conmoción fue tal que al día siguiente muchos comercios no abrieron sus puertas y las clases en las escuelas fueron suspendidas.

Fuego cruzado. De acuerdo a los datos primarios aportados por la Policía Militar, 4 personas murieron durante las 2 horas que duró el ataque y cerca de 10 resultaron heridas. Uno de los fallecidos, un empresario de 38 años, recibió un impacto de bala en la cabeza mientras filmaba un tiroteo desde su auto, estacionado en una avenida céntrica. También una vecina recibió un tiro mortal al quedar en el medio del fuego cruzado entre policías y delincuentes. De los otros dos casos sólo se dijo que uno de los muertos podría pertenecer a la pandilla de asaltantes. Imágenes que mostraban a los bandidos huyendo con rehenes atados al techo de los autos, recorrieron el mundo y causaron estupor.

Trasfondo. A principios de la década del 2000, el aumento del poder adquisitivo en Brasil llevó a la creación de sucursales bancarias en muchas ciudades menores del interior del país. Esta realidad, sumada a la poca infraestructura policial de esas localidades pequeñas, las hizo blancos fáciles para las bandas de delincuentes. Así surgió lo que la policía nordestina denominó el “Nuevo Cangaço”, término que refiere a los bandoleros (cangaceiros) que durante las primeras décadas del siglo XX llegaron a controlar grandes territorios en la zona conocida como el Sertón, asaltando haciendas y pueblos pequeños.

Hasta los dientes. Los asaltos como el de Araçatuba utilizan un modus operandi similar al de los cangaceiros. La táctica es aprovechar la escasa competencia de la policía y enfrentarla abiertamente con un ataque sorpresivo, multitudinario y bien organizado que sobrepase su capacidad de respuesta. Los delincuentes trabajan en equipo, generalmente en horas de la madrugada, y se reparten las tareas. Un grupo se dirige a las bases de las fuerzas de seguridad, como cuarteles o comisarías, y las asedian. Otro grupo se dirigen a las zonas donde se concentran las agencias bancarias y las asaltan. Mientras que tercero se encarga de los explosivos con los que siembran miedo y desconcierto entre la población y las autoridades. Los “nuevos cangaceiros” van armados hasta los dientes con pistolas automáticas y fusiles capaces de derribar un helicóptero. La mayoría las obtienen del Primeiro Comando de la Capital (PCC), una de las facciones delictivas más poderosas del país.

Por qué importa. Lo asaltos como el que ocurrió en Aracatuba se están tornando comunes en Brasil. Cada vez son más sofisticados en su planeamiento y violentos en sus acciones. Comenzaron a expandirse hace cinco años en las ricas regiones del sur y sudeste del país y dejan planteado el problema de que un Estado como Brasil pueda ser superado en fuerza por la delincuencia interna. Pero además, ya se ha registrado la presencia de mega grupos grupos criminales como el PCC en países limítrofes como Paraguay y Uruguay, con lo cual estas acciones podrían eventualmente “exportarse” a la región.

3. Se reaviva disputa entre Argentina y Chile

Chile y Argentina son dos países que atraviesan serias crisis políticas, como tendrá claro cualquier seguidor leal de Mirada Sur. Son crisis bien diferentes pero que, al menos por unos días, pasaron a segundo plano por un tema que aviva viejos recuerdos amargos: un choque por los límites fronterizos en el helado sur del continente. Todo comenzó el viernes pasado, cuando el gobierno chileno, de acuerdo a una nueva postura de la ONU, publicó un decreto anunciando la ampliación de su area de jurisdicción marítima, estableciendo los límites de la plataforma continental de Chile en el mar Austral, desde punta Puga a islas Diego Ramírez, en la Región de Magallanes. Esto ampliaría la superficie soberana del país en unos 30 mil kilómetros cuadrados. Pero hay un problema: Argentina sostiene que unos 5 mil kilómetros cuadrados de ese territorio, le pertenecen.

Polémica. En los hechos Argentina, al igual que otros países de la región, ya había iniciado ante la ONU un proceso de reconocimiento de la ampliación de su zona de influencia hace años, y había incluido allí parte de ese territorio que ahora Chile aspira a que se le declare como propio. Y afirma que sus vecinos nunca presentaron reclamo al respecto. Chile ha contradicho esta afirmación, señalando que sí envió una misiva manifestando reparos. Más allá de esta discrepancia técnica, el tema es relevante porque esa zona implica en los hechos lo que ha dado en llamarse “la puerta de entrada a la Antártida”, y se especula que pueda albergar millonarias riquezas naturales.

Mal recuerdo. La noticia de este diferendo, y algunos comentarios un tanto salidos de tono del canciller argentino Felipe Solá, trajeron a la memoria de varios analistas el conflicto que en el año 1978 tuvo a Chile y Argentina al borde una guerra, justamente por diferencias en la demarcación de los límites en la zona sur de ambos países. Un conflicto que hoy casi ha pasado al olvido, pero que en aquel momento fue tan real, que solo se evitó el inicio bélico por demoras causadas por el mal clima, y una fulgurante mediación del Papa Juan Pablo II.

El trasfondo. Si bien el tratado de Paz y Amistad de 1984 entre ambos países, debería brindar un marco para resolver de manera amistosa esta controversia, hay aspectos que generan preocupación entre los analistas. El primero, la relativa debilidad política tanto de Sebastián Piñera en Chile, como de Alberto Fernández en Argentina, ambos en medio de procesos electorales que no los muestran con buenas perspectivas. Por otro, que ambos líderes están rodeados por figuras que cultivan un profundo nacionalismo, y que pueden tener la tentación de apelar a los sentimientos patrióticos, para mejorar su posición ante la opinión pública. Si bien un conflicto como el del 78 parece inimaginable hoy en día, y a que el tema no terminó impactando en forma masiva en el debate político en ninguno de los dos países, las próximas semanas serán clave para dilucidar si se trata de un fuego de artificio, o del inicio de algo más serio.

4. El desafío más complejo para Lasso

En medio de una crisis sanitaria que ha golpeado con fuerza al país y con los números de la economía en rojo, el Presidente Guillermo Lasso se ve ante uno de los mayores desafíos de su gestión. Se trata del narcotráfico que utiliza a Ecuador como ruta de salida rumbo a Europa y los Estados Unidos y que viene generando un preocupante aumento de la violencia. Tanto es así que las cifras de asesinatos vinculadas a la droga se han multiplicado en el último año.

Para enfrentar el problema, el gobierno ha comenzado por fortalecer a la Policía y a las Fuerzas Armadas, aumentando el personal y dándole al ya existente mayor capacitación y mejor entrenamiento. Además, se incrementará el nivel técnico y científico de los individuos y se mejorará el equipamiento. Lasso también ha dado la orden de aumentar los controles en las fronteras, puesto que ambos vecinos, Perú y Colombia, son dos grandes productores de cocaína. También se ha incrementado la cantidad de buques de la Armada patrullando las costas, sobre todo en la provincia de Manabí, donde operan varios grupos mexicanos como los carteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa. En dicha provincia, más precisamente en el cerro de Montecristi, de donde son originarios los célebres sombreros Panamá, se está instalando un poderoso radar para detectar vuelos ilegales de narcoavionetas, que ingresan a la región con drogas o bien con dólares que serán usados para financiar la logística de las operaciones de tráfico. Con la instalación del radar surge el temor de que las mafias trasladen las rutas aéreas al mar, por lo cual las Fuerzas Armadas aseguraron que preparan un plan para fortalecer la seguridad en el océano.

Trasfondo. 500 toneladas de cocaína salen cada año de Ecuador con destino al primer mundo y unas 100 se quedan en el país para el consumo interno. Semejante volumen representa muchísimo dinero. Casi la mitad del PIB de Uruguay, por poner un ejemplo. Y más del doble de la deuda externa de Bolivia. El viernes 13 de agosto el gobierno decomisó 9,5 toneladas de la droga, valorados en 450 millones de dólares, pero que al llegar a destino, en Europa por ejemplo, su precio se multiplica por 3, 4 y hasta 10 veces. Tamaño mercado conlleva a una lucha sin cuartel por su control y quizá explique las 336 muertes violentas registradas hasta el 30 de agosto, relacionadas con el tráfico y consumo de drogas, cifra que a 4 meses del final de año ya duplicó la de 2020.

Por qué importa. Ecuador es una de las naciones de América del Sur con mejor percepción internacional en este momento. Inversores del mundo entero están poniendo el ojo en el país a causa de los auspiciosos índices de seguridad que presenta. De hecho, como se comentó en una pasada edición de Mirada Sur, los bonos de gobierno de Ecuador tuvieron una suba de 28%, más que cualquier otro país del mundo, demostrando la confianza que ha generado en los inversores, entre otras cosas, la victoria electoral de Lasso. Dentro de ese contexto, el país deberá hacer todo lo que esté a su alcance para evitar que problemas como el del narcotráfico echen para atrás esa buena imagen del país que se viene gestado.

5. ¿Refugiados afganos en América Latina?

Mientras el mundo sigue mirando azorado el regreso del Talibán al poder en Afganistán, y las filas eternas de gente intentando desesperadamente huir del país, el gran debate es qué países recibirán a todos estos refugiados. Y ya se empieza a hablar de que al menos un porcentaje menor, podría ser recibidos por países de América Latina. Se sabe que al menos México, Chile y Costa Rica han anunciado planes para darle acogida a una cantidad determinada de afganos, y otros países como Uruguay, están en tratativas diplomáticas en esa línea.

Sin embargo, la recepción de números significativos de refugiados de un contexto cultural y religioso tan diferente, no suele ser fácil de implementar, ni de gestionar con las opiniones públicas locales, que en muchos casos se muestran temerosas ante esta posibilidad, incluso por motivos de seguridad.

Antecedentes. El precedente más cercano en el tiempo de un proceso como el que se vive hoy con los afganos, ocurrió cuando estalló la guerra civil en Siria, que también generó olas masivas de personas huyendo de su país. En aquel entonces, fueron varios los países que recibieron refugiados de esa procedencia. Según informó en su momento la ACNUR, América Latina acogió a unos 5.000 refugiados sirios. El país que más ha recibido es Brasil con 2.300. Otros como Chile, Argentina, Uruguay recibieron números menores. Si bien no hay datos concretos, se estima que Ecuador y Colombia podrían haber recibido también a un número de refugiados en aquel momento, ya que tienen comunidades locales de ese origen que habrían facilitado el proceso.

Dificultades. Pero más allá de las buenas intenciones la adaptación de refugiados de contextos tan diferentes en América Latina, ha demostrado ser más complicada de lo esperado. Es particular el caso de Uruguay, que bajo el gobierno de José Mujica hizo gestos de apertura que generaron muchos titulares, pero dejaron resultados magros. Si bien se había planificado la llegada de algunos cientos de sirios en aquel momento, solo se concretó la llegada de un primer grupo de cinco familias, debido a los problemas que el proceso generó. Al poco tiempo hubo protestas de los refugiados por el escaso apoyo económico y las dificultades laborales, que llevó incluso a que acamparan frente al edificio de Presidencia, y a que algunos decidieran volverse a Siria. También hubo denuncias de violencia intrafamiliar, y problemas para que las integrantes femeninas de esas familias pudieran integrarse al sistema educativo.

Realidad. Por encima de gestos y polémicas, la realidad es que hoy la cantidad de refugiados afganos que podrían recalar en América Latina, es mínima, sobre todo, comparado con lo que están recibiendo otros países más cercanos. Se estima que sólo Pakistán recibirá más de un millón y medio de afganos, Irán, casi 800 mil, Alemania casi 200 mil, y Turquía un número similar. Números altos, pero que cuando se analiza el contexto de un país como Afganistán, con casi 40 millones de habitantes, el temor principal es qué puede pasar si se confirman los peores temores respecto al nivel de fanatismo y violencia que podría aplicar el nuevo gobierno de los extremistas islámicos.

Nota publicada originalmente en Mirada Sur

Martín Aguirre, Director El País, Uruguay, y Advisory Council member, Center for Latin America
Rodrigo Caballero, editor


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